González Vega: «La justicia es un motor de la economía y está a medio gas. Después va a haber una sobrecarga»

El portavoz de Juezas y Jueces para la Democracia defiende las limitaciones de derechos derivadas del estado de alarma como «necesarias y proporcionadas», pero subraya un aumento de la violencia hacia las mujeres y los niños

Ignacio González Vega, portavoz de Juezas y Jueces para la Democracia
Ignacio González Vega, portavoz de Juezas y Jueces para la Democracia

Para ser justos con la situación que vivimos «hay que tratar de mantener la tranquilidad», afirma el portavoz de Juezas y Jueces para la Democracia. ¿Se verá resentida nuestra democracia tras la crisis del coronavirus? «Espero que no. El estado de alarma es algo que está previsto en el ordenamiento constitucional para afrontar estos casos. Es verdad que es una legislación elaborada en el año 81 y probablemente ha quedado obsoleta. Cuando pase esta pandemia, será momento de actualizar algunos preceptos, pero en general creo que está funcionando adecuadamente el Estado de derecho, en una situación como es la de hoy, excepcional», señala Ignacio González Vega.

-¿En qué ha afectado esta crisis a la Justicia en España?

-La Justicia en España básicamente está paralizada, salvo las actuaciones urgentes, que son las que se recogen en la disposición adicional segunda del decreto por el cual se declara el estado de alarma. La Justicia está a medio gas.

-¿No se celebran juicios telemáticos?

-Más que juicios telemáticos, se toma declaración a detenidos. Puede haber algún juicio telemático con causas con preso, tal como se recoge, insisto, en la declaración del estado de alarma. 

-¿Qué situación genera, qué peligros, este parón judicial?

-Aparte de agravar el colapso de la Justicia, puede ser un impulso para los incumplidores de todo tipo de normas, tanto de contratos como de normas jurídicas. La delincuencia, la conflictividad criminal, durante este tiempo ha bajado ligeramente, pero en cambio los juzgados de lo social y lo mercantil están a tope.

-¿Habría un estado más adecuado a la situación que el de alarma?

-Mientras haya que adoptar medidas de confinamiento y limitar los movimientos de las personas, esto afecta a algún derecho fundamental, como el que recoge el artículo 19 de la Constitución. Y por tanto la única manera en la que se puede realizar es a través de un derecho de excepción de un estado de alarma.

-Vemos recortados derechos y libertades elementales...

-Pero es una limitación que está justificada por la protección, por la preponderancia de la salud pública, la vida y la integridad de las personas. Es decir, mientras no se demuestre que hay otras alternativas que favorezcan la circulación de las personas para tratar de frenar el virus, tendrán que limitarse estos derechos fundamentales. Pero es una limitación necesaria y proporcionada.

-¿Cuándo debería preocuparnos la limitación desde el Estado o el Gobierno si vemos que se extiende más allá de atender a una necesidad sanitaria vital?

-Pero es que el estado de alarma es un derecho de excepción, o un estado de crisis constitucional, motivado por causas naturales o de índole política. Están previstos en la Constitución y hay controles del poder. En este caso, el Gobierno cada quince días debe solicitar una prórroga de dicho estado, y hay un control por el Tribunal Constitucional. Este derecho de excepción no queda fuera del control jurídico, no es un espacio inmune dentro del Estado de derecho.

-Preocupa el aumento de la violencia de género, ¿ha bajado la delincuencia en la calle para aumentar en casa? ¿Es este un territorio vulnerable en este momento?

-Sí, en este confinamiento ha habido un aumento de la violencia de género y de la violencia hacia los niños. En espacios reducidos se genera más tensión, más conflicto y esto desemboca en casos de violencia doméstica o de género, que es necesario atajar. En las previsiones del decreto del estado de alarma está el funcionamiento de los juzgados de violencia de género. 

-Pasado este período, ¿cuál es su previsión a medio y largo plazo, avanzaremos o retrocederemos en libertades, ¿y en la lucha contra la violencia doméstica?, ¿veremos más infracciones y delitos económicos?

-Lo que se prevé es un incremento en la jurisdicción social con motivo de los ERTE y ERE y en la jurisdicción mercantil por el cierre de empresas. Serán las jurisdicciones más afectadas, pero todas van a estar afectadas por la sobrecarga. La Justicia es uno de los motores de la economía, es necesaria una seguridad jurídica para las empresas, y esto requiere unos tiempos razonables, que no se duerman los expedientes en el sueño de los justos y haya, por tanto, una falta de seguridad jurídica ante los incumplimientos de normas y contratos. Son necesarias unas exigencias dentro del Banco Mundial, de la Unión Europea, para la Justicia sea eficaz.

-¿Cómo valora las reclamaciones de los presos políticos, su excarcelación por «causas humanitarias»?

-No son presos políticos, serán políticos presos. Hay una petición de excarcelación, pero habría que analizar caso por caso si concurren esas «causas humanitarias» que señalan. Los centros penitenciarios en España reúnen unas condiciones óptimas en general e incluso pueden tener una mejor asistencia sanitaria que en algunas localidades españolas donde había colapso de las ucis.

-¿Lo ve como una forma de oportunismo político?

-Eso no lo voy a calificar yo. Habría que analizarlo caso por caso y aplicar la ley.

-¿Qué echan hoy en falta Juezas y Jueces para la democracia?

-Tener unos medios tecnológicos adecuados para seguir funcionando en estas situaciones excepcionales. Si los tuviéramos, la Justicia no se habría quedado como está, a medio gas.

-¿El hecho de cerrar fronteras o limitar los movimientos a comunidades o provincias se traducirá en un mayor rechazo a los inmigrantes o los extranjeros?

-No necesariamente. El cierre de fronteras ha sido con Europa también. No lo sé... Creo que tendrá en todo caso unas consecuencias económicas, sociales y en las relaciones personales. La pandemia seguramente provocará un cambio tanto en la mentalidad como en las relaciones, y más en los países del sur de Europa, que son más afectuosos.

-Pero no seremos más chauvinistas...

-No creo. Creo que la solución en esto, como en tantas cosas, como el aspecto económico, tiene que estar en la colaboración. Hay que esperar una adecuada respuesta de Europa para la reconstrucción del país. Europa es un proyecto económico, político y social que está para lo bueno y que tiene que estar también para lo malo. Es necesaria la solidaridad de los países de la UE para afrontar la situación.

-¿Ve en esta crisis un aumento en el juicio exprés visceral en redes sociales?

-Hay una mayor tensión, que suele parapetarse tras perfiles anónimos. El de las redes es un mundo distanciado de la realidad, con bulos y fake news, que lo convierten en un territorio peligroso que de alguna forma se tendría regular, porque distorsiona la realidad. Habrá que adaptar la normativa a los tiempos actuales, de redes sociales, para atajar esos bulos. Las redes no son un medidor de la opinión pública.

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