Dafne Cataluña, fundadora del Instituto Europeo de Psicología Positiva: «A mucha gente la cuarentena le ha dado la oportunidad para conocerse y valorar más lo que tienen»

La experta asegura que el sentido del humor es la fortaleza mayor para superar esta crisis: «De esta situación algunas personas saldrán más fortalecidas y la gratitud se multiplicará»


Dafne Cataluña es la fundadora del Instituto Europeo de Psicología Positiva y por su consulta pasan a diario pacientes que están padeciendo esta crisis con mucho dolor. Por eso asegura que hay que buscar en nuestro interior aquellas fortalezas como la creatividad, el carisma o la positividad para que este período de tiempo no sea tan oscuro. Entre ellas destaca el sentido del humor, porque quienes lo tienen desarrollado -señalan diversas investigaciones que ella maneja- han superado tsunamis y huracanes sin estrés postraumático. «De esta situación saldremos más fortalecidos y mucho más agradecidos. La gratitud se multiplicará», indica Cataluña, que aventura «desenfreno» cuando salgamos a la calle.

-La situación es nueva para todos. ¿Las personas tenemos resortes diferentes para afrontar lo inesperado? Hay quienes lo están sufriendo mucho y otros en cambio lo llevan mejor. ¿Es así?

-Sí, hay factores que llevamos en nuestra carga genética y en nuestro aprendizaje que hacen que reaccionemos de manera distinta. La personalidad, que decimos en psicología, nos lleva a que haya personas que evitan el conflicto y hacen como si no estuviera pasando nada. O que incluso cuando sienten alguna emoción negativa no quieren hablar de ello y lo nieguen. Sin embargo, hay otras con una personalidad más dependiente que ahora están más inseguras, que tienen miedo a la pérdida. Hay otras personalidades obsesivas, que lo pasan muy mal, que acuden a rutinas de control, higiene…

 -Lo expreso de una manera coloquial, ¿pero hay una manera de ser mejor que otra?

-Sí, hay ciertas pautas que uno puede seguir para intentar protegerse lo más posible. Hay modelos dentro de la Psicología Positiva, como el modelo Forte, que ha demostrado que cuantas más fortalezas tengamos en equilibrio mejor nos sentimos.

-¿Cuáles son?

-Hay 26 fortalezas, pero no todos las tenemos en equilibrio. La media son 10 o 16. Son esas cosas que identificamos con aquello que hacemos y disfrutamos mucho cuando lo hacemos. De hecho, ocurre que en ese momento el tiempo nos pasa volando, no somos conscientes de que lo estamos haciendo, por eso no desgastamos mucha energía. Ahí probablemente estemos desarrollando una fortaleza personal: la creatividad, el humor, la positividad, el carisma, la conectividad… Lo importante es coger las que tienes en equilibrio y usarlas en esta situación porque te garantizan más emociones positivas y elementos de disfrute. No al cien por cien, pero sí una armonía emocional.

 -Tenemos interiorizado que llorar es una debilidad. ¿Es así?

-Pues no. De hecho hay estudios que se han desarrollado en relación con el liderazgo y hay gente que tiende a reprimirlo, porque les parece ser vulnerables; pero hay autores que ya hace muchos años defendieron que uno de los cuatro componentes que favorecían a los líderes era la autenticidad: mostrarte con tus zonas brillantes y tus zonas oscuras. Si tú de pronto le dices a alguien de tu equipo: «Llevo un día horrible, estoy estresadísimo y necesito un café» ayuda también al otro. Hace que tú normalices, que te sientas mejor con esas emociones. Y con los niños y los padres ahora pasa igual. No se trata de tener discusiones gordas delante de ellos, pero sí se puede expresar esa tristeza y decirles a los niños que si se sienten así es normal, que a los mayores nos sucede, de esta manera no caerán en evitar las emociones y que se produzca la olla a presión.

 -Las mujeres, que tenemos una mayor carga mental, ¿estamos reaccionando de forma distinta al confinamiento? ¿Estábamos más preparadas o no?

-Ja, ja. Pues fíjate: en un estudio que estamos realizando ahora en el Instituto, que aún está sin publicar, hemos encontrado que los hombres tienen una mayor armonía, saben enfrentarse con una mayor entereza en situaciones críticas. Las mujeres tenemos una mayor capacidad emocional, comprendemos más la situación, somos más empáticas, pero en ese manejo y mantenerse bien están puntuando más los hombres. Ellos están acudiendo a una parte más analítica, más racional.

 -¿Hay algún estudio de cómo nos afectará esta pandemia?

-No, aún no lo hay con conclusiones claras. Pero por estudios anteriores se sabe que las mujeres padecemos más trastornos de ansiedad, somos más de rumiar, de darles vueltas y eso es así.

 -Los niños están demostrando mucha fortaleza. ¿Es verdad que tienen otra capacidad de adaptación?

-Sí, nos estamos dando cuenta de lo que son capaces de aguantar. Tienen una adaptación al cambio mucho mayor que nosotros y cuanto más pequeños son, menos ruido mental tienen porque viven solo el presente. Menos van a pasado y a futuro, no tienen desarrollada esa parte del cerebro. Eso se percibe cuando hay un divorcio, por ejemplo, cuanto más pequeños son los niños mejor se acostumbran. Cuanto mayores, más conscientes y peor.

 -¿Deben salir?

-Desde un punto de vista psicológico sabemos que los niños que están en contacto con la naturaleza tienen una mejor regulación emocional. Dicho esto, necesitan estar en contacto, que les dé el sol, estar  con otros niños, pero tenemos que adaptarnos ahora a esto. A nivel psicológico, claro que es recomendable todo lo anterior. A ver si van permitiendo salir un ratito.

 -¿El confinamiento nos ha podido hacer felices? Hay gente que dice que sí, que ha encontrado una paz interior.

-Sí, yo he tenido pacientes, por ejemplo, que tenían un malestar psicológico grande, con fobias, y que gracias a vivir esta experiencia -la más incontrolable que podrían tener- se han expuesto y pasaron a una fase de aceptación. Han salido más rápidamente de su malestar. El confinamiento ha ayudado a tener una mayor consciencia y darle importancia a lo esencial, a no perdernos con millones de estímulos que nos hacen perder el foco. Valoramos el tiempo, lo que cuesta limpiar, cocinar, ahora vemos todo ese esfuerzo, el valor de esas cosas.

 -Desde la psicología positiva, ¿hay alguna recomendación para ayudarnos en este momento?

-Hay que hacer ese ejercicio de autoconocimiento, de ver esas fortalezas que te decía al principio, y sobre todo hacer notar el poder del humor. Ha habido investigaciones, como las de Katie Cherry y J. Nurs Scholarsh (Spirtuality, Humor and Resilience after Natural and Tecnological Disasters),  que se han realizado en personas que sufrieron tsunamis, huracanes… con pandemias no hay datos, claro, y se ha observado que el humor nos permite aumentar la resiliencia, nuestra capacidad de salir fortalecidos de una situación crítica. El sentido del humor es la gran fortaleza. Ver el lado divertido, generar espacios con mayor alegría, hacer el tonto con tus hijos, eso ayuda. La gente con buen humor saldrá mejor.

 -¿Hay datos de lo que ha sucedido en China?

-No, sí hay alguno de la Universidad Complutense de ahora que dice que lo que más se ha notado durante el confinamiento es ansiedad e insomnio, y algo de depresión. Pero es un análisis muy preeliminar, porque todas esas sensaciones con el tiempo se pueden normalizar. Hay que esperar un poco de tiempo y ver dentro de tres meses si esos síntomas se mantienen y se convierten en trastorno, o solo han sido una reacción. Aún no lo sabemos.

 -La curva de la resistencia en el confinamiento va variando, primero el shock, luego la adaptación… Y esa frase que nos aplicamos de: «Mejor no pensar».

-Sí, bajo mi humilde criterio eso de no pensar es imposible. A medida que pasa el tiempo generas hábitos, una rutina, pero pasados diez días, la gente ya las rompe y llega el caos, pero es parte del camino. Si arrancamos con esas rutinas nos ayudará para volver a retomarlas, porque nos vamos a dar cuenta de que sin ellas no nos irá bien, nos vamos a reajustar a nuestra situación, por eso son necesarias.

 -No hay más dolor que morir solo y ver morir a los que queremos solos.

-Sí, ahí ya entramos en un agujero. En un vacío que hay que tratar de otro modo. Las personas que han estado graves y han salido de esto seguramente desarrollen síntomas de estrés agudo o estrés postraumático porque ha habido una pérdida de control. En esos casos hay que tratar de otro modo.

-¿Cómo saldremos de esto psicológicamente?

-Fortalecidos. Porque esto ha sido una gran bofetada de realidad, se nos han caído los castillos de naipes que habíamos construido con nuestros trabajos, nuestros logros profesionales, nuestras metas. Y de pronto todo cobra otro significado: tu vida está en peligro o la vida de los que quieres. Ahora hay que ver adónde dirigimos ese propósito.

 -Algunos saborearán poco a poco, ¿pero otros se lanzarán de golpe? ¿Habrá desenfreno, eso de aprovechar la vida a tope?

-Hay personas que son más tendentes al placer y otras más orientadas a futuro. Probablemente ahora nos enfocaremos a eso que hemos tenido ausente y habrá personas que querrán involucrarse en proyectos para mejorar el mundo y otras que harán la fiesta más grande, buscando el placer. Habrá de todo. Pero nos habrá ayudado a darnos cuenta de lo que tenemos en este momento, a valorarlo y a dar gracias. Nos va a hacer más agradecidos.

  

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