«Doné dos veces óvulos y ahora la que no puede ser madre soy yo»

Animada por el anonimato y por intentar ayudar a otras mujeres, sometió dos veces a su cuerpo «a un duro proceso», que no hubiera iniciado «si el receptor conociera mis datos»


Gracias a la generosidad de mujeres como Carolina -un nombre ficticio porque prefiere ocultar su identidad-, muchas otras pueden ver cumplido su sueño de ser madre. Lo que no se imaginaba ella, en ninguno de los dos procesos de donación a los que se sometió, es que sus óvulos no serían válidos. La vida, que da muchas vueltas, la ha colocado en las dos caras de una misma moneda. A día de hoy, no descarta ser receptora. 

-¿Cuándo te hiciste donante?

-Yo lo hice dos veces, una cuando estaba estudiando en Santiago en el 2011, y otra ya en A Coruña en el 2015.

 -¿Por qué?

-Las dos veces fue por lo mismo. Justo coincidió que se murió mi madre, no lo llevé muy bien, ahora lo tengo superado, pero al principio no, y me entró una necesidad de que la gente pudiera ser madre sí o sí.

 -¿Cómo lo recuerdas?

-Muy duro, porque te tienes que hormonar, tomar un montón de medicación. En el caso de Santiago, es cierto que yo tenía otra edad, pero el trato no fue muy bueno, porque estás muy revolucionada emocionalmente, sin saber cómo va, y no fue tan delicado como debería ser. La segunda vez, también fue duro, pero el trato fue mejor.

 -¿Te hicieron algún tipo de prueba?

-La primera vez no me hicieron todas las pruebas que me hicieron la segunda. En A Coruña me realizaron pruebas genéticas, no sé si tiene que ver con la clínica, supongo que sí, o que el tema no estaba tan avanzado como ahora, no lo sé. Además, pruebas preoperatorias, de sangre, de óvulos, de ovarios... de todo.

-¿Test de inteligencia?

-No, solo me hicieron pasar un test en el que tenía que poner la complexión, color de ojos, tipo de pelo... 

-¿Y todo bien?

-No, en cualquiera de los dos casos mis óvulos no eran válidos. Además, en Santiago en la última revisión yo le dije: «No quiero saber nada de a quién va, solo quiero saber si valieron» La contestación de la médica, que todavía la tengo grabada, fue: «Pues ahora que lo dices no, debiste hacer algo mal porque no valieron para nada». En el segundo caso, me dijeron: «Estás excluida de la donación de óvulos, no puedes volver a donar más porque no valen, están todos defectuosos». Ahora, de hecho, me lo estoy mirando.

-Le dijiste no quiero saber para quién van, pero ni aunque quisieras te lo dirían, porque ahora mismo es completamente anónimo.

-Sí, sí, claro. Mi experiencia fue un poco agridulce, lo hice por un motivo y convencimiento personal pero hubo cosas que no me gustaron. Las dos veces que doné, donantes y receptores estábamos en la misma sala de espera. No necesariamente tiene que ser que mis óvulos fueran para los que yo tenía delante, pero se producen situaciones incómodas, porque al final tú, que estás completamente hormonada, le pones cara a la gente. A mí me pasó.. Para mi gusto, debería estar más controlado para evitar este tipo de situaciones. No me gustaría que los demás estén pensando algo de mí. 

-¿Crees que cuando la gente está ahí porque no puede tener hijos está pensando en eso?

-Sí, hay muchos prejuicios, todo el mundo los tiene, incluida yo. 

-Decías que estás mirando, ¿te imaginas que por lo que sea no puedas y te vieras en la necesidad de ser receptora?

-Me parecería una opción viable, tendría que estar de acuerdo con mi pareja.

 -¿Cómo se lo tomó tu familia?

-Yo ya tenía todas las citas para empezar, y un día les dije: ‘Oye, ¿qué os parece si hago esto?‘. La respuesta fue: ‘Estás loca, es que quieres ir teniendo hijos por ahí... Yo no lo veo así, yo veo donar óvulos como donar sangre o médula. En ningún momento, si hubieran valido, sentiría que tengo hijos por ahí adelante. No pienso: ‘Es que hay gente por ahí que tiene mi genética, no, no lo veo así. Es como si fuera sangre‘. No les volví a comentar nada hasta hace poco, el año pasado creo que lo conté. A todo esto mi hermana tuvo una niña ella sola por inseminación. En su momento pensaba de una manera, pero la vida da muchas vueltas y te pone en un sitio donde crees que no te va a poner. O como a mí. Yo donaba óvulos toda convencida, y al final soy yo la que no puede tener hijos.

 -¿A ti te animó el hecho de que fuera un proceso anónimo?

-Sí, claro. Si un receptor conoce mis datos, yo no lo haría. Ni me lo plantearía.

-¿Qué te parece la propuesta del Comité de Bioética para acabar con el anonimato?

-Fatal, habrá gente que como yo no lo haría si fuese así. De hecho en algún momento mi hermana, con todo este proceso que estoy viviendo yo, me llegó a plantear que ella me donara óvulos a mí, que no se puede, pero me dijo: ‘¿Si se pudiera?‘. Y le dije que no, porque tenemos planteamientos diferentes a nivel emocional sobre el tema.

 -Tu motivación fue personal, pero ¿te influyó que te pagaran?

-Lo haría igual aunque no me pagaran. A mí me dieron 900 euros de cada vez, el último día, después de pasar por el quirófano, tanto si servían mis óvulos como si no.

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Hasta los 38 años, Mar nunca se había planteado ni ser madre, ni ser madre soltera. Pero de repente un día, la idea la sacudió de arriba abajo con mucha fuerza. Con tanta que incluso llegó a ir a terapia para trabajarlo, para tener la certeza de que podía asumir «el proyecto». Cuando lo tuvo claro, se puso a ello y todo fue como la seda. «Fui a una clínica privada porque en la Seguridad Social lleva más tiempo, y quería hacerlo ya. Tardé lo que tardaron en darme cita, hacerme las pruebas y ya», explica Mar Cuba.

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