¿Por qué son los millennials los que mejor llevan la pandemia?

Esta generación de jóvenes está sobradamente preparada para sobrivivir a confinamientos muchos más largos que el decretado. Expertos y protagonistas explican su enorme capacidad de adaptación


Puede que sea una cuestión de índole evolutiva. O solo mera casualidad. El caso es que ha quedado constatado, y así lo acredita no solo la atenta observación sino también las expertas consultadas, que la generación millennial (engloba, en este caso, a la generación zeta) está infinitamente mejor preparada que cualquiera de las anteriores para soportar una crisis como la generada por el Covid-19. Que ya de por si tiene nombre millennial. Semeja uno de esos que te ofrece por defecto Gmail para tu nueva cuenta cuando tu primera opción ya está registrada.

La sensación es la de que los jóvenes llevaban ya unos cuantos años mutando, no se sabe si consciente o inconscientemente, para hacerle frente a la llegada de algo así. Rutinas, técnicas y herramientas que el resto de los mortales ahora descubrimos, oh, fascinados, como básicas e imprescindibles para sobrevivir a la pandemia son para ellos tan comunes y cotidianas como echarle Redbull al Jägermeister.

Una de las pruebas concluyentes de esta teoría es que la generación millennial está sobradamente preparada para sobrevivir a confinamientos muchos más largos que el ahora decretado. Lo vienen haciendo de modo natural en su habitación desde sabe dios cuándo. Y allí han ido acumulando y disponiendo desde siempre de todos esos gadgets de supervivencia que a los demás, ahora, mira tú por dónde, nos están salvando la vida. Las transmisiones vía streaming o skype, la creación de contenidos desde el ámbito doméstico, las multillamadas, el ocio digital, las plataformas de contenidos audiovisuales, los canales de comunicación a través de redes sociales… Todo eso era su hábitat natural desde mucho antes de que nadie imaginara que un maldito virus nos iba a condicionar la existencia.

¿Mecanismos de supervivencia de la especie? ¿Adaptación al medio? Seguro, de todo habrá. Basta ver como sus dedos prensiles mutan no ya en función de sus necesidades para alimentarse -como ha venido ocurriendo desde el principio de los tiempos- sino en función del diseño del mando de la Play. Somos los demás los fracasados, los necesitados de agudizar el ingenio para sobrevivir en este entorno adverso y hostil. ¿Pandemia? Para un millennial hoy es, sencillamente, un día más, pero sin clase y sin botellón.

Le traslado estos postulados a la periodista y escritora especializada en educación Eva Millet, autora de los libros Hiperpaternidad e Hipernin?os. «Es cierto que los adolescentes están mucho más acostumbrados que nosotros a este entorno virtual en el que el que ahora nos vemos obligados a movernos. Por eso los vemos como más enteros», apunta.

Reconoce Millet que tareas que los mayores hemos tenido que adquirir a pasos forzados, ellos llevaban años utilizándolas. «Mi hija hacía desde hace mucho los deberes con sus amigas por Facetime. Es a nosotros a quien nos cuesta más asimilar esos conceptos y modos de relación y de trabajo».

En términos similares se expresa la doctora en Sociología por la Universidade da Coruña Antía Pérez: «É certo que a mocidade ten a vantaxe de que é nativa dixital, polo que está habituada a manexar todo tipo de ferramentas e aplicacións que permiten realizar múltiples actividades e tamén a conexión social a distancia. E si, dado que unha parte importante das súas vidas se desenvolve de maneira virtual, pode que noten menos os efectos que está a ter o confinamento».

Añade Antía Pérez un factor positivo que, en cuanto a la socialización, conllevará este episodio de reclusión: «Probablemente, e debido á convivencia imposta polas restricións de mobilidade ante a crise do Covid-19, a partir de agora eses coñecementos tecnolóxicos sexan socializados e compartidos no ámbito familiar e de convivencia».

 DESDEMONIZAR LAS PANTALLAS

«A los padres las pantallas y la relación que con ellas tienen nuestros hijos siempre nos han generado mucha angustia», señala la divulgadora barcelonesa Eva Millet. «Esta crisis quizá nos enseñe a no demonizarlas tanto». En su opinión va a suponer una «gimnasia de tolerancia a la frustración» al tiempo que «un ejercicio de autocontrol interesante». Porque el confinamiento va a poner a las familias a prueba. «Una prueba de fuego» puntualiza. Si bien matiza que «no hace falta sacar un sobresaliente. Basta aprobarla». Para ello sus recomendaciones son «voluntad, sentido común y mucha, mucha paciencia».

Advierte Eva Millet que el que los jóvenes y adolescentes estén mejor adaptados que sus progenitores a esta realidad sobrevevenida no significa que el papel de los padres se minimice o desaparezca. Todo lo contrario. «En una situación como esta, y por mucho que parezca que se estén aclimatando, los padres tenemos que ser el pilar fundamental que los sustente. Quizá más que nunca. Ellos nos pueden ayudar en algunos casos pero somos nosotros los que hemos de llevar el timón».

  

TOMAR NOTA DE ELLOS

Para la socióloga coruñesa Antía Pérez, el resto de la sociedad debería tomar buena nota de cómo en estos días la juventud «nos está a ensinar moito sobre como poder desenvolver moitas actividades de maneira virtual e tamén da súa capacidade de adaptación ao cambio social».  

¿Cuáles serían entonces las principales lecciones que deberíamos tomar de ellos en una situación así? «O que podemos aprender é a súa capacidade de resiliencia. Pensemos que a mocidade de hoxe en día foron quen viviron e padeceron con crueza as consecuencias sociais da crise económica de 2008, da que aínda nos estabamos recuperando. Será a mesma xeración que vivirá as consecuencias da crise da pandemia, e do cambio social posterior. E finalmente, é a mesma mocidade que hai pouco pedía un cambio social profundo para facer fronte á crise climática que está aínda por resolver. ».

Antía Pérez considera que, en general, la sociedad es «adultocéntrica», por lo que minusvalora el papel de la juventud. «Neste sentido, temos que poñer en valor e apostar máis por unha sociedade máis inclusiva na que a mocidade, xunto con outros sectores poboacionais, teña influencia no deseño de políticas sociais porque son unha parte fundamental dela».

 MIENTRAS EL VIRUS NO SEA INFORMÁTICO…

¿Y qué dicen los millennials de todo esto? Borja Santamaría es el presidente del colectivo juvenil Arousa Moza. Estudió Administración y Dirección de Empresas y en la actualidad trabaja como formador. Reconoce que en lo laboral y en lo social sus hábitos no han cambiado sustancialmente con la crisis del Covid-19. «Casi todo lo que hago es online. Antes y ahora», comenta. «No pasa nada por quedarse una temporada en casa. Otra cosa sería si todo esto nos pilla en el verano», apostilla.

Asume Borja Santamaría que las dificultades de sus padres para adaptarse a esta nueva realidad son sensiblemente mayores que las suyas. «Su vida social dependía de la calle, de tomar unas cañas con sus amigos o de ir a casa de mis abuelos. Nosotros no. Nosotros ya estábamos acostumbrados a que buena parte de nuestras relaciones sociales fueran virtuales». Otro tanto ocurre con el ocio audiovisual. «Mis padres veían lo que echaban en la tele, pero, claro, ahora lo llevan mal porque se han cargado todos los programas de entretenimiento y todo es coronavirus. Nosotros no, nosotros tenemos Netflix, Youtube…».

De hecho, a la utilización de esos canales «no oficiales» atribuye Borja Santamaría el que los jóvenes hayan sido quizá los primeros y los más concienciados frente a la pandemia. «Cuando por los canales oficiales y los telediarios aún se decía que esto no nos llegaría, nosotros a través de las redes ya teníamos información de que sí que nos iba a llegar y nos fuimos mentalizando».

Para el joven arousano la clave de esta adaptación previa a las consecuencias provocadas por la pandemia está en que «somos una generación más conectada. Sin salir de casa somos capaces de mantener nuestro ocio, nuestras relaciones, nuestra formación y nuestro trabajo». Y sentencia: «Mientras hablemos de virus que sean organismos vivos, lo vamos llevando más o menos bien. Si el virus fuese informático y nos dejase sin Internet y sin redes, entonces sería la hecatombe».

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