Arola Poch: «Un juguete como el Satisfyer aporta a la pareja, no la aparta»

YES

Especialista en fetichismo de pies y sexualidad juvenil, esta profesional aboga por educar a los niños para el encuentro que, tarde o temprano, tendrán con la pornografía. «Desde que tienen un móvil ya hay vía libre a esos contenidos», advierte

21 mar 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

En su libro Las cosas claras la sexóloga Arola Poch se dirige directamente a los jóvenes, pero lanza un cabo a los adultos que, quizá, se sienten sobrepasados ante el impulso que la tecnología le ha dado al sexo. Ella lo tiene claro: muy poco que esconder y mucho que explicar a unos chicos y chicas llenos de dudas e imágenes falsas.

-España, año 2020: niños accediendo al porno antes de los diez años, adolescentes teniendo sus primeras relaciones sexuales cada vez más pronto y, todo ello, sin educación sexual en los colegios. ¿Qué le parece el panorama?

-Pues que estamos en un escenario muy complicado, la verdad. Los chicos están entrando a edades muy tempranas a contenidos que no son para ellos. No tienen una realidad con la que contrastar lo que están viendo. Piensan que el sexo que ven en pantalla es así y ahí tenemos un problema muy grave. Yo defiendo el porno como una fantasía para adultos y, aun así, critico ciertas imágenes que se dan en el porno. Se cosifica a la mujer y se ensalza la violencia con ella. Pero se sabe que hay niños que a los 8 años están viendo ese contenido. Eso es un problemón, porque influye totalmente en la idea que están construyendo de lo que son las relaciones sexuales entre hombres y mujeres. Una vez que está construido, hay que reconstruirlo. Y eso cuesta muchísimo.

-¿Qué piensa de la postura de los padres que no quieren que se les hable «de esas cosas» a los niños?

-Algunos padres piensan que los niños siempre serán niños y se convencen de que a sus hijos eso no les interesa. Yo me encuentro con padres que tienen chicos de 14 años y que aseguran que a su hijo no le interesa el sexo para nada. No entienden que, desde el momento que tiene un móvil con acceso a Internet, tiene vía libre a esos contenidos y que los verá. Incluso aunque no los busque, porque le salen o porque los pone en la pista un compañero de clase. Desde mi punto de vista, la educación sexual integral es la única herramienta que existe para poder afrontar todo esto. ¿Los controles parentales? Te servirán durante una temporada. Pero en cuanto el niño crezca un poquito no va a servir para nada.

-¿Qué consecuencias puede tener en un niño ese acceso temprano al porno?

-Para empezar, el porno mainstream, el que se encuentra fácilmente, da una imagen muy estereotipada de los hombres, las mujeres y los encuentros eróticos. Él es siempre dominante, siempre dispuesto y siempre a tope. La mujer, por su parte, es un mero objeto de placer. Se trata de una visión muy machista con un extra de humillación a la mujer. Eso transmite una idea de que el sexo es así. Luego, genera muchos malentendidos. Ellos siempre tienen que estar dispuestos a dar sexo. Ellas, dispuestas a recibir. La imagen que se puede construir un chico o una chica sin otras referencias es totalmente nefasta.

-Hay quien dice que, ahora que se puede resolver todo por Internet, la información se encuentra ahí.

-Claro, pensamos que tienen tantísima información y no necesitan educación sexual. Yo creo que por ese motivo es por el que necesitan una educación rigurosa y veraz. Siguen existiendo mitos como que si haces un coito de pie no hay embarazos o si es la primera vez que lo haces no te quedas embarazada. Eso está ahí y hay que combatirlo.

-Habla de eliminar la idea de la pérdida de virginidad. ¿Por qué?

-Porque la virginidad no existe, es una construcción cultural. ¿Qué es? La primera vez que hacemos sexo. ¿Qué es sexo? ¿La penetración? ¿Y el resto de cosas? ¿La primera vez que haces una felación? ¿Y el cunnilingus? Hay muchas primeras veces. Sin embargo, la virginidad la consideramos como la penetración. El sexo es mucho más, es todo el conjunto de juegos y actividades eróticas que podemos tener.

-Es una estudiosa del fetichismo. Dice que mucha gente no lo vive bien. ¿Por qué ocurre esto?

-Sí. Siempre ha tenido un halo de cosa rara, perversión y desviación. De hecho, en la RAE se define como una desviación. Hay quien lo lleva como una losa, que le hace sentir que lo suyo no es normal. Le cuesta llevarlo y compartirlo con la pareja. Otra lo vive muy bien, que hemos avanzando mucho.

-El de pies es el más generalizado. ¿Qué tiene esa parte del cuerpo?

-Es una buena pregunta porque no tiene respuesta definitiva. Freud tuvo su teoría. Hubo neurólogos que han dicho que si los pies están cerca de los genitales… Pero no hay ninguna explicación concluyente.

-Es un fetichismo de hombres atraídos por pies de mujeres. ¿Por qué no hay mujeres atraídas por los de ellos?

-Haberlas, haylas, pero es cierto que lo mayoritario es que sean hombres atraídos por los pies. Pero, ojo, femeninos y masculinos, que también hay fetichismo en el mundo homosexual. En las mujeres, por ejemplo, hay más fetichismo con las manos de los hombres.

-Ha escrito: «Pon un fetichista de pies en tu vida». ¿Qué le aporta?

-Te aporta una visión de la erótica muy diferente. De pronto, ves una parte tuya que genera un enorme atractivo y eso siempre sienta bien. Además, estar tumbada en el sofá y que te den un masaje en los pies está muy bien [risas].

-En sus redes sociales muestra imágenes de sus pies para los seguidores.

-Empecé como un juego. Y porque también me gustan mis pies, ¿para qué lo voy a negar? Luego, me di cuenta de que había mucha gente a la que la gustaba las imágenes que ponía y lo decía. Visibilizo también que hay vida más allá de lo clásico. A mí lo cierto es que me divierte mucho hacerlo e interactuar con la gente.

-El tema del momento es el Satisfyer. ¿Qué le parece que se apele a guerra de sexos, diciendo que el juguete deja fuera a los hombres?

-Mmm... un juguete erótico como el Satisfyer aporta a la pareja, no la aparta. Si tú tienes un buen encuentro sexual con una persona, compartiendo complicidad y el contacto piel con piel, ¡que se quite todo juguete erótico! Eso sí, tienes que tener un buen encuentro. La guerra de sexos es porque, a veces, hay una tradición de que los hombres iban a su bola, ocupándose de su placer y dejando a un lado el de su compañera. Y tú dices, para eso ya tengo mi Satisfyer [risas]. Pero entiendo que esta visión va cambiando y un encuentro erótico se entiende como algo de dos y de placer compartido. ¿El Satisfyer? ¿Lo incluimos? Así ganamos todos.

- No solo ha cambiado en eso. En San Valentín ha sido la estrella: hombres que se lo regalaban a sus parejas.

-¡Es una locura! Ojo, creo que se le ha dado demasiado bombo. Tiene sus cosas buenas, porque ha puesto a la masturbación femenina y el clítoris en primer lugar, pero tampoco es para tanto porque todo eso existía antes de los succionadores. Se podría ir rebajando el bum un poco, creo yo.

-En Galicia se hizo muy viral una imagen de una chica cargando su Satisfyer en la biblioteca de la universidad con toda la normalidad.

-Eso me parece fantástico. Es un cambio radical. Y muy positivo. La gente te dice: «Tengo un Satisfyer». Y lo que te está diciendo es que se masturba. Eso es fantástico porque la masturbación femenina existe y hay que tratarla con normalidad. Los juguetes han evolucionado en forma. Antes eran una cosa realista. Ahora tienen diseños bonitos con buenas calidades.