«Cuando conocí a mi nuera pensé: ¿aguantará a mi hijo?»

MI SUEGRA ES LA MEJOR Es lo que nos vienen a contar estas mujeres que rompen el tópico y tienen una relación fantástica con las madres de sus parejas. Salen juntas, viven juntas o se van de vacaciones juntas. Una suerte... ¿no?


María José Fernández Pereira (Ourense) está casada con el hijo de Nacha López López (Santiago de Compostela) y eso las convierte en nuera y suegra, aunque ellas prefieren describirse directamente como familia. Las dos rompen estereotipos se mire por donde se mire, pues no solo se quieren bien, sino que se ven todas las semanas. «Nos llevamos de maravilla y tenemos una relación muy estrecha», dice María. Puede que sea porque congenian, porque se escuchan y se preocupan la una por la otra, o porque tienen muchas cosas en común y las comparten. «Nos encanta leer», añade. «Sí, yo le pido que me recomiende libros y suele acertar, la verdad. Me conoce mucho», continúa Nacha. También comparten la afición por el séptimo arte. «Somos asiduas a ir al cine y aunque normalmente vamos con amigas, por separado, también aprovechamos para comentar lo que vemos y ponernos al tanto de esas películas que la otra no se puede perder», explica la nuera de esta historia.

María conoció a su marido, José Ignacio Vidal, cuando eran adolescentes. «Hace tanto tiempo que el pequeño de mis cinco hijos era todavía un bebé», recuerda Nacha. «José y yo le comprábamos los potitos cuando estábamos de veraneo en la playa», añade María. Tras diez años de noviazgo, se casaron y luego llegaron sus tres hijos, Santiago, Marta e Ignacio. Hasta hoy, que están a punto de celebrar el 35 aniversario de su boda. Vivencias y más vivencias se suman al álbum de recuerdos de esta familia, algo que seguro hace peso en la buena relación entre Nacha y María. «Desde el primer día encajamos muy bien. Cuando la conocí pensé: ¿aguantará a mi hijo? Y mira, sí que lo aguantó», bromea Nacha. Precisamente el sentido del humor o el carácter decidido y valiente son características comunes a estas dos mujeres.

RESPETO Y CARIÑO

Las dos afirman que no hay secretos para llevarse bien. «A mí desde que la conocí me gustó su temperamento, su forma de ser, que sea tan clara y transparente, y que nos trate a todos con tanto cariño», afirma Nacha. Tanto es así que en pequeñas discusiones de diario, ella se posiciona a favor de María y no de su hijo. «Porque tiene razón», dice. Y las dos se ríen y se vuelven a reír. «Nacha es una mujer jovial y alegre, da gusto estar a su lado, y sobre todo es muy respetuosa, nunca se ha metido en nada de sus hijos. Ella observa y escucha pero no juzga ni critica y eso, al final, es lo más sano y el camino para crear una gran relación», explica María. Reconocen que su caso es especial porque tienen una familia muy unida. En tantos años siéndolo han tenido que enfrentarse a circunstancias de todos los colores: la pérdida de seres queridos -sin ir más lejos hace seis años falleció Indalecio Vidal, marido de Nacha-, el nacimiento de nuevos miembros -ella ya tiene diez nietos-, viajes a Valencia, a Granada, a Sevilla, a Bolivia o a Uruguay para visitar a hijos o nietos que viven fuera. Algunos baches y muchas celebraciones, que han servido para reforzar la alianza de estas dos mujeres y de toda su familia.

FINES DE SEMANA EN FAMILIA

«Creo que una de las cosas que nos unió mucho fue la convivencia», dice María. Durante años veranearon juntas en Sanxenxo. «Cuando mis hijos eran pequeños, nos íbamos a pasar un mes a la casa de los abuelos en la playa y nos juntábamos allí toda la familia», rememora. Y ambas estaban encantadas de convivir. Tanto que ahora han vuelto a ponerlo en práctica, especialmente desde que Nacha enviudó. «Nos vamos a pasar muchos fines de semana a Vilamarín», dice. «Yo tengo mi propia casa en el pueblo, pero prefiero irme por la noche a la de ellos y así no duermo sola», admite Nacha. Son días de finca y de tranquilidad, en los que aprovechan para pasear, para leer y para recargar fuerzas. «Y tanto que descansamos, hasta ponemos a José a cocinar porque le encanta y se le da genial», añade.

Hacen intensivo juntas los findes porque durante la semana se ven mucho menos. «Si cuadra bien sí que quedamos pero es que Nacha está tan ocupada...», deja caer María, mientras la mira con cariñoso recochineo. «Sí, es verdad -se ríe-. Voy a bordado, también a bolillos, salgo a pasear todos los días con mis amigas y luego mi quedada de cafetería. Yo soy de llegar tarde a casa», reconoce Nacha. Puede que por eso esté estupenda, porque no para y porque está siempre rodeada de gente que la quiere, como su nuera María. Entre ellas hay complicidad, hay apoyo y hay muchísimo afecto. Y lo que les queda.

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