A partir de los 40 es mejor trabajar 3 días a la semana

Una investigación avisa de que a medida que cumplimos años seríamos más productivos con jornadas laborales menos estresantes que fueran en consonancia con el desgaste fisiológico. ¡Pero cobrando lo mismo!


No tiene nada que ver con el coronavirus ni con el pánico al contagio, pero un estudio de la universidad de Australia ha confirmado que a partir de los 40 años, es decir, a medida que nos vamos haciendo mayores, sería conveniente no someternos a unas jornadas laborales tan estresantes como las que asumimos cuando somos jóvenes. El análisis, firmado por Kajitani y otros autores en el 2016, se titula Use It Too Much and Lose It? The Effect of Working Hours on Cognitive Ability y ha sido publicado en Melbourne Institute Working Paper.

En él se demuestra que las personas mayores de 40 años son más productivas cuando trabajan, como mucho, tres días a la semana. Según los resultados, los efectos de la duración de la jornada laboral sobre el rendimiento cognitivo de los participantes no eran lineales, de tal modo que aumentando las horas de trabajo hasta las 25 semanales se producía una mejora en las capacidades cognitivas. Es decir, trabajar es bueno para la mente… hasta cierto punto. Jornadas superiores a las 25 horas semanales demostraron un impacto negativo. Además, estos resultados fueron idénticos tanto para hombres como para mujeres. En esa misma línea, un experimento anterior en la ciudad sueca de Gotemburgo confirmó, después de observar el trabajo durante dos años de un grupo de cuidadoras y enfermeras de ancianos, que eran más productivas y estaban más satisfechas con su trabajo si se les reducía la jornada laboral y se les mantenía, por supuesto, el sueldo. Dado que la productividad no tiene relación directa con las horas que se esté físicamente en el lugar de trabajo.

En este sentido, la psicóloga Eva Sández explica que es cierto que a medida que cumplimos años y aumenta nuestra edad fisiológica va bajando un tipo de rendimiento, pero existen un montón de variables para que esto no sea exactamente así. «Va a depender de la profesión, de tu edad emocional, de cómo estés tú en ese momento, pero es cierto que el sistema nervioso se desgasta. Evidentemente si eres futbolista, vas a rendir más a los 20 que a los 40 -expresa Sández-, y es verdad que a los 15 o a los 20 estudiar no supone tanto esfuerzo, pero con el tiempo vamos perdiendo memoria, capacidad de concentración, y no podemos meternos los atracones que nos metíamos cuando éramos más jóvenes. Por eso hay médicos, por ejemplo, que dejan de hacer guardias por la noche».

Sin embargo, Sández recomienda estar activo (lo que no significa exprimido) para que a partir de los 40 el cerebro se mantenga en buenas condiciones. «Es como la plastilina, la estiras, la estiras, pero si estás 20 años trabajando duro con la misma plastilina pierde elasticidad; hay que prevenir ese cansancio y saber dosificarnos, sobre todo ahora que se prevén jubilaciones muy tardías».

Hay que dosificar la energía si la jubilación no llega hasta los 70 años

«A los 40 años -expone la psicóloga Aránzazu García- una persona puede estar en su mejor momento, hay gente que corre maratones, que está estudiando inglés, que ha encontrado su plenitud laboral, aunque efectivamente con los años se debería apostar en las empresas por trabajos de mayor responsabilidad, pero que no desgasten tanta energía física». «A partir de los 40 -añade- se tiene otra experiencia, se enfrentan mejor las decisiones y toda esa sabiduría debería estar confiada en estas personas de más edad, que no deberían estar sometidas a tanto trasiego. Por ejemplo, en una recepción de cara al público, con mucho estrés, con muchos estímulos, con mucho mareo, eso no es bueno. De la misma manera que yo, a partir de esa edad, ya no puedo recibir a tantos pacientes en una tarde. O los médicos, que tienen menos consultas, pero ganan más experiencia para enseñar a otros jóvenes su sabiduría en un hospital».

UNA JUBILACIÓN GRADUAL

Por eso Aránzazu García sería partidaria, como psicóloga, de que la jubilación fuera gradual como lo es el envejecimiento. «Lo ideal es que antes de la fecha se empezara a reducir la jornada, y trabajásemos menos horas a la semana, por ejemplo, 5 al día y después de la jubilación, nos mantuviésemos activos unas horas para que no sea un choque brusco; se podría adecuar para ir un par de días unas horas».

Eva Sández cree que es fundamental testar la edad emocional de las personas, porque puede haber gente de 40 que se sienta como uno de 60 y al revés, gente de 40 que sea prácticamente un adolescente a nivel mental. «Hay muchas personas que han tenido vivencias muy duras y eso las ha modelado, pero hay también quienes son mentes muy rígidas, inflexibles y obsesivas que no son capaces de adaptarse a los cambios. Si tienes mucha frustración y no están bien armadas tus defensas psicológicas, no vas a ser un buen trabajador, una persona que rinda, y todos sabemos que la productividad no tiene nada que ver con el hecho de calentar la silla. Los psicólogos estamos para ayudar a la gente a enfrentar esas carencias emocionales, pero si quieren llegar a la jubilación -avisa-, hay que dosificar y no malgastar la energía. Quedan años por delante».

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