«Al chaval que fuma 'porritos' puede darle un brote psicótico»

El psiquiatra Andrés González lleva dos décadas en las unidades de salud mental de Ferrol y alerta contra algo que ve en las consultas: ya no se tiene miedo al cannabis


Redacción

1 ¿Hay una tolerancia demasiado alta hacia el consumo de cannabis?

Mi impresión es que demasiada. No existe la sensación de peligro o riesgo que hay con otras drogas, tal vez porque los adolescentes que ahora consumen son hijos de personas que también lo hicieron. Lo ven como una vía para evadirse, pero no tienen en cuenta que la potencia del cannabis actual es diez veces superior a la del que consumieron sus padres cuando eran jóvenes. A veces los padres simplemente dicen 'bueno, un porrito no es nada', pero al chaval que fuma porritos de vez en cuando puede darle la enfermedad mental más terrible: un brote psicótico, entre otros problemas.

2 ¿Y su potencial terapéutico?

Tiene mucho de mito. La única indicación del cannabis como terapéutico es para vómitos asociados a la quimioterapia en los que los pacientes, probablemente ya consumidores anteriormente, lo usan como un antiemético, pero sus efectos no son mejores que uno de farmacia como un Primperan, por ejemplo. Es la única indicación con avales médicos, el problema es que en una entrevista Morgan Freeman dijo que era lo único que le calmaba los dolores de la fibromialgia y no digo yo que no, pero no existen informes médicos que lo respalden. Cuando alguien famoso recomienda algo así esto se populariza, casi se convierte en ley. Si quieren fumar porros que los fumen, pero que no pongan disculpas.

3 ¿Qué consecuencias puede tener el hábito de fumar porros?

Gravísimas. En adolescentes está claramente asociado a primeros brotes psicóticos, para mí la enfermedad mental más grave. Puede generar una esquizofrenia, aunque hay que matizar que también ayuda cuando el paciente ya tenía una predisposición que se incrementa con el cannabis. Hay literatura científica que lo avala, pero sin llegar a la gravedad de este trastorno es mucho más frecuente que se presente un síndrome amotivacional y que consiste en que los jóvenes van perdiendo interés por todo tipo de actividades, disminuyen el rendimiento en los estudios y no les gusta nada.

4 ¿Pasan a ser pacientes psiquiátricos?

Pasan a ser personas que necesitan ayuda, el problema es que la acepten. Es muy frecuente que lleguen padres, madres en su mayoría, con un adolescente de 16 a 18 años al que ven desmotivado y creen que sufre una depresión, pero no cuentan que consumen tóxicos... O ya lo cuentan los propios pacientes como una cosa sin mayor importancia. Y sus padres dicen: '¿Un porrito? Quién no se lo ha fumado'. Y no es que sean la única causa de estos cuadros amotivacionales, pero sí que es fundamental.

5 ¿Y cuando se añade el consumo de alcohol?

Se ha banalizando que el consumo y la diversión del fin de semana consiste en la borrachera, algo que en el cerebro aún no formado de un joven genera muchas repercusiones. Las consecuencias son al corto plazo y al largo con ciertos tipos de cáncer, arritmias y muerte prematura. Psicológicamente también afecta, al alcohol le llamamos el gran simulador: puede simular cuadros de depresión, brotes psicóticos... Y cuando se empieza a los 14 años, se produce un fenómeno llamado poda neuronal, que ilustra el daño que hace a un cerebro sin formar.

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