Javier Veiga: «La paternidad me ronda, como a todos los de mi generación»

Es de rabia fácil, de carácter rápido, pero de reconciliación más veloz todavía. Los cabreos le duran segundos. No cree en eso de que los polos opuestos se atraigan, pero sí en las puertas que abre Tinder. Se matriculó en Arquitectura por amor, pero en el fondo sabía que su futuro no estaba ahí, sino encima del escenario o delante (incluso detrás) de las cámaras


Está en un momento de siembra. De producción, de plantear nuevos proyectos, pero también está recogiendo los frutos del esfuerzo. Hace unas semanas que Javier Veiga (O Grove, 1973) presentó la segunda temporada de Pequeñas coincidencias, una serie que protagoniza junto a su mujer, Marta Hazas, y donde ambos se enfrentan al reto de decidir si ser padres. Un tema que en lo personal le genera alguna inquietud y para el que no tiene una postura definitiva. Donde no tiene duda de cómo actuar es en medio de una discusión: «Tengo una enfermedad que me obliga a contar chistes».

-Productor, guionista, protagonista... Dejaste algo para los demás de casualidad, ¿no?

-Es verdad que me dejaron hacer muchas cosas, pero hay un gran equipo detrás en el que confío, y que confía mucho en mí, que en este caso es muy necesario porque hago tantas cosas que si la gente no confía, es muy difícil hacer todo.

-Esto de dirigirse uno a sí mismo es como no tener jefe.

-Eso me dice alguien. El tema es que la serie la escribo yo, porque sería más complicado hacer esto con un texto que me diesen, pero es una historia que yo quiero contar y que lo hago en primera persona. Estoy dirigido desde el ordenador, desde que me senté a escribir ya sé lo que quiero contar. La parte de actuar es casi la más sencilla, está todo tan pensado, que va solo.

-¿Escribiste pensando en Marta o fue al revés?

-El que no estaba seguro era yo como actor, pero sabía que Marta iba a ser la protagonista de la serie, es lo que yo pretendía. Escribí pensando que ella lo iba a hacer, y luego una vez que decidimos que lo íbamos a hacer los dos, ya escribí más personajes sabiendo que éramos nosotros. Cuando arrancó todo esto, yo no sabía si yo iba a entrar como actor. No pensaba que me fueran a dejar.

-Pero si eres el jefe de todo...

-El tema es que me lo comprasen o que te compren una historia en la que te dejen escribir, dirigir y protagonizar. Yo esperaba que en algún momento alguien me dijese: ‘Muy bien, chato, vamos a poner este director o este protagonista, tú quédate donde estabas, haciendo lo que hacías antes’.

-¿Cuánto de vuestra historia hay en el guion?

-A mí me gusta decir que no es nuestra historia, sino nuestra histeria. Seguramente hay parte de nuestras histerias, de nuestras movidas, de nuestras neuras, pero ni mucho menos nuestra historia es así de dramática, ni nada que hable de nuestra vida. Son unos personajes de ficción a los que aportas tu personalidad, igual que hay cosas de Touri en el personaje de Rafa. A veces es una manera muy personal, tanto en el cariño como el modo en el que está hecho, pero no es que estemos contando nuestra vida.

-¿Al Javi «de carne y hueso» le preocupa tanto la paternidad?

-Supongo que me obsesiona, si no, no habría hecho la serie, pero no me atormenta de esta manera. El hecho de que haga una serie sobre esto es significativo, es un tema que me ronda, como a todos los de mi generación, tanto a los que tienen hijos como a los que no.

-Dices que hay mucha presión con el tema de los hijos, pero también cada vez hay más gente que no los tiene.

-Antes no preguntaban tanto porque la gente los tenía, la pregunta ahora viene porque existe la posibilidad de no tenerlos, de poder elegir, y antes o tenías un problema o si no tenías hijos la pregunta era qué os pasa, no era si queréis o no, se daba por hecho que todo el mundo iba a tener hijos. Es un tema nuevo, antes no existía y sigue habiendo sociedades en las que no existe, donde no se duda de ser padre o no, es algo absolutamente nuevo que hace 30 años era impensable, y ahí estamos viendo cómo inventamos las familias, nuevos tipos de familias, que antes ni se planteaban.

-¿Tú lo tienes claro? ¿O tienes dudas?

-Yo lógicamente si lo tuviese al 100 % claro, supongo que no haría esta serie. Pero en mi vida, como en la serie, voy temporada a temporada. Y en esta los Javi y Marta de la serie no han tenido hijos, y los Javi y Marta de la vida real, tampoco los van a tener.

-Es un mensaje trampa, a ver si vamos a tomar al pie de la letra lo que pase en la tercera temporada.

-No es nuestra historia, no quiere decir que vaya en paralelo, sino que la decisión la tomamos de temporada en temporada.

-¿Crees en las casualidades o en el destino?

-Es que creo que no se puede no creer, pero en el fondo es como creer o no en la fuerza de la gravedad. Creo que todo está regido por azar, lo único que podemos hacer es intentar controlarlo, o creer que podemos controlarlo un poquito, pero somos esclavos de las casualidades, y controlamos menos de lo que pensamos o nos gustaría. La vida de cualquiera está llena de pequeñas tonterías que al final marcan su vida.

-¿En vuestra relación también?

-Marta vino a ver una obra de teatro justo cuando llegó a Madrid, donde éramos tres actores. Pero ella no recordaba que yo era lo primero que vio en Madrid. Y cuando vio el cartel en mi casa, dice: ‘Pero si yo esta obra la vi. Me acuerdo de Pepe Viyuela, pero no de ti’. ‘¡Pero si éramos tres!’, le dije. Me había borrado por completo. De estas imagino que habrá en cualquier relación que conozcamos, que está llena de pequeñas coincidencias, y de hecho es algo que nos encanta preguntar, ¿vosotros cómo os conocisteis? Esas historias tienen mucho morbo.

-Ella dice que la conquistaste en una semana, ¿te fue más fácil en la realidad que en la ficción?

-Bueno, las cosas siempre son fáciles o imposibles.

-¿Como jefe te leían la cartilla?

-Al final soy jefe en cierta manera, hay unos productores a los que hay que dar cuenta. Hay mucha responsabilidad, porque hay más de cien personas implicadas, mucho dinero, muchas cosas en juego... Fue la primera serie para Amazon en España y tienes que dar cuenta muchas veces, vas con el culo apretado. Yo empecé en este mundo como actor, y poco a poco la vida me ha ido implicando más. Dar este salto era una responsabilidad muy grande, al principio daba mucho susto, mucho respeto.

-¿En casa no se habla de trabajo?

-Al final es imposible. Cuando trabajas con tu pareja es inevitable que las cosas vayan de un lado para otro, intentas mantener ese respeto del trabajo de cada uno, pero siempre lo hemos llevado bien, para mí es algo natural. Mis padres tuvieron un restaurante durante 40 años, para mí los negocios son algo familiar, yo en mi pueblo siempre he visto eso, mis padres tenían un restaurante, otros una ferretería... Para mí eso ha sido lo normal, de hecho el otro mundo, en el que cada uno tiene su trabajo, no es mi infancia. No le veo más que ventajas, no veo desventajas a trabajar con tu pareja. En general, lo llevamos bien. Y luego tenemos broncas, como todo el mundo.

-Pero tú de los dramas de pareja te reirás.

-Uno se ríe cuando puede, yo intento reírme y tomármelo a cachondeo y nada demasiado en serio, pero al final las relaciones son, como bien sabes, complicadas. Lo importante es tomarse todo con sentido del humor.

-¿Te enfadas mucho?

-Yo soy del carácter de mi padre y de mi abuelo, de carácter rápido, de rabia fácil, de cabreo instantáneo, pero se me pasa a los tres segundos. Tengo ese problema, que a veces parece que estoy enfadado y luego a la gente le dura, y a mí tres segundos. Pero luego tengo un problema, si me enfado y alguien hace una broma, o se me ocurre a mí, no puedo mantenerme. Intento estar serio, pero como se me ocurra a mí en el momento más inoportuno o en la mayor de las broncas, no lo puedo evitar. Pienso que si no lo digo en ese momento ya no lo puedo decir, tengo una enfermedad que me obliga a decir ese chiste en el momento más inoportuno. Mis enfados no me los tomo en serio ni yo mismo.

-En el momento álgido de una bronca, ¿se te ocurren chistes?

-Sí, en el momento más álgido pues por una frase que dice el otro... Además, es que es un chiste que si no lo dices en ese momento ya nunca más en la vida lo puedes decir, y pienso que no se puede permitir perder este chiste en el universo, me veo en la obligación moral de hacer el chiste. Normalmente esto no ayuda a terminar la discusión.

-Pero sí a rebajar la tensión.

-Normalmente añade tensión, pero por otra parte, creo que me saldría una úlcera si no lo hiciese.

-Pareces fácil de llevar como pareja.

-Bueno, eso se lo tendrías que preguntar a ella, igual piensa otra cosa. Pero creo que soy muy sensato, aunque la sensatez es una cosa que todos creemos tener porque es la nuestra, soy tan sensato que creo que siempre tengo razón.

-Hacéis el tándem perfecto, ¿os reís mucho?

-Hay una cosa que leí en un libro de que los polos opuestos se atraen, y yo creo que vivimos con esta idea romántica de los amores peleados, de que la pareja se atrae cuando no tiene nada que ver, y he descubierto que es lo contrario. Me he dado cuenta de que con quien mejor te llevas es con quien más se parece a ti. Yo intento rodearme de gente a la que me parezco, con la que tengo gustos comunes, los tiempos o la manera de comportarse, porque cuanto más se parezca, mejor te vas a llevar. Con lo de que los polos opuestos se atraen no estoy nada de acuerdo, si tú no tienes nada en común, es muy difícil estar de acuerdo para nada.

-¿Cómo ves eso de Tinder?

-Lo veo con envidia. ¿Por qué el Tinder no se inventó antes? No le veo ninguna desventaja, me parece una maravilla, para gente de sitios pequeños, donde el mercado es muy pequeño. De decir, los diez que estamos aquí ya lo hemos intentado y no ha salido bien.

-¡Quién te lo hubiera dado con 17 años!

-Con 17 o con 25. Es que no le veo nada malo. Al final es la parte difícil, el primer encuentro, luego todo es igual que siempre, hay que gustarse, conocerse, pero tienes tantas posibilidades con ese primer encuentro, te ahorras tanto dinero en copas al salir a buscar a la misma gente de siempre en los bares de siempre. Se abre un universo para ti que dices, qué pena que no hubiera existido antes.

-¿En qué momento se te pasó por la cabeza estudiar Arquitectura?

-De hecho, no tenía futuro como tal, porque soy disléxico con el dibujo, era algo sin ningún tipo de futuro ni posibilidad para mí. Me matriculé porque al ser de O Grove lo lógico era ir a Santiago o a Vigo, y la única razón para ir a A Coruña era Arquitectura o Informática, las únicas que no estaban duplicadas en Santiago y Vigo. Yo tenía una novia que estudiaba en A Coruña y la excusa era estudiar Informática o Arquitectura. Fue por descarte, Informática me daba pereza.

-¿Estudiaste Arquitectura por amor?

-Me matriculé por amor.

-¡Qué romántico!

-No sabía qué hacer con mi vida y me apetecía más A Coruña. También había otra razón, que si estabas en Santiago o Vigo era más fácil volver a casa cada dos por tres, pero si estabas en A Coruña quedaba más lejos. Era lógico quedarse más a menudo y no volver tanto a casa.

-¿Que se rompió antes, el amor o decidiste dejar Arquitectura?

-Se rompieron las dos cosas. Ni la Arquitectura ni el amor son eternos. Los edificios se caen igual que el amor.

-Eres muy disfrutón, de vino y baile.

-Soy de gustos sencillos, pocas cosas me gustan más que esas dos que dices. Yo si veo una romería, una orquesta... Bailar o tomar un vino con mis amigos. Intento hacer eso en mi día a día, pero es verdad que trabajo mucho, soy workaholic.

-¿Te cuesta parar?

-No es que me cueste, es que me divierte lo que hago, me viene de familia. Mis padres trabajaban mucho y yo siempre he visto eso en casa como parte de la vida, comíamos en el restaurante. Yo también hago la vida en torno a mi oficio, a mí me divierte estar con mi equipo de guion escribiendo, al día siguiente ir a rodar... Es parte de mi vida, he conocido a mis amigos trabajando. A Touriñán lo conocí trabajando. No hubiésemos podido quedar para cenar 100 veces, pero hemos hecho un par de obras y un proyecto audiovisual, y eso ha hecho que nos veamos con cierta frecuencia.

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