Tengo un safari en mi casa

De España a Sudáfrica. La crisis hizo que esta mujer emprendiera la aventura de su vida. Diez años después tiene una reserva en África de 2.000 hectáreas y recibe a turistas de todo el mundo que quieren conocer este fascinante país


Sí, Sandra Mas no tiene una vida muy convencional. Poco después de estudiar INEF en Bastiagueiro (Oleiros) dejó Galicia y España para convertirse en la protagonista de sus propias Memorias de África. Y allí en Sudáfrica, se fue abriendo camino hasta conseguir una parcela de 2.000 hectáreas, unos 20 kilómetros cuadrados, a hora y media de distancia del aeropuerto de Johannesburgo. En este lugar construyó un resort para turistas, pero también su hogar, donde convive con leones y búfalos. Un lugar fascinante en el que ha echado raíces y del que no tiene intención de irse.

«Cuando acabé la carrera me cogió la crisis. Entonces mi padre ya era agente de safaris y, bueno, yo he crecido acompañando a sus clientes. Después de terminar la carrera en Oleiros, me fui a Zaragoza a hacer un máster y luego a Canarias a realizar un doctorado. Y cuando había acabado de arruinarme estudiando me cogió la crisis y dije: ‘Mira, ¿sabes qué? Me voy a Sudáfrica porque es ahora o nunca. Cuando llegué, a la semana ya tenía trabajo porque aquí hay muy poca gente que hable español. Comencé como guía de safaris de turistas españoles».

Al poco de llegar, esta intrépida aventurera ya se había marcado un nuevo reto: «Me lie la manta a la cabeza, cogí un terreno e hice un resort y la verdad que está funcionando bastante bien porque está muy bien situado y cada vez tenemos más familias y más viajes de novios», explica Sandra, que todavía conserva amistades en A Coruña, hasta el punto de que una de esas amigas es una de las protagonistas del vídeo promocional del resort. «Conocí a Verónica Rey mientras estuve estudiando ahí la carrera. Éramos muy amigas y después la amistad ha continuado durante muchos años. Ella ya había venido a Sudáfrica y le encantó. La verdad es que África es un sueño que hay que ver al menos una vez en la vida. Y ahora que se había casado le dije: ‘Vente otra vez, haces aquí el viaje de novios y también las fotos de la boda. Y al final se ha liado con fotos y vídeo», apunta.

MONTAÑAS DE AGUA

La reserva se encuentra en una zona muy bien comunicada de la capital sudafricana: «Se llama Waterberg, que quiere decir ‘montañas de agua’. Es una zona donde tenemos muchas fuentes termales. El agua sale a una temperatura de entre 38 y 42 grados, con lo cual es una zona muy rica, no turística pero bastante concurrida en fin de semana por los sudafricanos que viven en las ciudades. La extensión del terreno es de 2.000 hectáreas -20 kilómetros cuadrados -. Y el nombre de la finca es Kambako, que quiere decir ‘elefante viejo’», aclara esta mujer natural de Tortosa (Tarragona).

En Kambako, Sandra tiene búfalos y bastantes leones: «Después está el tema de los elefantes, en mi finca no tengo porque comen mucho, pero sí en las de los vecinos. La verdad que es una zona muy buena porque tiene todas estas fuentes termales, tiene mucha vegetación, muchos árboles, con lo cual tenemos mucha fauna de forma natural. Todos mis vecinos se dedican a las vacas pero quieran o no tienen animales salvajes en su propiedad. Es uno de los encantos de África», explica quien sabe ya entender el lenguaje de los animales: «Normalmente cuando algo no les gusta te avisan, si sabes leer su lenguaje corporal no tienes ningún problema. Pero siempre tienes algún susto. Yo llevo aquí diez años y me ha pasado ya un poco de todo y en ese sentido siempre soy muy precavida», explica.

Sandra comenta que la vida en Sudáfrica poco tiene que ver con la imagen romántica de las películas que tenemos la mayoría: «La gente se piensa que esto es como Memorias de África y no es así. Es un país precioso, sobre todo, si te gusta el campo. Pero luego tienes limitaciones. Hay muchos artículos y muchas cosas que en España parecen obvias y que aquí no tienes. Me acuerdo que al principio no tenían cubo para la fregona. Me lo tenía que traer de España porque aquí todavía no existía. La gente escurría la fregona a mano. Es como si volvieras a España hace 80 o 100 años en ciertas cosas», unas carencias que ella intenta subsanar en Kambako para que sus huéspedes cuenten con todas las comodidades posibles, donde incluso pueden disfrutar de una piscina en el complejo. Además, un viaje con todo incluido para una pareja puede llegar a costar unos 3.500 euros: «No es tan caro como la gente se piensa», aclara.

A la protagonista de esta historia la vida la ha llevado a Kambako y pocas cosas la harán moverse de aquí: «Tengo una inversión muy grande en este país, no está en mis planes volver a España a no ser que pase algo raro en Sudáfrica. Creo que aquí estoy bien», concluye esta emprendedora.

1. CON UN CACHORRO DE LEÓN

Sandra Mas aparece en la foto con uno de los cachorros de león que tiene en su finca de Sudáfrica.

2. CIELO ESTRELLADO

Naturaleza en estado puro. Así luce la finca Kambako, que significa 'elefante viejo'.

3. AVISTAMIENTO DE ANIMALES

Sandra, en la imagen, contemplando a una jirafa que pace tranquilamente cerca de su finca.

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