Los restaurantes más bonitos y baratos de Galicia

Gourmet por 20 euros o menos. Comer bien es un lujo asequible en estos locales gallegos que seducen al sibarita y el bolsillo. Disfruta de la buena mesa que no pesa

Carlos Crespo María Garrido

Comer bien es un lujo al alcance de todo el que tenga gusto en esta ruta por los restaurantes más bonitos y baratos de Galicia. ¿Tienes tu propia lista? Aquí va la nuestra para la temporada. Te esperamos a mesa puesta. De la última tendencia gourmet en A Coruña a las propuestas más tentadoras de Santiago, Ourense y Arousa. Abre la carta y prueba, vas a tocar el cielo.

En O Ceo, que ocupa el lugar de lo que fue la mítica Savoy de A Coruña en San Andrés, nos dejamos aconsejar en vinos (tienen más de 300 referencias, muchas gallegas, y unas 2.500 botellas) y damos por finalizada la reina más sabrosa de las discusiones caseras: ¿cuál es la mejor tortilla? O Ceo la prepara a tu gusto, o al estilo de tu madre, y al momento. Con la patata «entera o machacada», más suelta o más compacta, tú decides si quieres poner las condiciones. Julio y Marcos abrieron este pedazo de cielo para paladares exquisitos, que es vinoteca y tienda, hace un par de años. El local ya tiene su eco en Google y TripAdvisor, y una terraza con cuatro mesas que da a la plaza de la Galera (perfecta para que los niños jueguen como niños). «El tique medio puede estar entre 10 y 15 euros por persona, comiendo con vino», asegura Julio. Su carta es «pequeña pero buena». Y hay gente que viene «solo por las anchoas». «Preferimos hacer poquitas cosas y bien que muchas pero malas», esta es la máxima.

El picoteo y los menús están todos pensados en torno al vino. Quizá su toque más original en la carta son las que llaman galeras. «Las hicimos en honor de la plaza en la que estamos. La gente nos pregunta: ¿Y qué son las galeras? Son como sartenes, pero quisimos darles un nombre diferente, como hizo el Rogelio con los bocatas, que todo el mundo los conoce por los guerrilleros o los boinas verdes. Nos gustaría que la gente sepa qué es una galera», cuenta Julio.

Las tostas son otra de las tentaciones que te animarán a volver a dejarte caer por O Ceo. Una de las favoritas es la Gallega Cien por Cien, que lleva mermelada de grelos casera («que hacemos nosotros aquí»), queso de San Simón y chicharrones de cerdo celta. En tortillas, ya sabéis, huevo, patata ¡y el gusto es vuestro! O Ceo las prepara minis y normales. La puedes pedir paisana, con queso gallego, con chicharrones o con jabuguitos Sánchez Romero Carvajal (casa matriz de 5 Jotas). «Para mí, la última es espectacular. Ya solo cuando la están haciendo, huele...», ahí lo deja el equipo de O Ceo, que cuenta con la mano de Jose en la cocina.

Trabajan cada vez más con reservas para grupos (de hasta 40 personas), para los que ofrecen menús que rondan los 20 euros. El boca a boca nos trae a O Ceo, donde también tienen su gracia las piruletas de queso de cabra, que quizá son más chupachups. Podemos discutirlo con uno de sus ricos «desamparados» (vinos gallegos sin denominación de origen que merece la pena descubrir). La sorpresa potencia el sentido del gusto. 

Pleno disfrute en O Trasno 

Tiene Carlos Revelo, propietario de la cambadesa A Taberna do Trasno, muy claro que el pleno disfrute del comensal en la mesa no solo depende de lo que llega en el plato. «El entorno tiene que formar un conjunto armónico que acompañe y haga más placentero ese momento», comenta. Y en este caso, a fe que lo hace.

En O Trasno se han mimado con exquisitez todos los detalles: la comodidad de las sillas, una muy cuidada iluminación y una decoración elegante a la vez que funcional en la que sobresale la presencia vegetal. Las grandes plantas ornamentales procuran intimidad y delimitan espacios y ambientes, aunque en el restaurante no hay zonas reservadas a una u otra oferta. En su día sí hubo una parte destinada a la taberna. Hoy la carta es única y el servicio el mismo en todo el local.

Y tiene esa carta un fundamento incuestionable: el producto. «A Taberna do Trasno es, en esencia, producto», incide su propietario y, a su vez, responsable de la cocina. «El fin de semana pasado me llamaron de la lonja de Vigo para avisarme de que había entrado un atún rojo y pedí la ventresca. Ayer me dijeron que había una lubina de 10,5 kilos y también pedí que me la trajeran. Y el carnicero me avisó de que tenía una vaca extraordinaria macerando y, por supuesto, se la reservé», relata Carlos Revelo.

Fruto de esa pasión por el producto nacen cada día platos que, a modo de sugerencia, se incorporan a una carta ya de por sí sugerente. El día que lo visitamos había foié con manzana y sardina ahumada y un kebab de ternera gallega. A ello, insistimos, hay que añadir una carta que llega a proponer «un paseo por el mundo», con platos como los tacos de cochinita pibil, cebolla encurtida y crema de aguacate; el cebiche de pescado del día con maíz tostado o el chillo crab de txangurro y langostinos. No conviene descuidar la oferta que llega de las brasas.

Si la rúa de San Pedro no pasa de moda en Santiago es por la incorporación paulatina de nuevos locales a su oferta que le van dando aires diferentes. A Tasquiña ya ha alcanzado la madurez tras tres años de buen trabajo con una clientela muy fiel que lo mismo pasa por este pequeño local -ocho mesas, veinte comensales- para tomar solo un vino, o para terminar comiendo o cenando de manera informal. 

Una tasca moderna

Es lo más habitual en una calle de pandillas fijas, que salen más de una vez a la semana y que un día pican en un local y al siguiente se sientan a comer en otro. En esa ruta ha calado el que dirigen Cristian Rodríguez y su mujer, Raquel, que exprimen al máximo una pequeña cocina en la que no han querido volverse locos: «Tenemos diez platos distintos, y los jueves, para cambiar la dinámica, preparamos hamburguesas caseras para cenar. Lo único que no preparamos aquí es el pan», comenta. Toda la carta está pensada para compartir, y la especialidad que marca la diferencia son las croquetas de choco y jamón, que hacen con leche de cabra. Los que busquen algo más contundente pueden probar con la carne richada o la croca de vaca vieja, y adentrarse sin miedo por el resto de las propuestas porque la máxima es hacer pocas cosas bien, «sin mayores pretensiones». Esa contención en la propuesta también se nota en el precio, ya que una pareja puede cenar y tomar unos vinos por 25 euros entre los dos. Funcionan por el día y por la noche, pero las horas más fuertes para la cocina comienzan a las ocho de la tarde. Por la mañana, el día de mayor afluencia es el domingo, porque se han especializado en vermús y vinos gallegos, de las cinco denominaciones. A Tasquiña también guarda un secreto a voces. Si se avisa con antelación, se pueden disfrutar los combinados de Cristian, que es el vigente campeón gallego de coctelería.

En el gastrobar ourensano Lagarza apuestan por una pequeña selección de raciones en las que combinan alimentos tradicionales con creaciones culinarias mucho más innovadoras. Desde modernas tapas de pan bao, hummus caseros de calabaza y aceituna, hasta un tradicional entrecot laminado al plato. 

No importa la espera

Pasando por tacos de productos gallegos, nuggets de pollo ecológico o ensaladas con auténtica burrata italiana. Sin duda el sabor es delicioso, pero lo mejor está en el sitio y en el precio. El tique medio ronda los 12 euros por persona en una mesa que pide para compartir, algo que se recomienda para probar las distintas opciones de la carta. El local sigue una estética que se asemeja a una selva, un bosque bañado por luz cálida en el que no falta la vegetación, los troncos de árboles y las aves -una escultura de una garza preside la barra-. «Tenemos dos ambientes o propuestas diferenciadas. Por un lado está el restaurante y por otro el gastrobar. Esta última es una opción más desenfadada, sin reservas. Aunque prima la calidad y el servicio en las dos, eso sin duda», explica la encargada de Lagarza, Mar Bugallo. Los clientes se van sentando según su orden de llegada, así que en los momentos de mayor afluencia, como el fin de semana, es muy posible que toque esperar. Se trata de una espera agradable, ya que el local está pensado para ella. «La atención es muy cuidada y empática. Solemos recomendar el vino que más se ajusta a cada persona y con cada consumición ofrecemos ya un pincho para ir frenando el hambre», cuenta Mar. Tanto es así que afirman que los clientes suelen animarse a esperar en vez de buscar otro sitio en el que comer o cenar. También ofrecen una amplia variedad de vermús y entre semana, a mediodía, trabajan con un menú que permite comer por 9,50 euros al día, en el que se incluyen un plato, guarnición, bebida y café.

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