Irene Arcos, actriz de «El embarcadero»: «No salgo a la calle pensando en que soy un mito erótico»

Dice que lo que siente cuando llega a Galicia, no lo siente en otro lugar. Aunque en La Albufera ha encontrado un sitio muy especial. Como su personaje, que además de abrirle las puertas, le ha removido por dentro


Es uno de los tres vértices del triángulo amoroso de El embarcadero, una serie que la ha hecho despuntar en el mundo de la interpretación. Irene Arcos (Madrid, 1981) ha conquistado al público con su papel de Verónica, un personaje que, incluso, la ha cambiado como persona. «Ojalá se quede en mí un ratito», confiesa. Ella donde se quedaría es en Galicia, en A Coruña, donde se siente como en casa.

-¡Menuda segunda temporada! Las primeras escenas son...

-Viene una segunda temporada diferente, con más acción, más protagonismo del thriller. Los personajes esta vez se van a dar un poco la vuelta, van a estar todos más al límite de sí mismos. Concretamente en Verónica, mi personaje, veremos cómo la culpa hace mella en ella, en sus sentimientos, en su forma de ver el mundo. Aparecen las inseguridades, las dudas. Después de una primera temporada que resultó más luminosa, más fuerte, ahora se mostrarán más las sombras.

-Con la sensualidad a tope...

-Es una serie que tiene un marcado carácter erótico, sexual, y en esta segunda temporada continúa un poco lo que ya estuvimos viendo en la primera.

-¿Te nace o se la pones al personaje?

-No sabría decirte cuánto hay de mí y cuánto del personaje. Verónica es una mujer que tiene unos ritmos al hablar, al mirar... Es una composición que hemos ido trabajando, supongo que el contexto donde ella está, esa casa, esa vida, ella es una mujer autosuficiente, todo eso... Yo creo que contribuye al magnetismo que tiene ese personaje.

-Es muy generosa en el amor.

-Ya en la primera temporada vimos de dónde viene ella, lo que le pasó a sus padres. Tiene un pasado tan triste que decide sentarse y construirse a sí misma desde otro lugar, desde la luz. Creo que la vida, en general, es así, la luz y la sombra. Hasta en los personajes de Star Wars. Ella entiende el amor de dentro para fuera, construye su vida imponiendo sus reglas: la libertad, el ser uno mismo, la generosidad, prevalecen por encima de todo. No quiere ataduras, ni condicionados, porque cree que así las relaciones se van al garete, ensombrecen. Quiere mantenerse en la luz, es una forma de amar muy generosa que implica no querer tener a nadie retenido.

-¿Te identificas con ella?

-Me identifico con las dos, creo que todos las mujeres y todos los hombres podemos tener una Verónica y una Alejandra dentro, depende de las situaciones y de las circunstancias, a veces tiramos más a una que a otra. Con Verónica Sánchez lo he hablado muchas veces, podríamos ser las dos caras de la misma moneda. Tenemos nuestra parte más salvaje y nuestra parte de miedos.

-Has dicho que no te ha pasado, pero nadie está libre de querer a dos personas a la vez, ¿no?

-Hace poco mi madre me sacó un artículo: «Mira, dicen que claro que te puedes enamorar de dos personas». Y yo: «Claro que sí mamá, como una posibilidad, por poder, claro que se puede». Ahora, a mí no me ha pasado, a día de hoy, no. Cuando me he enamorado, me he enamorado, cuando me he desenamorado, me he desenamorado, he reseteado y me he enamorado de otra persona. Esos han sido los ciclos hasta ahora. Pero claro que entiendo que pueda pasar, sobre todo en relaciones largas; a lo mejor no te desenamoras de tu pareja, pero conoces a alguien y te quedas flasheado.

-¿Cómo llevas convertirte en mito erótico a los 37 años?

-Me hace mucha gracia. Si te soy honesta no salgo a la calle pensando en que soy un mito erótico. Me hace gracia y entiendo que Verónica (el personaje) pueda tener esa imagen, pero yo en mi día a día no me siento un mito erótico para nada. Y con 37 pues bienvenido sea, y con 40 también, y con 50. Que el erotismo de las mujeres no pasa por tener solo 20 años. La sexualidad está en todas la edades, así que si aprendemos a mirar por ese lado, mira qué bien.

-¿Te ha abierto muchas puertas?

-Me ha dado a conocer mucho, es un papel protagonista en una plataforma como Movistar, que además es para el mundo, te sitúa en el mapa, la gente te pone cara nombre y apellidos, es una carta de presentación buenísima. Las puertas se van abriendo, o no, como vaya surgiendo la vida. ¿Que tengo más posibilidades de hacer cástings? Sí, pero bueno, hay que hacerlos, estar allí. También hay muchas actrices buenas. Al final creo que lo que es para ti, es para ti.

-Ahora ya nadie te preguntará de dónde has salido. ¿Cómo lo llevas?

-Bien, porque ha habido mucho cariño y mucho respeto, no me he sentido avasallada, ni que estaban invadiendo mi intimidad. Luego hay cosas surrealistas como el otro día en el metro, que venía de mis clases de inglés, y había unos chicos jóvenes sentados dándose codazos y preguntándose: «¿Quién es? ¿Quién es?», buscando fotos en el móvil. Te hacen sentir con vergüencilla, pero más allá de cosas puntuales, me han tratado con mucho cariño.

-¿Te ha cambiado como persona este proyecto?

-Es que ha sido una serie donde hemos movido mucho. El espectador se puede emocionar, reír, enamorar... pero nosotros también, acabas tocando cosas. A mí meterme en la piel de Verónica, la generosidad con la que ve la vida, la pureza, su fortaleza, una mujer autosuficiente, la relación que tiene con la naturaleza... Hay algo de todo eso que se va quedando, que va formando parte de ti. Al final todos nosotros nos vamos haciendo con lo que vamos viviendo, y en la interpretación, que es verdad que son cosas falsas, que no es la vida real, hay cosas que quieres que se te queden. También hay otros proyectos que dices: «De este personaje, mejor que no se me quede nada». Porque es más oscuro, da mal rollo, pero hay otros que tienen una luz, una fuerza, que dices: «Que se quede en mí un rato».

-¿Las escenas de sexo forman parte del trabajo o ha sido complicado?

-No sé, forman parte del trabajo. Intentas no rayarte mucho cuando tienes que hacerlas, porque no es lo que estás deseando hacer, o por lo menos yo no, ni dices: «¡Qué bien!». Pero luego llegas allí, el equipo es súper respetuoso, tiene las cosas muy claras, todos estamos a favor, y se hace fácil. Confías en la sensibilidad de los directores, que son quienes le van a poner el sello, porque una escena de sexo puede ser de muchas maneras.

-¿Mera o La Albufera?

-Para Irene será Galicia y para Verónica La Albufera, porque mi corazón está ahí, en A Coruña en general. Para mí es una de las ciudades más bonitas del mundo, tengo amigos, está mi infancia, las raíces de mi madre, la abueliña, mi padre es de Madrid pero siempre ha veraneado allí... En mi casa todos son gallegos. Yo llego y me siento en casa. Lo que siento cuando llego ahí no lo siento en otro sitio. Ahora, que La Albufera es maravillosa. He descubierto un sitio muy especial y muy único.

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