La dieta vegana engorda

Son muchos los beneficios de la proteína animal, pero si te lanzas al veganismo de forma salvaje podrías perderlos. Antes de cambiar de dieta, asesórate. Tu salud te lo agradecerá


Aunque lo pueda parecer, este reportaje no pretende que dejes de ser vegano. Ni mucho menos. No queremos hacer cambiar a nadie de opinión, pero sí advertirte de lo que opinan los expertos por si acabas de aterrizar en el mundo del veganismo. Porque puedes seguir siendo fiel a tus creencias, sin descuidar la salud. Desde que has dejado atrás el mundo animal, es posible que hayas visto cómo la aguja de la báscula se ha movido ligeramente hacia la derecha. Sí, esto ocurre. Sobre todo a los que no se ponen en manos de profesionales para dar el salto de una dieta a otra.

Una de las principales razones que explican el aumento de peso la encontramos en el tipo de proteína. Los veganos «se cargan» las de origen animal de su alimentación, y las cambian por las de origen vegetal, que tienen muchas más calorías. Solo un dato: un filete de pollo tiene 80, mientras que un plato de garbanzos, 300. «Este es uno de los errores que veo más a menudo, como no tienen ni idea, se pasan la vida comiendo arroz con garbanzos o cereales. Me refiero a gente joven. Como lo ven vegetal, lo comen. Me encuentro a muchísima gente vegana que engorda muchísimo», señala la nutricionista Ana Golpe, que recuerda que bien asesorado se pueden conseguir los cinco nutrientes que suelen estar carentes en las dietas veganas. «Es que no solo hay que pensar que engorda más -insiste-, sino en las patologías que pueden ir asociadas a no consumir cierto tipo de nutrientes».

Como apunta Ana, y confirma la también experta en nutrición Fátima Branco, el vegano tiende a abusar de los carbohidratos. «No puede alimentarse solo de verduras y hortalizas, así que suele acompañar sus comidas de pasta, arroz, quinoa, cereales... Y esto se repite mañana y noche», señala Branco. Otro de los motivos, de peso, está en la digestión. Para digerir las proteínas «animales» nuestro cuerpo gasta más calorías que para los hidratos y las grasas. Es decir, que si comemos un filete de ternera quemamos un 27 % de calorías, pero si ingerimos un plato de quinoa ese gasto solo será de un 7 %. Cierto que la diferencia no es tan grande con las «vegetales», pero ni aun así consiguen mover el organismo al ritmo que lo hacen las otras. Además, «la proteína es el único alimento que no se reserva en forma de grasa, es lo que te va a ayudar a adelgazar», dice Golpe.

Y cuando parece que vamos a elevar a la proteína al reino de los cielos, nos dan más argumentos para hacerlo. Son las que mantienen la masa muscular, por lo tanto al hacerse vegano uno pierde músculo, y cuanto menos tenemos, menos calorías quemamos. «Por eso insistimos tanto en hacer deporte, porque si tenemos masa vamos a adelgazar más», comenta Branco. Ambas profesionales destacan el poder saciante de la proteína y cómo es capaz de ralentizar la digestión, favoreciendo que tardes más en tener hambre. De lo contrario, el riesgo de caer en el picoteo es elevado.

Golpe quiere hacer hincapié en la importancia de seguir una dieta rica y equilibrada, ya que en su consulta se ha encontrado con complicaciones de salud derivadas de la falta de nutrientes en la alimentación. «Yo he tenido pacientes con problemas de párkinson por no consumir durante bastante tiempo la vitamina B12 (presente en alimentos de origen animal) o con dificultades para tener hijos, y a la larga han optado por introducir pescado en su alimentación, han dejado de ser veganos», indica Ana, que siempre pone por delante la alimentación que quieren llevar sus pacientes, aunque intenta adaptar los menús para no descuidar la salud.

Otra de las situaciones que, a menudo, le plantean en su consulta es el rechazo a consumir carne roja. «Se ven muchas anemias derivadas de esto, porque es donde se encuentra el hierro, y cuanto más cruda, mejor. Y para que la absorción sea completa no basta con tomar únicamente carne roja, lo mejor es tomar vitamina C al mismo tiempo. Es muy importante consumir carne roja y una naranja a la vez», recomienda la nutricionista. De hecho, no es la primera vez que padres recurren a ella preocupados por el cansancio, fatiga o déficit de atención de sus hijos, que al querer volverse veganos se originan una anemia con todas estas consecuencias.

LA ORGANIZACIÓN ES CLAVE

Golpe asegura que lleva más de veinte años haciendo dietas, y que en los últimos cinco el veganismo se ha impuesto notablemente en la forma de comer. «Está la gente que entiende y que lo hace bien o el que no entiende y que tiene que acudir a un nutricionista para organizar bien ese menú. Ahí no hay problema, porque se hace de forma controlada, pero con la gente vegana sin control, sí. La mayoría engorda. Comen pan, patatas, hidratos... incluso en una fiesta me he encontrado gente comiendo Cheetos, que lleva grasa de cerdo aunque parezca que es maíz», explica Ana, que asegura que bien asesorado se puede compaginar una dieta vegana con estar delgado y sano. «Hay fórmulas -añade- para hacer combinaciones de alimentos que se acercan a la proteína animal, aunque sin llegar a ser lo mismo».

Y en lo que parece una campaña a favor de la proteína animal no podemos obviar que hay más de 25 estudios que aseguran que las dietas bajas en carbohidratos, -algo que no suelen seguir los veganos-, reducen el apetito, bajan la grasa abdominal, suben el colesterol, mejoran la tensión arterial, la glucosa en sangre... Como veis, sobran los motivos para hincarle el diente a la proteína animal, pero en cualquier caso, no pedimos el voto para ella, solo responsabilidad a la hora de alimentarse.

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