Padre Alonso: «Le dije a un novio que no se casara, no me hizo caso y a los 20 días se separó»

El 19 de marzo del 92 sucedieron tres hechos históricos: el quinto centenario del descubrimiento de América, la Expo de Sevilla y la ordenación del padre Alonso, uno de los párrocos más queridos de Galicia. Los domingos más de 500 fieles asisten a sus misas


Él lo niega, pero se le resisten pocos novios. Todos se quieren casar con él. Además del párroco de Liáns, José Carlos Alonso (A Coruña, 1965) lo es de otros cuatro templos, aunque el de Oleiros sea su mejor escaparate. Pero más que de Liáns, el padre de Alonso, se siente orgulloso de Santa Cruz, «donde hay un montón de voluntariado echando una mano, donde atendemos a 100 familias a la semana, de donde salieron cuatro vocaciones en los últimos años. Eso es vida de una parroquia, Liáns es anécdota».

—Pero, ¿qué tiene Liáns?

—Antes de llegar yo ya había tantas bodas, así que no debe de ser cosa del cura. Tiene un marco incomparable, una entrada empedrada, bucólica, un bosque lleno de plátanos haciendo un arco precioso. Tiene una iglesia del Barroco-coruñesa que es muy raro, no existe mucho por aquí, un aparcamiento fantástico, y que acogemos muy bien a la gente. La parroquia no la hace el cura, la hace el cura, los que dan los cursillos prematrimoniales, los de Cáritas, los catequistas... Somos muchos trabajando en la parroquia con un ambiente muy afable, y el que viene se siente cómodo.

—Y que las bodas son muy amenas...

—Una vez tuve dos bodas de dos chicas del mismo barrio el mismo día. Una hizo todo lo que se le aconsejó: un saludo inicial, los amigos hicieron las lecturas, una acción de gracias... Y la otra no tuvo nada, hasta tal punto que le dije: «¿Quieres que baje a darle el beso al novio?». Es lo que me faltaba. Una salió muy dinámica y otra como la boda del cura, sota, caballo y rey. Cuando la familia y los amigos participan salen muy entrañables, eso no solo lo facilitamos sino que lo fomentamos.

—También son amenas porque te gusta indagar sobre los contrayentes.

—Yo hablo del mensaje cristiano, yo les digo a los novios lo que les tengo que decir que es fidelidad, entrega, generosidad y amor, pero tengo que insertarlo en su realidad. A lo mejor le digo: «Aunque llegues tarde a casa porque eres mecánico, y cansado, lo primero que tienes que arreglar son las cosas de tu matrimonio», por ejemplo. Cosas personales, que a ellos les sorprende porque no se lo esperan, y que sirven para que sepan que no es una boda en serie, sino personalizada. Se customizan, que se dice ahora.

—A veces nos pasamos de participativos, ¿no?

—Hay gente que te plantea música distinta o que te dice si puede traer tal cosa. Yo les digo: «Puedes traerlo fuera del ámbito religioso». La ceremonia la marca la Iglesia, pero dentro de eso hay mucha libertad. Puedes escoger la lectura, no vas a poner la de Los Corintios que es la que coge todo el mundo; las peticiones, ponlas católicas pero como tú quieras; la música, teniendo en cuenta que la música es para Dios no para nosotros... Se trata de combinarlo todo de modo que a los novios les guste y sea acorde con el público.

—¿Tienes ojo para esto del matrimonio? Instinto prematrimonial...

—En una ocasión expresamente le dije a un chico: «No te cases». Yo veía que no era el momento oportuno. No me hizo caso, se casó y a los 20 días estaban ya separados. Son cosas que se ven.

—¿Has casado a los hijos de los primeros novios que casaste?

—Llevo 28 años de cura y ya casé a los hijos de parejas, y también bauticé a sus hijos. Voy por la tercera generación. Pocas, porque son las bodas del primer año. A un decano de la Universidad, un compañero mío, lo casé pocos días después de mi ordenación, y hace un par de años ya celebré sus bodas de plata.

—¿En estos 28 años, alguno en vez de sí dijo no, aunque fuera por error?

—Un hombre que se quedó en blanco. Estaba obnubilado hasta que la mujer le pegó un codazo: «Que contestes, hombre», y contestó. Otro caso que se empezó a reír, a reír... otra a llorar, a llorar...

—Es un momento de muchos nervios.

—Sí, la gente no sabe cómo reaccionar a veces. Estoy pensando en esa pareja mirando para mí con los ojos clavados, y yo le decía: «Sí, sí quieres». Hasta que la mujer le pegó el codazo.

—¿La gente cada vez se casa menos por la Iglesia?

—De todos los años que llevo de cura, el año pasado fue el que más se notó el bajón, de un 20 % más o menos, pero este año ya ha vuelto a subir... No sé.

—Lo quieren poner más difícil. Estos días se publicaba que querían ampliar el cursillo de 20 horas a dos años, ¿no?

—No, lo que plantea la Iglesia es un itinerario para novios. Son tres cosas distintas. Por un lado, habrá gente que sea católica y practicante, de misa, que se quiera preparar bien, e igual lleva un año, en nuestra diócesis esto ya existe, y es lo que se llama itinerario de novios. Luego está el cursillo, la preparación, una cosa inmediata, lo de los dos días. Y también hay el post, la Iglesia también acompaña a las parejas recién casadas a superar sus dificultades. Pero el cursillo seguirá siendo de un par de días.

—¿Qué experiencia tienes de estos cursillos?

—Siempre digo que hay cuatro razones para que se casen: uno, porque son católicos y practicantes; dos, porque son católicos, de BBC (bodas, bautizos y comuniones) y se quieren casar como Dios manda por la Iglesia; tres, les da exactamente igual pero es tan bonito el marco.... y cuatro, les da igual todo pero a la madre de la parte contratante no le da igual. Siempre hay una de las cuatro razones.

—¿Los matrimonios que salen de Liáns duran?

—No depende del marco, depende que se hablen, se comprendan, se perdonen...

—No tenemos aguante.

—Antes se aguantaba más, pero vivimos en la cultura del hedonismo, lo que quiero es lo que me produce placer al momento, no lo que me suponga un esfuerzo. El amor tiene tres fases: el conocimiento, la pasión, y luego el cariño. El afecto da lugar a otro tipo de amor, y a veces cuando se va la pasión, no nos llega y buscamos nuevas sensaciones. Cuando uno se casa por la Iglesia es para siempre. Yo cuando me casé [con Dios] pesaba 79 kilos y hoy peso taitantos. Uno cambia, cambia físicamente, y hay que adaptarse. A veces nos casamos con la idea que tenemos del novio, no con el novio o novia.

—Hay una estadística que dice que a los 5 años el 40 % acaban en divorcio.

—La cifra es real, y a los 15 años el 60 %. Cuando pasa la pasión, queremos esas sensaciones para siempre, vivas, y no puedes mantener siempre tensa la cuerda porque rompe. Hay momentos de tensión, y otros de rutina, y en la rutina también tienes que poner amor. Al levantarte por la mañana, hay que decir te quiero, vivir, compartir, discutir y al acostarte volver a decirlo otra vez, porque si no, se convierte en una mera convivencia. A los 5 años de matrimonio uno todavía se siente joven, en el mercado y puede haber esa compañera que se fija en que te has cambiado el pelo, en qué blusa más bonita llevas... Si en casa no te dicen nada, parece que la comida de fuera es más rica que la de casa, y al final es igual que la de casa.

—Un cura muy moderno, muy puesto en las nuevas tecnologías, ¿cómo te piden que los cases? ¿Por WhatsApp?

—Tenemos una web que tiene 130.000 visitas. Pero sobre todo, el boca a boca, la gente que va a una boda, le gusta y la elige para lo suyo. Pero he preparado bodas por Face Time. Viven en el extranjero y la preparas igual, eso no quita que cuando vengan, haya un trato personal. Hay que distinguir, los novios quieren una ceremonia, y la Iglesia te da un sacramento y hay que recibirlo en gracia, confesar, y eso no se puede hacer por WhatsApp.

—¿Les pones deberes a los novios?

—Les aconsejamos lecturas, folletos, pero tanto como deberes... Bastante tienen ellos con lo que van a hacer, pero sí que sepan que van a hacer un acto en la Iglesia, no un acto civil vacío de contenido, y para que sepan de qué va hacemos el cursillo, y como dura 20 horas, les damos cosas para que lean, ahora si luego lo hacen o no...

—¿Has visto «Los dos papas»?

—Sí. Como entretenimiento está muy bien. Es una evolución, primero pone al papa Francisco como muy progresista y luego pone a Benedicto como más arcaico pero al final es más humano Benedicto y es fruto de su vida pasada, de lo que le pasó en Argentina con la dictadura a Bergoglio. Hay un error en la película, pone basada en hechos reales, y no es verdad, esa reunión nunca existió. A mí me gusta porque humaniza mucho a Benedicto.

—¿Con qué perfil te identificas más?

—Cada tiempo tiene su papa. En el momento en que la Iglesia estaba cerrada al mundo, el Espíritu Santo puso ahí a Juan Pablo II, el papa de los jóvenes, de los cinco continentes. Pasados unos años, cuando había problemas doctrinales, apareció Benedicto XVI, la cabeza más impresionante del siglo XX, no en el sentido eclesiástico, sino filosófico, no hay una cabeza como esta aclarando conceptos doctrinales... Se hizo muy humano cuando dimitió, la gente lo quiso más, no porque se fuera, sino ese lado humano de no puedo con la Iglesia, me aparto, y en estos tiempos de tanto desequilibrio social, llega el papa de la caridad.

—También plantea que muchos de los problemas de la Iglesia se podrían minimizar si se permitiera casarse.

—Hoy el papa Benedicto nos indicaba que el celibato es un tesoro de la Iglesia. La Iglesia anglicana se casa, tiene infinidad de vocaciones menos que nosotros, la protestante de Alemania, lo mismo... El problema no está en casarse o no. ¿Por qué cada vez duran menos los matrimonios? Porque vivimos en una sociedad en la que el compromiso a largo plazo no acaba de cuajar... No es cuestión de celibato, sino de entrega y generosidad. Yo soy de estilo como Francisco, no le llego ni a la suela de los zapatos; como Iglesia pienso más como Benedicto, y mi papa de corazón es Juan Pablo.

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