Padre Alonso: «Le dije a un novio que no se casara, no me hizo caso y a los 20 días se separó»

YES

VÍTOR MEJUTO

El 19 de marzo del 92 sucedieron tres hechos históricos: el quinto centenario del descubrimiento de América, la Expo de Sevilla y la ordenación del padre Alonso, uno de los párrocos más queridos de Galicia. Los domingos más de 500 fieles asisten a sus misas

21 ene 2020 . Actualizado a las 00:07 h.

Él lo niega, pero se le resisten pocos novios. Todos se quieren casar con él. Además del párroco de Liáns, José Carlos Alonso (A Coruña, 1965) lo es de otros cuatro templos, aunque el de Oleiros sea su mejor escaparate. Pero más que de Liáns, el padre de Alonso, se siente orgulloso de Santa Cruz, «donde hay un montón de voluntariado echando una mano, donde atendemos a 100 familias a la semana, de donde salieron cuatro vocaciones en los últimos años. Eso es vida de una parroquia, Liáns es anécdota».

—Pero, ¿qué tiene Liáns?

—Antes de llegar yo ya había tantas bodas, así que no debe de ser cosa del cura. Tiene un marco incomparable, una entrada empedrada, bucólica, un bosque lleno de plátanos haciendo un arco precioso. Tiene una iglesia del Barroco-coruñesa que es muy raro, no existe mucho por aquí, un aparcamiento fantástico, y que acogemos muy bien a la gente. La parroquia no la hace el cura, la hace el cura, los que dan los cursillos prematrimoniales, los de Cáritas, los catequistas... Somos muchos trabajando en la parroquia con un ambiente muy afable, y el que viene se siente cómodo.

—Y que las bodas son muy amenas...

—Una vez tuve dos bodas de dos chicas del mismo barrio el mismo día. Una hizo todo lo que se le aconsejó: un saludo inicial, los amigos hicieron las lecturas, una acción de gracias... Y la otra no tuvo nada, hasta tal punto que le dije: «¿Quieres que baje a darle el beso al novio?». Es lo que me faltaba. Una salió muy dinámica y otra como la boda del cura, sota, caballo y rey. Cuando la familia y los amigos participan salen muy entrañables, eso no solo lo facilitamos sino que lo fomentamos.

—También son amenas porque te gusta indagar sobre los contrayentes.

—Yo hablo del mensaje cristiano, yo les digo a los novios lo que les tengo que decir que es fidelidad, entrega, generosidad y amor, pero tengo que insertarlo en su realidad. A lo mejor le digo: «Aunque llegues tarde a casa porque eres mecánico, y cansado, lo primero que tienes que arreglar son las cosas de tu matrimonio», por ejemplo. Cosas personales, que a ellos les sorprende porque no se lo esperan, y que sirven para que sepan que no es una boda en serie, sino personalizada. Se customizan, que se dice ahora.

—A veces nos pasamos de participativos, ¿no?

—Hay gente que te plantea música distinta o que te dice si puede traer tal cosa. Yo les digo: «Puedes traerlo fuera del ámbito religioso». La ceremonia la marca la Iglesia, pero dentro de eso hay mucha libertad. Puedes escoger la lectura, no vas a poner la de Los Corintios que es la que coge todo el mundo; las peticiones, ponlas católicas pero como tú quieras; la música, teniendo en cuenta que la música es para Dios no para nosotros... Se trata de combinarlo todo de modo que a los novios les guste y sea acorde con el público.

—¿Tienes ojo para esto del matrimonio? Instinto prematrimonial...

—En una ocasión expresamente le dije a un chico: «No te cases». Yo veía que no era el momento oportuno. No me hizo caso, se casó y a los 20 días estaban ya separados. Son cosas que se ven.

—¿Has casado a los hijos de los primeros novios que casaste?

—Llevo 28 años de cura y ya casé a los hijos de parejas, y también bauticé a sus hijos. Voy por la tercera generación. Pocas, porque son las bodas del primer año. A un decano de la Universidad, un compañero mío, lo casé pocos días después de mi ordenación, y hace un par de años ya celebré sus bodas de plata.

—¿En estos 28 años, alguno en vez de sí dijo no, aunque fuera por error?

—Un hombre que se quedó en blanco. Estaba obnubilado hasta que la mujer le pegó un codazo: «Que contestes, hombre», y contestó. Otro caso que se empezó a reír, a reír... otra a llorar, a llorar...