Hildita se despide de Hildita


Esta es una historia dulce que termina con sabor amargo. El final de un negocio con solera es una noticia triste. Ocurre casi todos los meses en algún punto de Galicia que un establecimiento de siempre cierra sus puertas. Del que les hablo está situado en el centro de A Coruña y tiene sus cruasanes contados. Se llama Dulces Hildita y fue fundado en 1952 en la calle Vereda del Polvorín por un maestro pastelero, Juan Campos Oller. De esos que a mitad de siglo pasado eran capaces de hacer todo tipo de figuras de chocolate sin tutoriales de YouTube. Por aquel entonces su hija, Hilda Campos Fafián, tenía 7 años y al padre se le ocurrió la idea de bautizar el negocio con su nombre. Poco tiempo después trasladó la confitería a la calle Alameda, incorporó un socio, pero mantuvo el nombre. «Eso fue hace sesenta años porque ahora tengo 74 y entonces era una chica de 14», rememora Hildita. Lo curioso es que nunca trabajó en esta pastelería, una de las más famosas de A Coruña, a pesar de que era de su padre y de que vive a unos metros del establecimiento. Tuvo tres hijos pero ninguno se dedicó al sector del abuelo, así que en el año 2004 el empleado de toda la vida, José Sánchez García, se puso al frente de la tienda de dulces donde había comenzado como chico de los recados. Tampoco le cambió el nombre y mantuvo el del Hildita. Pero todo llega a su fin.

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El próximo jueves este hombre se jubila y se acaba la historia. «Asisto al final con mucha pena. Es que yo vivía aquí con mi padre cuando era joven, aquí se criaron mis hijos jugando por el negocio…», recuerda bajo el cartel que lleva su nombre. Hace unos días, su hija Trini me envió un correo electrónico en el que me contaba: «Toda mi familia está apenada. En mi caso, es lo único de valor que tengo de mi abuelo, ya que no tuve la suerte de conocerle, pero la confitería me hacía pensar que estaba vivo», escribe la nieta del fundador. En el mensaje pide que le gustaría tributarle un último homenaje a su madre si José, el actual propietario, daba su beneplácito. Así que hablé con unos y otros y el martes por la tarde propiciamos el emotivo encuentro. Hildita se despidió de Hildita. Como vive al lado seguirá viendo el cartel (hasta que lo quiten) y recordando que dio nombre a un negocio histórico de A Coruña. Es una pena, como decía al principio. Aunque nunca hayas entrado en un local como estos ver que un buen día cierra para convertirse en un bajo abandonado o en una tienda-franquicia como tantas otras produce una mezcla de tristeza y nostalgia. Durante los próximos años la gente pasará por esta estrecha calle del centro de A Coruña y comentará que antes existía una tienda de dulces que llevaba el nombre de una mujer, Hildita, la hija del fundador. Y contarán que, antes de que cerrase, Hilda quiso estar unos minutos en el legendario negocio para despedirse de él.

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