Yo en Nochebuena ceno con mis compañeros de trabajo

Es otra fiesta. Trabajar en Nochebuena, Fin de Año o Navidad es la «lotería» de estos afortunados que se dedican a atendernos a todos. Nuestro brindis va por ellos que tienen que currar antes de celebrar


La Navidad no siempre es una fiesta, aunque se intenta sobrellevarla con buen espíritu. Es el que le ponen nuestros protagonistas de hoy que decidieron en su momento apostar por un trabajo que no iba a tener en cuenta los días festivos, así que representan a todos esos pobrecillos que estarán currando cuando el resto está celebrando. Y aunque alguno preferiría salir pitando de la mesa familiar para no aguantar al cuñao, hay otros, como Soledad Martínez (la doctora a la derecha de la imagen), que no podrá cenar con sus tres hijos de 9, 7 y 5 años. «Da rabia separarse de ellos en Nochebuena, no todos los años es así, pero esta vez me ha tocado según el turno de Neontatos, la unidad en la que trabajo», cuenta la especialista que estará al pie del cañón durante 24 horas ese día. «Mi hijo pequeño cuando supo que no estaría en la cena, me preguntó: ‘¿Pero, mamá, la familia no es más importante que el trabajo?’», dice con resignación Soledad, que con veteranía de madre le explicó la importancia de una profesión que, para bien y para mal, no entiende de horarios. «Procuramos juntarnos toda la familia el 25 y esa noche siempre llamo para hablar con mis hijos, con mis padres y con mis hermanos, que son los que nos juntamos», asegura quien de todas formas en nueve años que lleva en este servicio ha trabajado en Nochebuena en dos ocasiones, con esta. «Nosotros hemos hecho un sistema en función de las guardias que rotamos, de manera que el primero que elige luego pasa a ser el último de la lista», apunta. Es una manera de evitar piques, según me explica, y hacer un reparto lo más justo posible para que no les suceda como al otorrino Miguel Mayo y a la matrona Rocío Seijas, que posan con ella en la foto. «Es la cuarta vez que nos toca», responden los dos, en esta lotería de festivos. Miguel lo achaca a una «mala suerte» —dice de broma— y a que como no tiene hijos, sus compañeros con familia recurren a él para una negociación dura. «Al principio nosotros lo hacemos por sorteo puro y duro, pero luego empieza un período de yo te doy y tú me das que es lo más interesante», se ríe. ¿A cómo va el intercambio? ¿Cuánto vale trabajar en Nochebuena? «Al final si te pones de acuerdo con un compañero es por trabajar otro día, entre todos nos ayudamos, y sé que si yo le hago esta noche, habrá otro día importante también para mí en que me echen una mano», dice el doctor. Él, como Soledad y Rocío, representan a todos los trabajadores del hospital Materno de A Coruña (pero es extensible a todos los del gremio) que estarán cuidando de nuestra salud esa Noche. «Somos un servicio público -explica Miguel Mayo-, cuando elegimos profesión ya sabemos a lo que nos atenemos, estamos aquí por y para la gente». De la misma opinión es también Rocío, que como matrona, ha traído al mundo a muchos niños esa Nochebuena. ¿Y algún niño Jesús? «Ja, ja. No me ha coincidido, pero bebés he tenido unos cuantos en mis brazos ese día». Ella tampoco tiene hijos, y esperará a estar con sus padres en Navidad. «Retrasaremos la Nochebuena un poco, pero bueno, es así, aquí en el hospital ya me ha tocado cenar a las tres de la mañana, todo depende del trabajo que tengamos».

Un brindis con Champín

Con todo, y para que sea más llevadero, ellos se juntan con sus colegas para hacer más entrañable ese momento. Algunos llevan turrones, otros un postre especial, algún entrante, pero «el hospital también nos hace una cena un poquito diferente», explica la doctora Martínez, que no duda en calificar también de «familia» a sus compañeros de trabajo. «Es otra familia, convivimos mucho y los que estamos esa noche hacemos todo lo posible por juntarnos, si el trabajo lo permite, para cenar juntos, con un ambiente más cálido». «Cantamos villancicos —dice Mayo— y ponemos más de nuestra parte para que la noche sea un poco especial». ¿Hay brindis de champán?, les pregunto. «Aquí lo máximo que verás es el champín, nada de alcohol, es lo que nos toca», contesta sin dejar pasar la oportunidad de «celebrar» un trabajo que a algunos amigos les sigue sorprendiendo... «¿No te dejan ir a cenar a casa y volver?», me suelen decir algunos, comenta el otorrino junto a sus colegas. Rocío también hablará esa noche con sus padres por teléfono y no faltará el día de Navidad a la mesa: «Llegará con retraso, pero lo importante es que nos juntemos», indica antes de asegurar que ya está acostumbrada a no celebrar con los suyos alguna de las fiestas importantes. Los tres estarán trabajando y cuidando de nosotros, así que el brindis esta noche va por ellos. Chinchín. ¡Feliz Navidad!

«Hacemos una cena especial en el parque»

Los bomberos también saben mucho de trabajar en fechas especiales, aunque los de A Coruña son de los que se lo montan muy bien. Para ello, cuentan casi siempre con algún cocinilla que se encarga de hacer un menú un poco más especial. En el turno de David Hermida, el chef es Manuel Agro: «Manolito. Se presta voluntario y nosotros nos dejamos querer porque es un trabajo poco agradecido, a veces. Además, todas las críticas que le hacemos son siempre positivas», dice guasón este bombero que lleva 16 años apagando fuegos y no quiere encender a Manolo, por la cuenta que le trae. Aunque le gusta prender la mecha: «Sí, necesita pinches porque es un tío que dirige». El menú de Nochebuena en el parque de A Coruña consistió en cigalas y bacalao. Y el de Fin de Año será también especial, aunque está aún sin decidir.

Además, el turno de Hermida también organiza hoy una comida especial. Con bacalao al horno -se ve que están abonados a este pescado- y vieiras, que se encarga de elaborar, por supuesto, Manolo. David reconoce que cuando más cuesta trabajar son los días de Nochebuena y Navidad porque son fechas más familiares. Pero si le dan a elegir a él, siempre prefiere librar la víspera y el día de Reyes.

Las cenas de Nochebuena y Fin de Año se realizan en la zona de control porque el compañero al que le toca atender las llamadas no puede abandonar su puesto: «Siempre tiene que haber alguien. El no puede subir y bajamos todos. Montamos allí las mesas. Así podemos estar todos juntos». Si se trata de la última cena del año siempre hay debate sobre el canal en el que ver las campanadas: «Que si en la 1, que en la Sexta, que si con la Pedroche... Pero al final siempre hay consenso y se toman las uvas. Luego también hay compañeros y familiares que a lo largo de la tarde o de la noche llaman al parque o se pasan por aquí para felicitar las fiestas». Y después tertulia en la zona de comedor. Ahí, algún compañero puede llevar ese día una guitarra y cantar algunas canciones: Manolo es uno de los más artistas y pasamos así el rato. Pero sobre todo, tertulia contando todo tipo de anécdotas».

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