Cómo pillar (o evitar que te pillen) una infidelidad

Deja de rebuscar en su cartera, que las fotos en papel ya no se llevan. El olor a colonia ajena tampoco demuestra nada. Ni un pelo en el abrigo. Todas son pruebas circunstanciales. Las irrefutables te las proporcionará la tecnología. Te contamos cómo descubrir una infidelidad


Está claro que, en esos momentos, el cerebro no es la parte de nuestro cuerpo mejor regada. Que estamos a lo que estamos y resulta complicado ponernos a ordenar ideas. No se trata de dejar la ropa perfectamente doblada, casi planchada, en el butacón. Pero tampoco está de más que, antes de ir al lío —teniendo en cuenta que juegas fuera de casa y que hoy en día con el VAR cualquier despiste te puede costar el partido—, adoptes alguna medida preventiva. Vamos, que no te ciegues, que te pillan.

Un despiste puede tenerlo cualquiera. Pero una cosa es dejarse los calcetines puestos, por muy gañán y antiglamuroso que sea, y otra diferente es que se te escape la videollamada y retransmitas el polvo infiel a través del grupo de wasap de padres del cole. Para tu consuelo, decirte que no serías la primera ni la última persona a la que le sucede algo parecido. Porque la tecnología se ha convertido en el mejor delator de infidelidades, así que te damos unos consejos para evitar que lo que empezaste como Raphael, pensando que hoy puede ser tu gran noche, acabe siendo un escándalo que no lo arreglas ni aunque toques madera.

Que se lo pregunten al exnovio de Jane Slater. Resulta que la popular periodista deportiva estadounidense y su pareja decidieron un día ponerse unas pulseras de actividad física. Estaban en esa fase de compartir hasta los latidos del corazón. Así que sincronizaron dispositivos. Todo iba perfecto. Se retaban en sus sesiones de running, se motivaban, planificaban los descansos, medían los pasos...

Hasta que una noche, Jane dormía plácidamente en su cama cuando a las cuatro de la mañana la pulsera comenzó a mostrarle la actividad física de su novio, que no yacía a su lado. En nada, el corazón del joven se puso a mil. Y no, no había salido a correr bajo la luz de la luna. El incauto se había olvidado de quitarse la pulsera antes de darlo todo como visitante. «Ojalá la historia no fuera real», recuerda la periodista.

Vale, ya no llevas encima el dispositivo de actividad física. Pues ahora hazte a la idea que los que vais a disfrutar de una sesión de lujuria y desenfreno sois tú y tu acompañante. Que no hay mimetismo con los teléfonos móviles. Que son solo aparatos que no sienten, ni padecen y, mucho menos, gozan. Los que no lo debían de tener tan claro son Pepe y María (sí, son nombres ficticios). El caso es que se escaparon un fin de semana de sus respectivos hogares para acudir a un congreso, que acabó celebrándose en una habitación de un hotel y con dos únicos ponentes. Allí pasaron la noche, después de dejar perfectamente colocados sus teléfonos móviles (mismo modelo con idéntico tono de llamada). Bien temprano, sonó el móvil y Pepe se levantó rápido para que el sonido no despertara a la bella durmiente.

—Sí, ¿dígame?

—¿Pero tú quién coño eres? (voz masculina).

La llamada se interrumpe y, efectivamente, el hasta unos minutos antes feliz aventurero había descolgado el teléfono de su amante. ¡Adiós!

Ahora ya está claro que a ti ya no te va a pasar nada de esto. Estás sobre aviso. Pero ten cuidado con lo que dices y dónde lo dices. Que sepas que se han puesto de moda los llamados confidentes altruistas. ¿Qué son? Pues personas que escuchan conversaciones en lugares públicos y lanzan un busca y captura a través de las redes sociales. Y sí, le va a acabar llegando a tu pareja porque estos mensajes suelen convertirse en virales. Un ejemplo: «Si te llamas Carla, tu novio tiene el pelo negro y se llama Borja, que sepas que se estaba liando con tu amiga Carmen en el Vips de Sol esta mañana mientras hablaban de que nunca les pillarías. Rt para que nuestra amiga Carla se dé cuenta». La historia de amor entre Borja y Carla ahora ya es historia de desamor.

Llegados a este punto, regresemos a la sincronización. Que no se sabe muy bien el porqué, pero si no estás sincronizado al cien por cien parece que no quieres a la otra persona o le estás ocultando otra vida. Pero, piensa algo: más vale que desconfíe a que tenga los pelos de la burra en la mano. Así que nada de sincronizaciones.

Le pasó a Juan. Y le estuvo bien, porque en este caso fue él quien quiso conexión máxima con la que era su mujer. Sí, era. Porque un día, el pobre infeliz estaba aún tan feliz en su casa, con su esposa a escasos metros, cuando su tableta comenzó a llenarse de mensajes de wasap... Pues, en efecto, le apareció la conversación que en ese momento estaba teniendo la pareja con un amigo. Para resumir el contenido de la charla, basta decir que, tras leerla, Juan estuvo a un tris de pedirle a su mujer que tomara la píldora del día después para prevenir un embarazo indeseado. Otra mala pasada tecnológica.

De conversaciones de Messenger abiertas, fotos y / o vídeos sugerentes y no tan sugerentes enviadas por equivocación o ese imprudente mensaje de machirulo preguntándote si «todavía te tiemblan las piernas recordando lo bien que estuve anoche» cuando anoche dormiste sola y él estaba de viaje, mejor no hablamos. Solo advertir de que cuidado con la tecnología. Palabra de cuernos.

Tres claves para evitar que te pillen

1. Sé prudente. No hace falta lucir tu rollito bajo las luces de Vigo un sábado de diciembre por la tarde. Ya puedes ser de Coruña que no te salva nadie de encontrarte allí a medio vecindario.

2. No te escondas. Entre exhibirse o buscar el sitio más recóndito para verte con tu desliz hay un mundo. Lo segundo tampoco sirve. Como te pillen en medio de la montaña lucense, a ver cómo explicas que es solo un café entre amigos. Imposible.

3. Geolocalización. Y, por último, recuerda siempre que es más costoso perder una relación que un móvil. Así que anula la geo localización, que es preferible que no encuentres el teléfono a que te encuentren a ti.

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