«Mi hermana me donó un riñón y me salvó la vida»


Además de la sangre, a Iván y a Elena les une un riñón desde hace un año. «Yo tuve varias loterías en la vida», indica él, superviviente de un sarcoma de Edwing por el que le dieron 3 meses de vida a los 16 años. Hoy, con 41, puede decir que venció a la muerte y desafió a todos los pronósticos médicos. También salió ileso de un accidente de tráfico en el que salió despedido por el cristal trasero. Y ahora, puede decir que el gordo volvió a tocarle el año pasado gracias a su hermana. «Para mí, además de la lotería de que mi hermana me salvase la vida donándolo, también fue otra lotería que fuese válida para dármelo», dice Iván. «Es que tenemos una compatibilidad impresionante, un 5 sobre 6, casi como si fuésemos hermanos gemelos. Ya se ve, él creció a lo alto y yo a lo ancho», bromea Elena. La rapidez con la que actuaron -«nos decían que esperásemos y fuimos hasta A Coruña por nuestra cuenta para agilizarlo todo», añaden- fue determinante para que Iván no tuviese que pasar por diálisis. Tiene una poliquistosis renal heredada de su madre, y su otro hermano mayor, aunque estaba dispuesto, al ser también portador del gen no pudo cederle su riñón. «Hubo varios filtros, y uno de ellos fue el examen del comité de ética, que ponen al donante en situaciones límite para detectar si está siendo forzado a hacerlo o si cabe alguna posibilidad de que se arrepienta por el camino», relata él. Pero su hermana no dudó en absoluto: «Yo estaba supercontenta, lo tenía muy claro, pero ellos te insisten en todas las opciones para que seas consciente de que pones en riesgo tu vida. Me plantearon de todo. ‘¿Si tú te mueres, ¿cómo quedaría tu hijo?’, me preguntaron. ‘Pues vivo, espero’, les contesté».

 MUCHOS DONANTES

Aunque Elena fue finalmente quien entró en quirófano, a Iván no le faltaron riñones donde elegir. «Es que son muchas loterías en una. Además de mi hermana, me lo ofreció mi novia la primera, y después familiares pero también amigos. Y no es tan frecuente que un amigo quiera donarte un riñón», apunta él. «Incluso mi hijo, que tenía 18 años, dijo: ‘Con mi riñón que cuente. Y si no vale, para el Jerez», bromea su hermana. Recuerdan perfectamente aquel día. «En septiembre del 2017 me dio un bajón enorme y ya me mandaban a diálisis, pero cambié la alimentación, visualicé que todo iría bien y aguanté sin diálisis. Al avanzarlo todo yendo a A Coruña, en marzo del 2018 se hizo el trasplante. Fue un martes 13», señala. Ante sus ganas de vivir no hay supersticiones que valgan. «A los nueve días ya estaba en mi casa», añade. «Nos recuperamos los dos muy rápido, lo mío no era nada», comenta Elena como si en lugar de un riñón le acabase de regalar un libro. «Es que mucha gente me dice: ‘Mira qué suerte tuvo tu hermano, le salvaste la vida’. Pero yo no sé quién gana más, si el que da o el que recibe. Yo ya me puedo morir tranquila. Esta es una experiencia genial que recomiendo a todo el mundo, aunque tampoco quiero pasarme», matiza.

Desde entonces, ambos hacen vida normal. Ella también, a pesar de que se ha quedado con un solo riñón. «Al principio la analítica dio un pelín descontrolada, pero pronto se normalizó. Ahora me siento muy bien y no tengo ninguna limitación. Lo único que hago es seguir la recomendación de no beber alcohol y como más sano y me apunté al gimnasio para adelgazar. El problema es que me gusta mucho comer», dice entre risas. Iván, que tras tanta quimio no volvió a tomar una pastilla, no se salta la del riñón. «Tengo que tomarla para prevenir el rechazo, que puede aparecer. Tampoco bebo y como sin sal. Bueno, en realidad come sin sal toda la familia. Menos la abuela, que con 95 años está perfecta y no toma medicación para nada».

Pero esta familia no solo lleva el gen que provoca la poliquistosis. También tiene impreso el de la valentía. «Y el de la alegría», completa Elena. «Es que hemos superado ya cinco casos de cáncer, entonces no vemos esto tan grande. Quizás para otras personas sería tremendo, pero para nosotros es ‘venga, una más’», dice este hombre que, de momento, puede decir que tiene tres vidas. «Al cruzar ya le decimos: ‘Tú no mires, si total a ti no te va a pasar nada’. Tiene más vidas que un gato», bromea de nuevo Elena, que asegura que la historia de su hermano los ha marcado a todos: «Después valoras todo. Cuando otras personas se derrumban por cosillas, aquí es: ‘Otra más, esto hay que superarlo’».

Pronto es muy probable que entre ellos haya otro trasplante de riñón. «Ahora mi madre está también en la lucha, y mi padre está loco por donar. Pero él ha pasado un cáncer y el donante tiene que ser muy óptimo, así que hay que mirarlo bien», explica Iván, que hace un matiz importante: «Mis loterías fueron varias, pero hay que decir que las ves como tal a posteriori. Porque las que me tocaron primero, con las enfermedades, fueron de las gordas». Él puede con todas.

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