«Si un niño con 9 años es excepcional, ¿cómo va a estar en un aula de primaria?»

Pocos saben tanto como él de altas capacidades en Galicia. Quizás por eso Luis Rodríguez Cao, responsable del área de sobredotación intelectual de la Xunta, no le ve problemas al caso del belga de 9 años que acaba de terminar una ingeniería eléctrica. «Un futbolista de 16 juega en primera división y nadie se extraña», señala


Luis Rodríguez Cao (Meira, 1957) es el responsable del área de sobredotación intelectual de la Consellería de Educación y doctor en Psicología. Pero también sigue siendo el mismo profesional que no cabe en su asombro desde hace más de veinte años cada vez que se encuentra con una mente que desafía a la lógica. «El problema que tenemos con el sistema escolar es que yo creo que a veces mata el gusto por el conocimiento. Y si una persona pierde eso, el sistema educativo de alguna forma ha fracasado», señala el experto, que se maravilla ante los niños con altas capacidades: «Hay que tomarlos como un soplo de aire fresco, no como uno de aire frío que nos obliga a cerrar la ventana. No, no, al contrario. Lo que hay es que intentar que ese aire renueve un poco la rutina en la que nos movemos».

-¿Qué te parece el caso del niño belga de 9 años que ha terminado una ingeniería eléctrica?

-Es impresionante. De hecho les puse un mensaje de WhatsApp a compañeros diciéndoles que nosotros, los que nos dedicamos a intentar que su escolarización vaya un poco mejor y sea un poco fluida, menos complicada, siempre vamos por detrás, pero por lo menos intentamos entenderlos. Es deslumbrante que un niño a los 9 años haga esta carrera. ¿Sabes lo que pasa? El cerebro humano sigue siendo un gran desconocido. Pero después hay terrenos en los que la precocidad es mucho más valorada y comprendida, como en el de la música. Porque en el tema del lenguaje, la enseñanza o las ciencias, es mucho más difícil para un niño ser precoz.

-¿Por qué es más fácil asumir a un niño prodigio en la música que en el ámbito académico?

-En música hay una cosa que se llama oído absoluto, que son personas que discriminan perfectamente los sonidos, los ritmos. Lo digo yo, que voy a un coro y lo que aprendí es a que no me escuche el de al lado para no desentonar... ¡ja, ja! Con ellos lo único que nos queda es la capacidad de asombro. Y a mí lo que no me acaba de gustar es cómo el sistema educativo ha perdido la capacidad de asombro ante estos niños que nos deslumbran. Cualquier tipo de sistema, ya sea sanitario, educativo, de transporte... el que sea, está pensado para una población general, para que la mayoría funcione correctamente. Y en mi opinión, el sistema debería tener también alguna sensibilidad hacia aquellos que desbordan las previsiones.

-¿Y cómo se prevén esos desbordamientos?

-Lo que pasa es que siempre hay alguien que las desborda de tal manera que cualquier técnico que prevea una cosa, de repente ha quedado absolutamente deslumbrado, porque que un niño de 9 años haga lo que está pensado para uno de veinte o veintialgo...

-Pero al margen del aspecto académico, sigue siendo un niño de 9 años.

-Efectivamente, hay un término de un autor francés llamado Terrassier, que hablaba de la disincronía, que es la diferencia, la distancia, que hay entre el desarrollo cognitivo y el desarrollo emocional y en otros ámbitos. Este niño tiene un desarrollo cognitivo excepcional, no sé cómo será el emocional. Da la sensación por lo que leí de que es equilibrado con respecto a los niños de su edad, porque conservaba a sus amigos de primaria y hacía actividades normales. Pero ese término, la disincronía, se utiliza bastante en el campo de las altas capacidades precisamente para, a la hora de intervenir, intentar mantener una visión global del niño y no enfocarlo solamente al desarrollo puramente cognitivo. Esta es la dificultad de la educación, y el reto. Por eso es tan importante valorar la función del profesorado, para que asuman estos casos como absolutos retos profesionales.

-Y no como un problema que les coge fuera de juego.

-Eso es, no como un problema. Que en cierto modo lo es, porque no puedes hablarle a un grupo genérico, sino que tienes que ir puntualmente hacia ese niño que te va a desbordar seguro. El centro en su conjunto y los equipos tienen que entenderlo así, como un reto que a veces no somos capaces de solucionar correctamente.

-¿Es bueno potenciar tanto tan pronto?

-Yo creo que lo que no es bueno es no ver lo que tenemos delante. Si tienes delante a un niño que te desborda educativamente, hacer como que no lo ves no es bueno. Porque el niño lo que hará será encerrarse en su mundo imaginativo y aprenderá a estar en una clase sin estar en la clase. Desde luego lo más fácil es hacer como que no existe, y ya está.

-En otros ámbitos el niño prodigio se observa con admiración.

-Sí, esto pasa con la música, pero en España funciona muy bien también en el tema del deporte. Cuando aparece un niño que destaca muchísimo en este ámbito, sobre todo en el fútbol o en las motos, que me quedo asombrado cuando veo que hay niños que compiten con 10 años, ¿qué se hace con ellos? ¿No se les entrena? ¿Se les dice que sigan como los demás, que qué prisa hay? No, se les potencia y se les trata de equilibrar emocionalmente también. Pero se les fomenta, se les entrena, se les dan oportunidades. Un niño juega al fútbol en un equipo de primera división con 16 años y nadie se extraña. Existen centros de alto rendimiento deportivo, pero no de alto rendimiento científico, por ejemplo. Esas son las prioridades de la sociedad, no trato de modificarlas, pero sí de que la sociedad abra los ojos y vea que estos niños existen y que hay que plantearse cómo podemos ayudarlos.

-En España sería impensable matricularse con 9 años en la universidad.

-Sí. Lo que se contempla normalmente es que pueda adelantar un curso por cada etapa obligatoria, es decir, uno en primaria y uno en secundaria. Por tanto, hablamos de niños que empiezan la universidad un par de años antes, con 16, o 15 si nacieron a final de año. Ahora empieza a haber experiencias con el programa de colaboración entre la universidad y secundaria, que es un campo que todavía está muy verde. Que los niños intervengan, que acudan a algunas clases, que profesores tutoricen con ellos... En Santiago existe Estalmat, el acrónimo de Estímulo del Talento Matemático. Al finalizar primaria, van a la Facultad de Matemáticas de Santiago y los entrenan profesores. Lo increíble de esto es que van niños seleccionados de toda Galicia sin ningún tipo de reconocimiento curricular.

-Hay niños a los que adelantan de curso y niños a los que no.

-Adelantar un curso es una de las medidas que se pueden adoptar. Pero la que más se recomienda en términos genéricos es el enriquecimiento curricular, con el que el niño continúa en su grupo, pero se le hacen actividades a mayores de más profundidad curricular o emocional. Esta es la medida por la que se apuesta, y el adelanto de curso se considera más excepcional porque en realidad es muy cómodo para el sistema, que lo único que hace es quitar a un niño de una clase y meterlo en otra más avanzada donde se supone que va a estar mejor. ¿Qué ocurre? Que durante unos meses puede funcionar bien porque esté más motivado, pero puede ocurrir que su ritmo de aprendizaje sea mucho mayor que la nueva clase y que al cabo de cinco o seis meses podamos volver a tener el mismo problema.

-Siempre está ahí ese miedo a robarles la infancia.

-¿Pero qué es robar la infancia? ¿No crees que es robarle la infancia a un niño que tenga dotes musicales o deportivas y no dejarle ejercerlas? ¿Es robarle la infancia a un niño como este de 9 años que tenga un talento increíble y no pueda desarrollarlo? Otra cosa es que no entendamos que es un niño, que no entendamos que una persona pueda ser muy brillante en un campo y que emocionalmente tenga las reacciones y las necesidades de un niño. Claro que sí, pero para eso están los psicólogos y los pedagogos, para atender a esos campos.

-¿Y el caso más asombroso que haya pasado por tus manos?

-Pues mira, recuerdo el primer caso que vi yo hace ya más de veinte años. Era un niño que el profesor pidió que se evaluase porque creía que podía tener altas capacidades intelectuales, era de primaria, y la familia lo consideraba casi deficiente porque era un niño parado que se pasaba las tardes leyendo, y tenía un hermano que ya tenía una moto y andaba por ahí, mucho más extrovertido. Y cuando lo valoramos y le dijimos a la familia lo fantástico que tenía ese niño, ellos se quedaron asombrados, porque lo tenían por eso. El otro hermano era el que siempre intervenía, mientras que este era calladito. Yo le escribí una carta de agradecimiento a aquel profesor porque con la sensibilidad que tuvo le abrió los ojos a una familia.

-¿Afectan las altas capacidades a la capacidad de relacionarse de los niños?

-Generalmente suelen buscar relaciones con niños mayores que ellos. Normalmente, pero luego cada niño es cada niño. Pero sí suelen buscar niños de mayor edad porque sus intereses y su forma de hablar suelen ser más cercanos al grupo de más edad. Luego hay aspectos de carácter emocional y de juego que pueden tener más cercanos a su edad que al grupo de mayores. Lo habitual es que mantengan relaciones de carácter dual, pero las personalidades son más complejas. Ahí influyen las relaciones familiares, si tiene hermanos o no, si estos son mayores o pequeños… Las reducciones son generalizaciones y hay que entenderlas como tal.

-Queda claro que estás a favor de promocionar al máximo al alumno, como hicieron con el niño belga.

-Yo estoy a favor de entender al niño, porque si es tan excepcional como pone en el periódico, ¿qué puedes hacer? ¿Lo tienes en un aula de primaria? Porque yo no sé nada de ingeniería eléctrica, pero entiendo que sus conocimientos matemáticos son increíbles. ¿Tú te imaginas tenerlos y estar en una clase horas y horas aprendiendo a dividir o a hacer fracciones? Los niños son complejos, no son números. E insisto, no puedes cerrar los ojos a lo que tienes delante. El sistema escolar yo creo que el problema que tiene es que a veces mata el afán y el gusto por el conocimiento. Y si una persona pierde eso, creo que el sistema ha fracasado. A estos niños hay que tomarlos como un soplo de aire fresco, no de aire frío que nos obliga a cerrar la ventana. No, no, al contrario. Lo que hay es que intentar que ese aire renueve un poco la rutina en la que nos movemos.

Un niño belga de 9 años, el más joven en terminar un grado universitario

la voz

Ha terminado en nueve meses una ingeniería eléctrica de tres años

Laurent Simons, un niño belga de tan solo 9 años, se convertirá el próximo diciembre en la persona más joven en obtener un grado universitario, concretamente una ingeniería eléctrica, un programa académico de 3 años que él ha conseguido completar en 9 meses.

«Empecé la escuela primaria con 4 años, pasé a la secundaria con 6 y entré en la universidad el pasado marzo, con 9 años», relató Laurent a Efe durante una entrevista en la Universidad Técnica de Eindhoven (Holanda), donde recibe clases particulares. El «pequeño Einstein» no sigue un plan de estudios común, explicó a Efe su madre, Lydia Simons, quien aclara que «él va a su ritmo».

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