«Algún señor al verme me ha dicho: ¿pero pilotas tú?»

Ellas toman los mandos. Marta, Raquel,Tatiana y Antía han desplegado sus alas. Estas cuatro gallegas forman parte del escaso 4 % de mujeres pilotos de España. Porque durante muchos años el control ha sido de los hombres, pero se les olvidó que las chicas son guerreras


«Desde siempre tuvimos la vocación de volar y de tener el mando. Así de contundentes responden Tatiana Álvarez (22 años), Marta Herrero (19), Raquel Ortega (40) y Antía Quintá (22). Todas ellas comparten su pasión por la aviación, una pasión que hasta hace poco a las chicas no se les permitía desarrollar. De hecho, todavía la presencia femenina en este sector es mínima, ya que solo el 5,18% de los pilotos comerciales del mundo son mujeres, según indica la International Society of Women Airline Pilots. La India se sitúa a la cabeza con un 12,4 %, un nivel superior al promedio mundial. Atrás quedan Francia, con un 7,6%; Japón, con el 5,6 %; y Estados Unidos, con un 5,1 %. En el caso de España todavía estamos muy por debajo de estas cifras, rozando el 4%, de acuerdo con el Sindicato de Pilotos SEPLA.

FALTA DE REFERENTES

«Faltan modelos femeninos a los que seguir, esa puede ser una de las causas por las que ahora sigue habiendo pocas mujeres en esta profesión cuando el acceso es igual para chicos que para chicas», explican desde la escuela de pilotos AFN. Con esta afirmación concuerdan nuestras protagonistas, aunque reconocen que todavía existen muchos tópicos que quizá impidan que una chica se plantee dedicarse a ello. «La gente me ve con el uniforme y me preguntan si soy azafata, es como que se da por hecho que al ser mujer no puedo ser piloto», dice Marta. Al igual que ella, sus compañeras han sufrido los mismos comentarios. «Hace poco en una gasolinera coincidí con dos niñas y su madre. Al verme con el uniforme, la mayor, que tendría 6 o 7 años», dijo: «Es azafata». Me sorprendió porque siendo tan pequeña ya vinculaba el uniforme a ese puesto y no pensó que pudiera ser piloto. Es algo cultural», dice Raquel. Ella ejerce como instructora de vuelo en la escuela, un puesto al que se acaba de incorporar tras su baja maternal. «Tenía ya ganas de volver al trabajo, la verdad», comenta. Algo normal, pero que también sigue siendo un tabú en nuestra sociedad. «Parece que eres mala madre o algo por decir que te apetece regresar a tu rutina laboral», añade Raquel, que también comenta que no tuvo hijos antes porque no pudo. «Con las condiciones actuales de trabajo, la crisis laboral y todo no estaba permitido ser madre. Todavía ahora es complicado conciliar en muchos casos», dice.

«SE VIAJA MUCHO»

La piloto de 40 años también destierra otro de los tópicos más comunes sobre el sector. «Lo de que no se puede tener una familia porque se viaja mucho hay que olvidarlo. Además, muchas compañías en las que trabajan parejas con hijos favorecen la conciliación para que no les coincidan los horarios y, por supuesto, como en otras profesiones se puede solicitar la jornada reducida. Por otro lado, los pilotos comerciales de vuelos de corta distancia tienen un horario de oficina. Pueden realizar como mucho tres vuelos al día de hora y media de duración y dormir en casa», aclaran desde AFN. Siendo Raquel la mayor de las cuatro, muchos podrían pensar que para ella fue más difícil el camino. Si hoy en día hay pocas mujeres pilotos, hace veinte años el porcentaje todavía era menor. «En mi entorno nadie se sorprendió cuando lo dije. Desde pequeña me gustaba todo lo que tuviese ruedas, las motos, los coches, el sentir esa adrenalina…. entonces lo raro sería que quisiese ser otra cosa», cuenta Raquel.

«LO LLEVO EN LA SANGRE»

La recién mamá lleva media vida en la profesión: «Hice el curso por privado con 16 años», aclara Raquel. Algo que se mantiene, porque de momento no hay una formación pública para esta carrera: «Han bajado los precios con los años y hoy en día el coste es similar al de estudiar en una universidad privada», indican desde AFN. Precisamente, el factor económico es la causa de que muchos de los que soñaban con volar optaran por entrar en el ejército para hacerlo. «Yo lo llevo un poco en la sangre por mi familia, porque mi madrina fue piloto militar. Hace años era la salida más común, pero en mi caso tenía claro que quería ser piloto civil», explica Antía. El tener un referente cercano le dio más alas a la joven de 22 años para desarrollar su vocación. «Mi madre viaja mucho por trabajo, entonces en mi casa no supone ningún problema lo de volar y las distancias. Sí que es cierto que alguna gente le dice a mi madre: ‘Estás de broma, ¿tu hija me va a llevar a mí en un avión?’». Algo que también les ha pasado a sus compañeras. «No sé si es porque nos ven jóvenes o por el hecho de ser mujeres», plantea Tatiana, y todas se paran a reflexionar. Finalmente coinciden en que seguramente sus compañeros no reciban ese tipo de comentarios. De hecho, Marta afirma haber escuchado algún que otro comentario machista sobre ella, aunque las cuatro coinciden en que hoy en día es menos frecuente. «Las cosas están cambiando y menos mal», añaden desde la escuela.

SALIDA PROFESIONAL

Aunque las cuatro han recibido el apoyo de su entorno, Marta afirma que su abuela todavía alberga la esperanza de que decida dedicarse a otra cosa. «Le da miedo por lo de volar. También me dice mucho que a lo mejor me tengo que ir fuera, y le respondo: ‘De eso se trata’». Y es que para ser piloto da igual ser hombre o mujer, pero hay que tener una serie de cualidades. «Saben lo que quieren y no hay obstáculos cuando se establece el objetivo. Si tienen una meta, van a llegar allí seguro», comentan desde la escuela.

Para David Fernández, director de operaciones de AFN, es sorprendente que todavía haya pocas chicas. «Yo creo que la limitación viene desde las propias familias a veces y es algo que hay que cambiar. Me sorprendió que hace poco una chica que es azafata me preguntase si ella podía ser piloto. ¿Por qué no va a poder?», recalca David, que añade que: «Actualmente hay mucha demanda en el mercado por lo que es una profesión con muchísima salida».

Los requisitos para acceder a la formación son haber cursado el bachillerato de ciencias, o en caso contrario, realizar una prueba de acceso para saber si el alumno tiene los conocimientos necesarios para realizar el curso, que dura dos años. «En la última promoción no hubo ninguna chica y en la penúltima solo una, Marta. Nuestra experiencia con las mujeres es estupenda, de hecho a Tatiana la fuimos a buscar porque necesitábamos instructoras de vuelo y es una crack», aclara David, que tiene claro que al ser una profesión vocacional, las chicas que deciden dar el paso para formarse van a por todas. «Manejar un avión en el aire da una sensación de control que nos encanta», coinciden Raquel, Marta, Tatiana y Antía. Porque las mujeres hace tiempo que cogieron las riendas de su vida y no están dispuestas a soltarla. A volar, chicas.

«No me gusta nada la velocidad»

nieves d. amil

Comenzó con la organización del Rali del Albariño y lleva 20 años haciendo la Subida á Escusa

Noemí Blas no compite. No pilota un coche, pero sabe de motores tanto como quien se pone al volante de uno de ellos en cualquier rali de montaña. Más de 40 años a pie de rueda le han inyectado el virus de la competición y aunque cada año dice eso de «el año que viene lo dejo», una vocecita en su interior empieza a entonar el popular cántico «sempre andas dicindo para o ano que ven e chega outro ano e pasa tamén, e pasa tamén».

Así que con tanta experiencia como energía, la impulsora de la escudería Buxa Motor cumple este año el 20 aniversario de la Subida á Escusa, una de las grandes pruebas del automovilismo gallego. Un año más es la directora de carrera. De las pocas que hay en un mundo muy masculinizado y cada vez, menos machista. «Creo que estamos yo y Marisa, del Rías Baixas, pero debo de ser la única en montaña», puntualiza Blas, que reconoce que nunca se ha sentido menos que nadie ni ha tenido un trato distinto por ser una de las pocas directoras de carrera gallega. Lleva demasiado bagaje como para ponerlo en entredicho por una cuestión de género. Cuando era todavía una joven acompañaba a su marido, que sí pilotaba, a las pruebas. Ahora él lo dejó, pero ella sigue al pie del cañón llevando la voz cantante de una escudería formada solo por mujeres. «Somos diez y seguimos las mismas que empezamos hace ya muchos años», confiesa Noemí Blas en unos días de actividad frenética, que ya no le quitan el sueño.

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