Profe Manolo: «Mis alumnos no usan típex, tienen que ver sus errores»

Aprendemos a base de equivocarnos, afirma este maestro de primaria, padre de dos niños de 9 y 11 años, que ha dado el salto a todas las aulas con sus «Deberes de vida», en los que la experiencia y el ingenio suben la nota. «La creatividad es lo que nos diferencia, no puede ser una maría», advierte


El Profe Manolo, Manuel Gordillo (Córdoba, 1977), es popular desde que una madre compartió en redes los 45 deberes para el verano que este maestro recetó a sus alumnos de primaria. Con sus Deberes de vida, el Profe Manolo volvió a saltar el pasado verano del colegio Beatriz Galindo, de Bollullos de la Mitación, a todas las aulas. Ser padre, dice, le ha cambiado el chip como maestro, de la misma manera que estar casado con una periodista que trabaja en el CSIC aguzó su mirada sobre la mujer en la ciencia. «Hay que visibilizarla más», afirma. Entre sus referentes hacen equipo Siri Hustvedt, Jordi Sierra i Fabra, Margarita Salas, el Monstruo de Colores, Ken Robinson o Marc Prensky. Una máxima: «Haz que salgan del aula con más curiosidad que deberes». ¿La manera? «Sé un poco niño. Escúchales, ponte en su lugar», dice.

-¿Cuál es el secreto de la conexión con los alumnos?

-Me gusta lo que hago. Mi madre era maestra y yo siempre he querido serlo. Y diría también que una conexión con mi lado infantil. Para ser maestro tienes que ser un poco niño, buscarle a todo el lado divertido. Tienes que entender lo que piensa una persona antes de aprender, ponerte en el lugar del niño, escucharle, empatizar con él.

-¿Qué es un maestro?

-Nos confundimos si vemos al educador como alguien que tiene que dominar un tema más que como alguien que tiene que acompañarte.

-¿Deberes sí o no?

-Yo no suelo mandar deberes a mis niños. Bastante tiempo están en el cole. Ahora bien, hay niños que los necesitan porque necesitan más... Y también hay otro tipo de deberes, como una obra de teatro o una investigación en grupo.

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-Si las jornadas se alargan hasta la noche y cenamos deberes...

-Parte del problema está en que asociamos el trabajo escolar a algo aburrido, a un castigo. Si lo asociamos a tareas que pueden ser divertidas, significativas, sería distinto. Podemos llegar al mismo sitio, al aprendizaje, de manera divertida. Eso sin perder de vista la cultura del esfuerzo, que debe haberlo.

-¿Hemos perdido o dejado de cultivar la cultura del esfuerzo?

-Sí, yo lo veo... Entiendo el modelo educativo pero no solo desde la escuela, sino sobre todo desde la familia y la sociedad. La escuela siempre está en el punto de mira y creo que la cultura del esfuerzo es algo que viene de casa. No sé... Mis hijos tienen 9 y 11 años, y tienen labores en casa. Hacen la cama, ponen lavadoras, tienden la ropa, ponen la mesa. Compartimos las tareas domésticas. Eso te hace sentir, de niño, que eres parte de un equipo, que tienes obligaciones y responsabilidades. Creo que hoy en día hay menos niños y muchos están sobreprotegidos. Quizá por la falta de tiempo de los padres para estar con ellos, tiempo de calidad, pero eso no se compensa con hacer una defensa a ultranza de tu hijo en cualquier circunstancia o atiborrándole de cosas.

-¿Qué debe tener un niño?

-Tiempo. Tiempo con la familia. La educación es para ser independiente y ser feliz. A veces, cuando debato con maestros y se dice: «Es que los niños no pueden ser solo felices», yo planteo que no se trata de una felicidad fantasiosa, sino de independencia y sentido de la responsabilidad. Cuando uno aprende a hacer cosas y se siente responsable, eso da la felicidad. Los niños necesitan modelos y su mejor modelo es la familia.

-¿Necesitamos más motivación y seguridad interna para no depender en todo del beneplácito de los demás? Las redes sociales nos convierten en carne de cañón, es peligroso ser vulnerable.

-Las redes sociales son algo novedoso y anárquico. A veces, un saco para vomitar todo lo negativo de una manera bastante burda. Pero eso la motivación, la seguridad en uno mismo, se trabaja. Tengo actividades donde los niños se corrigen, para aprender, para potenciar también la cultura del debate.

-Debatir es sano, como dudar, pero no siempre sabemos cómo sin faltarnos al respeto.

-¡Mira cómo lo hacen los políticos! La cultura del «tú también lo has hecho» y el «y tú más» está ahí. Es pobre.

-Animas a los chavales a potenciar la creatividad, ¿es una maría o una materia aún pendiente en los coles?

-¿Conoces a Ken Robinson y el modelo del Elemento? Habla de cómo la educación actual está basada en la revolución industrial y cómo los colegios recurren sobre todo a un modelo repetitivo que destruye la creatividad. Queremos una educación igualitaria, estándar, cuando no sabemos qué trabajos va a haber dentro de 15 años. ¿Adónde quiero llegar? En ese escenario, la creatividad tiene tal valor que debería ser, no una maría, sino de lo que más trabajásemos en el colegio, porque la creatividad es realmente lo que nos diferencia.

-¿Por qué no se potencia el arte en las escuelas, su valor en el currículo?

-Es uno de los grandes escollos del sistema educativo, que sigue basado en un modelo centrado en el contenido, no en la persona. Por eso no hay educación emocional, la creatividad se deja de lado y las asignaturas artísticas son secundarias. Es como querer que los niños se sigan aprendiendo los reyes godos. No toda la información es necesario retenerla.

-¿No es necesario memorizar?

-Hace falta, como también hace falta el cálculo, pero memorizar no puede ser el eje vertebrador. Porque si memorizo y lo olvido a los dos días, ¿qué aprendo? Hay que trabajar la base emocional y la creatividad. El sistema lo que pretende es estandarizar, aborregar, que no saques la cabeza, que sepas un poquito como todos. Y eso mata la creatividad.

-Una máxima: «Procurad que salgan con más curiosidad que deberes».

-¡Hombre! Lo haces investigando, involucrándoles a ellos, o a alguien de su familia.

-Si de los errores se aprende, ¿por qué nos resistimos y los penalizamos?

-Es algo cultural, tenemos ese aprendizaje de que los errores son algo negativo, y no lo son. Aprendes equivocándote. Yo no dejo que mis niños usen típex, porque tienen que ver sus errores, para aprender. Mira dónde has metido la pata, y te será más fácil hacerlo bien. A veces les pedimos a los niños cosas que no les hemos ofrecido ni enseñado. Y ese recurso de «Yo con tu edad ya sabía...». Sí, ya, habría que volver a verte.

-¿Ser padre te ha hecho mejor maestro?

-Diría que sí. Me ha cambiado algún chip que tenía como maestro. Yo tenía la convicción de que todo es aprendido, educación, y cuando fui padre me quedé alucinado, vi que había cosas que vienen de fábrica, aspectos de carácter innatos. Eso me cambió el punto de vista como profesor. Y la forma de acercarme emocionalmente a los niños. Cuando eres padre, te das más cuenta de lo importante que es el cariño, su autoestima, lo que les dices, lo mucho que cuenta tu opinión. Debes tener cuidado.

-Parece que hoy la innovación educativa solo pasa por la tecnología, ¿olvidamos valores más importantes?

-La tecnología te da muchas herramientas interesantes en educación. Como dice el profesor Prensky nuestros hijos son nativos digitales; nosotros, inmigrantes digitales, ¡y estamos intentando enseñarles como aprendimos nosotros! Pero, claro, la base no puede ser la tecnología, sino los valores humanos. Yo busco el equilibrio, sin perder de vista que nuestros niños necesitan más naturaleza y menos pantallas.

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