Ángel López, lesionado medular: «Para mí el sexo es muy importante»

Rompiendo barreras. Ángel López no supera los obstáculos, sino que los fulmina. Con una lesión medular ha logrado ser subcampeón de España de natación y tercero en triatlón. Se acaba de casar y le gustaría tener hijos en un futuro


Ángel López es un experto en superar barreras. No le quedó más remedio cuando con 19 años un accidente de tráfico por exceso de velocidad le provocó una tetraplejia, a la altura de la cervical seis, «una lesión muy parecida a la de Ramón Sampedro». Aquel 3 de abril del 2003 no lo olvida: «Es como otra fecha de nacimiento. Nunca estás preparado para recibir una noticia así y menos cuando te dicen que tienes una lesión medular, pero que creen que no es completa. Entonces, siempre te quieres agarrar a la parte de que hay recuperación y los médicos tampoco te dicen definitivamente que no vas a poder caminar en la vida», asegura después de que el primer diagnóstico que recibió su madre fue que no podría moverse «de cuello para abajo».

A partir de ese momento comenzó su lucha. Una batalla muy lenta por conseguir autonomía y, sobre todo, mejorar su autoestima: «Empecé a hacer rehabilitación para manejarme en el día a día, porque en un primer momento me tenían que ayudar para todo, incluso para lavarme los dientes, para comer, no tenía fuerza en las manos. Los brazos prácticamente no los movía, tenía que ir atado en la silla porque me caía, no tenía equilibrio y poco a poco con una fisioterapeuta empecé a recuperar un poquito. Es verdad que no tenía cortados todos los cables de la médula, por decirlo así. Y fui recuperando sensibilidad en los brazos, fuerza y un poco de equilibrio en la columna».

En cuanto Ángel vio resultados comenzó a hacer deporte. Ahí encontró su salvación: «Asumí que esta era la vida que me tocaba vivir, y salvo por el trabajo, que es lo que echo de menos porque era vocacional, lo fui superando gracias al deporte». Primero fue natación, donde logró ser subcampeón de España en su modalidad, luego ciclismo y ahora hace triatlón, donde también quedó dos veces tercero de España. Casi nada. «Detrás hay muchísimo esfuerzo y muchísima lucha. Desde intentar ponerme un pantalón y caerme en la cama intentando hacerlo o tardar una hora hasta lograr ponerme yo solo un neopreno de natación con lo complicado que es».

Ahora es el presidente de la Fundación Abrente, que organiza la carrera Enki, que este sábado dará visibilidad a las personas con diversidad funcional, además de promover la inclusión en el deporte de este colectivo. Una carrera que en la presente edición agotó los 10.000 dorsales que se hicieron en apenas ocho días.

Pero más allá de los problemas físicos, Ángel también sabe de las barreras que hay a la hora de encontrar pareja: «En el momento del accidente tenía pareja, pero lo dejé porque yo me veía muy mal. Estuve muchos años así, después tuve varias relaciones, pero en el fondo seguía creyendo que no podría tener pareja, que no podría ser un buen padre. Hoy llevo ya cuatro años con la que es ahora mi mujer, nos casamos el 20 de abril de este año. Y ahora te digo lo contrario de lo que te diría hace cuatro años. Es verdad que es más complicado y que tienes que encontrar una persona muy especial. Pero se puede».

TENER HIJOS

Y se atreve incluso a hablar de sexo abiertamente: «Depende mucho del tipo de lesión. Obviamente no vas a tener relaciones sexuales como si estuvieras de pie, pero sí puedes tener sexo y también puedes tener hijos. Eso me lo preguntan mucho los niños en los colegios, ya sea por fecundación o de manera natural, depende de cada caso y eso se estudia. En el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo hay una unidad de reproducción donde han nacido muchísimos hijos incluso de mujeres con tetraplejias». Él se declara «muy activo sexualmente»: «Para mí el sexo es muy importante. A ver el Kamasutra entero no lo voy a hacer, evidentemente. En algunos hospitales no te dicen cómo mantener relaciones sexuales o cómo puedes hacer, en el caso de tener erecciones, qué medicación tomar y demás. No te dicen nada. En cambio, el hospital de Toledo es un referente a nivel nacional incluso de Europa y tienen una unidad de sexualidad».

Este superhéroe echa la vista atrás y todavía le cuesta creer todo lo que ha conseguido: «Hace tres o cuatro años me dices que voy a conseguir hacer lo que hago ahora y te digo que ni de broma. Por eso cuando voy a ver a alguien que se queda en silla de ruedas le digo, que yo estaba igual o peor que él. Lo ves todo muy oscuro, crees que no puedes hacer nada, y a día de hoy yo no puedo tener mejor vida», apunta casi con un nudo en la garganta, mientras los que lo escuchamos no podemos hacer otra cosa más que aplaudir. Bravo por ti, Ángel.

Pedro, con discapacidad funcional: «Este año por primera vez fui a un campamento»

Su hijo Pedro nació con discapacidad funcional y su vida cambió para siempre. Ahora Eva Ramil lucha por conciliar, una tarea casi imposible. «Pedro estudia en A Coruña y su hermana Julia en A Laracha, entonces voy todo el día de un lado para otro», dice esta madre, que antes de dar a luz a su primer hijo pensaba incorporarse al trabajo «después de los meses de baja que iba a juntar con vacaciones», apunta. Pero la realidad le trastocó todos los planes. «Cuando nació Pedro las primeras 48 horas fueron muy duras, pero ahora, 16 años después, te puedo decir que he pasado muchos momentos más duros». A lo largo de este tiempo Pedro ha crecido, pero Eva también. «Cuando es un bebé no eres consciente del todo, luego con el día a día te vas dando golpes de realidad». Unos golpes que han ido superando.

«Al principio nos dijeron que era muy complicado que Pedro pudiera andar y ahora recorre en bici 10 kilómetros». Porque para su madre «las limitaciones nos las ponemos nosotros mismos» y el truco está en no conformarse. Precisamente, este verano Eva y Pedro han superado otra barrera autoimpuesta. «Por primera vez Pedro se fue de campamento diez días. Me sentía fatal porque, a diferencia de otros padres que lo necesitan para conciliar, en nuestro caso no, pero me di cuenta de que él sí tenía esa necesidad. La universidad que le voy a dar son esas vivencias». De esta forma Eva volvió a caer en la cuenta de que hay que cambiar el enfoque. «Escucho mucho eso de que están en su mundo, pero no. Estamos todos en el mismo y ellos como todos tienen que participar».

En el caso de su hijo, encontró en el deporte la forma de hacerlo. «Hizo que nos abriéramos a la sociedad», explica Eva, que tuvo que luchar para que Pedro pudiera hacerlo. «Me encontré muchos noes cuando quise apuntarlo a actividades. En la escuela de atletismo me decían que no, en el colegio que tampoco podía ir a futbito, y así todo. Entonces a través de la fundación Abrente creamos la carrera Enki en el año 2014». Un hecho que hizo que Eva se reconciliara con la sociedad. «De repente tienes un sí, te encuentras con gente voluntaria y ves que es posible», dice. Desde entonces, Pedro no ha parado de ir a carreras. «Me di cuenta de que si no nos abren la puerta tenemos que construir un puente. Nos va a llevar más tiempo, pero vamos a llegar igual a la meta». Por supuesto que lo harán.

Mónica Forteza, con distrofia muscular: «La condena no es la silla, sino la falta de ilusión"

Su sonrisa tiene la chispa de una travesura infantil y el fondo de un maratón vital. Mónica Forteza, con una distrofia muscular por la que lleva 19 en silla de ruedas, es una corredora de fondo de 46 años. Y lo tiene claro: «La condena no es estar en una silla de ruedas, lo son el sedentarismo y la falta de ilusión. Pero tus opciones no dependen solo de tu actitud». Psicóloga por la UNED, Mónica trabaja de la mañana a la noche por su autonomía. «Es mi principal trabajo», subraya quien encuentra en el agua un medio a la medida de su alegría. «Si llevo 18 años haciendo natación es gracias a un equipo técnico y humano», valora Mónica. «Estar en el agua me recuerda que mi cuerpo puede moverse de forma maravillosa», explica. Mónica tiene una asistente personal y una actitud que ha vencido 35 años de criterios dispares. «Hubo médicos que me desaconsejaron el ejercicio, y otros que me recomendaron el aeróbico suave. Elegí intentarlo», dice.

La asignatura pendiente es, según ella, el transporte: «No me refiero al urbano. Si quiero ir a Vilagarcía con Renfe debo avisar con 48 horas de antelación. Estamos en la antesala de la accesibilidad universal», asegura. Otro frente es el de los estereotipos que asocian la discapacidad a la debilidad, la soledad o la carencia de vida social o sexual. Ella ha vivido el paternalismo en el trabajo de diversas formas, dice. «Ser mujer y discapacitada, doble discriminación», señala.

Mónica tampoco pasa por alto «el olvido y abandono sanitario en programas de fisioterapia de mantenimiento» para personas con enfermedades raras. «Estamos en una especie de limbo», plantea.

Sus amigos, que han resistido a los años, no fallan. Becky, su perra de asistencia, tampoco. «Becky y yo somos un equipo. ¿A qué me ayuda? A tener paciencia. Si tengo prisa y cojo la carpeta, el gorro y el bolso, y todo se cae, tengo que elegir. Y ella moviendo el rabo me dice: ‘¡Estoy aquí para cogerlo! Cualquier imprevisto con ella se convierte en un juego».

¿Cuál es la clave? «No mirar atrás ni pensar en futuros inciertos. Yo siempre digo: ‘Con lo que tengas en la nevera intenta hacerte el mejor bocadillo’. El día está lleno, llenito de oportunidades».

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