«A mí los gatos negros me traen buena suerte»

Black is black. En otros ámbitos, es el color de la elegancia. En otros animales es visto de forma bella. Pero en el caso de los felinos, a veces supone un escollo a la hora de adoptarlos. ¿Tendrán algo que ver en ello las supersticiones?


Black is black cantaron primero Los Bravos. Era 1966. Luego, Michael Jackson llegó en 1991 con su Black or White. Él mismo acabó decantándose a nivel epidérmico por el segundo color. Eran otras razones muy distintas a las que nos traen hoy aquí. Vamos a hablar de gatos y negros. Abstenerse supersticiosos. Si lo eres, quizás ahora sientes cómo se te eriza la piel y estás pensando que no quieres ver uno... ni en pintura, crees que te va a ocurrir algo malo, eres de los que evitan adrede pasar por debajo de una escalera o si derramas sal, para ti es signo de mal augurio. Seguramente, como bien se explica en el universo internauta, hay toda una razón de tipo cultural y de creencias detrás y en función del lugar donde vivas. De hecho, mientras en el antiguo Egipto todos los gatos eran venerados hasta el punto de ser embalsamados por sus dueños cuando fallecían, la asociación de los negros a la mala suerte comenzó en Europa en la Edad Media, una época en la que había superpoblación de ese animal y muchas ancianas pobres cuidaban a los callejeros. Hasta que fueron acusadas de practicar magia negra y el gato negro acabó asociado a las brujas. Aún así, mientras en Inglaterra hoy creen que cruzarse con uno trae buena suerte, en Francia no.

La visión negativa parece estar arraigada también por los lares gallegos, tierra de leyendas y mitos o, dicho de otro modo, «cousas de meigas». En un post en Facebook, la Protectora de Animales de Foz difundía las dificultades que tenían para que la gente adoptase gatos negros. Para Libertad Fraga Álvarez (Burela, 1988), el color no ha sido ningún problema. De los siete que tiene ahora en casa, dos son negros. Uno de ese par es Van Gogh, con el nombre del famoso pintor porque le falta una oreja. Es adoptado, al igual que Dru y Bonita. Cuida ahora también de Sevi, la mascota gatuna de un amigo que está en el extranjero por trabajo. Y en acogida suman Curro, Marvel y Blue (también negro, pese a que el nombre signifique «azul» en inglés); están a la espera de una nueva casa o familia. «Llegamos a tener más gatos en casa pero ahora son siete. Ya llegan, ya. Vivo en un piso pero es bastante grande. Hay pelo por todos lados, pero son muy buenos, la verdad y no nos dan casi trabajo», relata.

Su madre colabora con la protectora focense. «Ahora mismo -señala- creo que tienen doce gatos negros y, sí, creo que cuesta ‘colocarlos’. Se adoptan mejor los de otro color pues algunos prefieren otros antes que los negros. A lo mejor sí que alguna gente tiene esa superstición tan arraigada o simplemente es que no les gustan tan oscuros. Hay a quien el negro le da ‘mal rollo’. Es un mito realmente, pero hay gente que se lo cree y piensa que le van a traer mala suerte». «Yo estoy muy contenta con mis gatos negros. Pienso que si pasa algo malo, va a pasar igual. Van Gogh es el más cariñoso de todos; los otros van más a su bola, son más gato prototipo. Al final, el negro es el que más caso me hace y más mimos me da, ¿ves?», continúa. «Los gatos negros son bonitos y me dan suerte. Realmente no tendría que haber diferencia con los de otro color», añade.

«SON SUPERBONITOS»

«De toda la vida han sido los mitos de pasar por debajo de la escalera o ver un gato negro. A mí nunca se me pasó por la cabeza eso. Me gusta mucho, además, el color negro. Yo soy del negro y me parecen superbonitos. Me encanta, es mi color favorito y además no lo asocio a nada raro ni a nada macabro como las supersticiones que suele haber», confiesa. Aunque señala que no es supersticiosa, reconoce su curiosidad por la temática. Así, apunta: «Mitos, historias y leyendas me encantan, pero no creo en ellas. Hay quien asocia los gatos negros a las brujas, a las maldiciones y a la mala suerte». En el caso de otros animales, no ocurre lo mismo. De hecho, un caballo negro se suele ver como toda una belleza.

Libertad Fraga lanza finalmente un mensaje a favor de adoptar animales que han sido abandonados y están en las protectoras esperando un dueño: «También en casa tenemos una perra adoptada de la Protectora de Foz. Voluntaria no soy pero sí que voy con mi madre allí a veces, comparto publicaciones, amadrino gatos, dono dinero o cosas para el mercadillo..». «También cuesta que se adopten perros catalogados como de raza peligrosa. Ahí ya no es cuestión de superstición, supongo que es por miedo o por la ‘mala fama’ que tienen», dice. «Los animales pueden dar mucho cariño si se lo das», finaliza, con toda la lógica del mundo.

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