Gonzo: «Los viejecitos se sienten superpoderosos ante una inmigrante»

El periodista gallego se pone al frente de «Salvados» con un programa centrado en el acoso que sufren las mujeres del servicio doméstico: «Una de cada dos soportan comentarios obscenos y proposiciones indecentes»


Salvados cerró su última temporada, con Jordi Évole a la cabeza, como el programa más visto de La Sexta: un 11,4% de cuota de pantalla y 2.155.000 espectadores de media. Y este domingo regresa al canal a las 21.30 horas aunque de la mano de Fernando González, Gonzo (Vigo, 43 años), que debuta abordando el acoso sexual en el trabajo.

-Estás a los dos lados, ¿cómo periodista qué tal llevas ser el entrevistado?

-Uy, es muy raro. Pero bueno, entiendo que es parte de mi trabajo, pero se hace raro. Como es parte de la promoción te metes en el rol de comercial de vender producto y ya, porque sino si se hace raro.

 -Acabas de contarle a Broncano lo que puedes tener en el banco, ¿ya te han comentado lo de que para ser de izquierdas tienes mucha pasta?

-No, lo hizo el propio Broncano me parece y poco más. Hoy me levanté con ganas de mirar la cuenta porque creo que no llego a tener esa pasta. Por desgracia, pues sí, es mucha pasta para como está el país, pero, vamos, llevo quince años trabajando en este negocio. Si tengo eso, que ya te digo que creo que no. Vivo de alquiler, mi coche es un Citroen, no tengo nada en propiedad, o sea lo que tengo está ahí. Lo solté así, pero se le da demasiada trascendencia creo yo. Tendría que verlo porque creo que no llego, pero si llego, estupendo. Luego está lo de que para ser rojo y tal. Una, dan por hecho que soy rojo, y dos, ser rojo no significa ser pobre significa defender que todo el mundo tenga lo mismo o que por lo menos se lo distribuyan.

 -Évole te dejo el listón muy alto, ¿ta da miedo no dar la talla?

-No, a ver, yo entiendo que desde fuera y desde dentro sea inevitable la comparación, pero es que esto va de hacer un trabajo. Yo confío en que soy capaz de sacar adelante lo que me han encomendado, seré distinto, evidentemente somos dos personas diferentes, pero no es algo que me haya yo vuelto muy loco. A mí lo que me fastidiaría es que me dijesen, sobre todo compañeros de trabajo, mis jefes: 'No estás a la altura de Salvados”. Si me dicen: 'Tío, no estás a la altura de Jordi'. Normal, Jordi lleva once años haciendo esto y yo no. Es que eso entra dentro de la lógica, pero si me dijesen lo otro, ahí si diría: 'Pues la he cagao'. Pero creo que en ese sentido tengo una experiencia potente del Caiga quien caiga, que al final no es tan distinto. Es pararse en los reportajes, conocer bien la información, con rigor, con empatía y con respeto hacia la gente a la que entrevistas y tirar para adelante.

 -Él es catalán, por Cataluña sigue la actualidad informativa. ¿Lo abordáis en el programa?

-Sí, la semana que viene (el 27 de octubre). Teníamos previsto que la segunda entrega estuviese condicionada por la actualidad política, y mira, Cataluña nos lo ha puesto fácil.

 -¿Qué opinas de todo lo que está pasando tras la sentencia del procés?

-No he tenido tiempo para leer todo y tener una opinión confirmada. Tengo la opinión del sentido común que puede tener cualquier persona, no me puedo creer que esto nos este pasando en el 2019. Que me da pena, claro. Cuando ves que una ciudad como Barcelona se despierta como se ha despertado estos días, pues es una putada. También te digo que yo tengo casa en Barcelona por este curro, el lunes cuando salió la sentencia estuve allí y sí notas que hay un ambiente raro, pero yo no he tenido ningún problema para hacer vida normal. De la misma forma que te digo esto te cuento que el miércoles hablé con mi primo David que vive en Roger de Flor, donde fue todo el lío, lo llamé y me dijo: ‘Tío, estoy en la calle controlando el coche porque hay contenedores ardiendo'. Entonces depende de dónde te toque.

  -Y mientras, estamos a la espera de que se exhume a Franco. ¿Cómo fue tu paso por el Valle de los Caídos?

-Esta última vez fue muy rapidiño, yo creo que no estuvimos ni una hora. Era grabar el plano que queríamos y poco más. Pero la primera vez que fue tenía 5 años, fui con mi familia. La primera vez que vine a Madrid con mis padres en el año 81, el Valle de los caídos era una visita obligada. Recuerdo que fue la primera vez que vi la nieve. Luego si estuve varias veces trabajando, hicimos un par de documentales en 2009 y luego volví para un reportaje sobre el poblado que hay en el Valle donde viven los trabajadores.

-¿Qué sensación te ha dejado esta vez?

-Ahora mismo me transmite menos asco del que me transmitía hasta ahora. Cuando hice el documental sobre lo que llamamos Operación caídos y que aquí hubo un gobierno, una dictadura, y que 33 años después, la represión que llevó a cabo meter a gente en las cunetas, en fosas comunes tras fusilarlos, cogieron y los desenterraron otra vez y sin permiso de nadie, sin comentárselo a las familias, los metieron en unas cajas, se los llevaron al Valle de los Caídos y los metieron ahí. Porque el Valle es la mayor fosa común de España. Eso no lo perdamos de vista, el Valle de los caídos es una fosa común en donde hay 60.000 personas y la mitad no se sabe quiénes son. Ese dato es brutal, pero se vende de otra forma. Ni mausoleo ni leches, eso es una fosa común.

 -En la promo de ese programa queda claro que eres gallego, por si alguno aún tenía dudas. ¿Habrá algún capítulo sobre los problemas concretos de Galicia?

-No hablamos de problemas concretos de los gallegos por ahora, pero sí que de historias que sucedieron en Galicia. En este primer programa una de las protagonistas de acoso sexual en el servicio doméstico es una trabajadora de A Estrada que trabajaba en una empresa muy conocida a nivel nacional en el centro de Santiago y ahí tuvo el lío. Después preparamos un tema de autismo y y la persona con la que hablamos es una compañera mía del colegio que me puso sobre la pista de la situación de los padres de niños con autismo. Por el momento no quiero yo prevaricar territorialmente.

 -¿Cuáles son para ti los problemas urgentes?

-Mogollón, el más urgente es la Sanidade pública galega. Mi hermana es enfermera y conozco bastante bien la realidad de los trabajadores, pero sobre todo de los usuarios. Pero bueno, es un tema que por desgracia es común a varias comunidades autónomas.

 -El programa se llama «Salvados», ¿a ti te ha salvado alguien?

-Sí, un montón de gente. Uf, han sido tantos. Lo mío es una historia muy rara, yo no debería estar aquí. Es eso de la suerte, pues mira, los primeros, mis padres, el segundo, mi vecino Pucho, el tercero mi querido amigo Carlos Macía, el cuarto pues yo mismo, y la quinta, mi mujer. Yo he tenido la suerte de irme cruzando con gente que me ha ido ayudando y salvando en varias ocasiones. Yo quería ser periodista, pero no había optado por estudiar periodismo. Un amigo fue el que me dijo: 'Tío, déjate de tonterías. Yo te ayudo a matricularte'. Ese mismo amigo, cuando ya empezamos la carrera, me decía: 'Céntrate un poco'. Al final he tenido la suerte de tener gente al lado que ha ido caminando. He sido salvados varias veces.

 -Tal como está el país, ¿necesitamos un salvador?

-No, líbreme dios de los salvadores. No, no, no. Lo que necesitamos es saber lo que pasa, tener criterio, los salvadores, los mirlos blancos y los salvapatrias no han hecho más que daño en este mundo.

 -¿La salvación pasa por los ciudadanos entonces?

-Sí, un poco sí. Por espabilar, por no dar por buenas ciertas cosas. Cada uno que se salve a sí mismo, salvarnos a nosotros mismos y salvarnos a todos entre todos también, pero la figura del salvador no existe.

 -¿Vas a cambiar tu voto en estas elecciones?

-No lo sé, todavía no sé. Probablemente lo cambie, pero no lo tengo pensado todavía.

 -En los reportajes que has hecho abordas temas muy duros, uno de los que más ha impactado ha sido el de los migrantes hacia EE.UU, ¿cuál te ha ocasionado luego problemas para dormir por lo que te ha impactado?

-Mira, el de México. La primera noche en Madrid, que estaba solo en casa, y me metí en cama y dije: '¿Cómo voy a dormir?' Y a los cinco minutos estaba sentando con la luz encendida y mi pensamiento era: 'Joder, lo que acabo de vivir'. Porque cuando estás allí estás trabajando, aprovechando el tiempo e intentando que el día tenga 27 horas, y no es hasta que llegas cuando te das tiempo, empiezas a reflexionar. Recuerdo que cuando volví de México pensé: '¡Dónde hemos estado y lo que hemos hecho!' Y recuerdo llegar a mi casa, verla y decir: ‘Es que me sobra todo. Me quedo con los libros, con los discos y el resto de cosas me sobra’. Eh, cuando volví de Gaza me pasó lo mismo... Al final es la suerte de hacer estos viajes que hay una parte personal de reflexión que es muy útil como periodista y es muy útil como padre.

 -La forma de superar lo vivido es contarlo, ¿no?

-Sí claro, al final es para lo que lo hacemos. Tengo amigos que me dicen: 'Pero ¿por qué vas a esos sitios?' Y a mí me motiva mucho, porque a mí me encanta que me cuenten cosas que no sé de sitios que me parecen lejanos y extraños, que me demuestren que por muy lejanos que estén las personas somos iguales y que todos tenemos sueños, deseos, ansias, miedos y que yo tenga la oportunidad de vivirlo en primera persona y contárselo a la gente, pues quiero hacerlo más veces. La verdad, soy muy feliz haciéndolo.

 -En este primer programa de «Salvados» abordas el acoso sexual en las trabajadores del servicio doméstico, ¿con qué te has encontrado?

-A ver, no me ha sorprendido que ocurra en ese sector porque alguna historia ya conocía, pero me sorprendieron los datos. Casi la mitad de las mujeres trabajadoras en el servicio doméstico ha tenido que aguantar comentarios, palabras obscenas, proposiciones indecentes. Una de cada tres ha sufrido tocamientos, y cerca de un 10 % directamente han sufrido violaciones o agresiones sexuales. Y claro, te lo cuentan y cuando empiezas a escucharlas dices: 'Hostia'. Es que se da la situación ,claro, tú eres una persona de otro país, sin contrato, sin papeles, trabajando para alguien, que se siente superpoderosos respecto a ti, y el viejecito pues se cree con todo el derecho del mundo a tocarte y a hacerte lo que le de la gana. Es brutal, el testimonio de Luana, que es la chica que nos habla, es tremendo. Y también te hace pensar, yo empecé a pensar: ‘Las veces que Gloria, que es la chica que limpia en mi casa se queda y yo soy la única persona que está y pienso: ¿pasará miedo? Es que es acojonante pensar que hay personas, mujeres en este caso, que van con miedo al trabajo’.

 -A lo largo de tu trayectoria has visto algún caso de acoso de este tipo a alguna compañera.

-Sí, no es algo que ocurriese bastante ni de forma generalizada, pero sí lo he visto. Actué, en plan: 'Esto díselo fuera del curro. Llámala y queda por ahí'. Pero porque la persona en cuestión es amiga mía y sabía que estaba pasándolo mal.

 -Últimamente salen a la luz casos de acoso acontecidos hace años, ¿qué opinas de quien critica que se tarde tanto en contar?

-Yo a todo el mundo que piense eso le diría que hay que estar en esa situación. En nuestro programa hay mujeres que nos hablan con la cara tapada, a pesar de tener una sentencia judicial a favor. Y aún así, no quieren dar la cara. El miedo, la vergüenza o el asco que puede dar el recordar esos momentos hace que se lo calle mucha gente. Y lo de: '¿Por qué ha tardado 25 años en contarlo? Pues porque si lo cuenta hace 25 años, se ríen de ella. La culpa la hubiese recibido ella. La capacidad que tenemos para juzgar a los demás es alucinante, y más en situaciones de miedo y de vergüenza como puede ser la de ser víctima de acoso sexual y mucho más cuando el acosador es una persona respetada, admirada o querida, con poder que pueden ser algunos de los casos que estamos conociendo últimamente. La propia Luana, la trabajadora que sacamos del servicio doméstico, dice: 'Si yo denuncio y el señor dice que no, ¿a quién van a creer? A un viejecito respetado o a una inmigrante sin papeles.' Son muchos los condicionantes y casi nunca hay pruebas.

 -¿Juzgamos más ahora?

-Yo creo que juzgamos igual que antes, pero ahora nos escucha más gente. Simplemente eso, las redes sociales haceN que llegue a todos los lados, lo cual debería condicionar un poco porque no es lo mismo hacer un comentario entre colegas que en público. Creo que eso de juzgar es inherente al ser humano, respeto quien lo haga, pero me he dado cuenta de que en los tiempos que corren prefiero no echar leña al fuego muchas veces. Ya estás prejuzgado antes de que digas lo que piensas, simplemente por ser tú, hay gente que le da igual el comentario que hagas, entonces en ese sentido pues mira, me lo quedo para mí.

 -Muchos se han ido de Twitter por los comentarios que recibe.

Yo no he recibido tantos insultos ni malos comentarios tampoco. Yo llegué a tener la cuenta cerrada, pero no por eso sino por un rollo de defecto profesional. La última campaña electoral quería vivirla sin tener Twitter a ver cómo era eso y no lo eché de menos, luego al empezar ya con «Salvados» ya abrí la cuenta.

 -¿Te has considerado machista en algún momento?

-Pues evidentemente, ahora veo comportamientos, o ya no comportamientos, simplemente por formas de pensar o dar entendidas ciertas cosas, pues puede ser.

 -Hablabas del miedo al ir al trabajo, ¿a lo mejor has pensado que alguna vez una chica pudo sentir miedo por la calle al ir sola y tú con amigos?

-En ese sentido nunca. Soy tan tímido que sé que no, que nunca he incomodado a ninguna mujer por eso. Estoy cien por cien seguro, pero no por no ser machista, sino por ser tímido como te digo. Porque, mira, mi mujer tuvo que montar ella una cena conmigo, pero en otras cosas probablemente sí. Y no es machismo, pero es aplicar el punto de vista del varón. En el reportaje con el que salimos una vez que lo vimos entero pensé: 'No sé si este testimonio es el ideal para arrancar. Porque no es muy potente'. Y las chicas del curro me dijeron: 'Gonzo, precisamente, no hace falta que sea potente. Cualquier mujer cuando la escuche se va a sentir identificada. No es necesario que sea una cosa que te lleves las manos a la cabeza para que sea acoso y los tíos no os dais cuenta'.¿Eso es machismo? Prefiero considerar que no, es simplemente que soy un hombre y lo veo desde otra perspectiva, y no me pongo en la perspectiva de la mujer, que es algo que siempre le enseño a mis hijos, que hay que ponerse en el lugar del otro. Pues yo no fui capaz de ponerme en el lugar de una mujer para valorar ese testimonio.

 -Me han comentado que estuviste en el concierto de Alejandro Sanz de O Monte do Gozo, no te imagino cantando el «Corazón partío».

-Ya, no lo canto, pero es que es amigo. Me invita y como para decirle que no. Ahora escucho sus discos porque al final es un amigo y quieres escucharlo, mi mujer sí lo escucha, mis hijos después de ir al concierto, sobre todo mi hija, pues también. Pero yo si no fuese por la relación de amistad, creo que no hubiese escuchado o no habría ido a un concierto. Al final fui a ver a un amigo.

  -La gente te paró para saludarte, ¿cómo te ha cambiado la vida personal el ser un personaje conocido?

-Algo, te adaptas un poco, pero en circunstancias muy concretas que es básicamente cuando la gente se desinhibe más. En las multitudes, la noche... pues ahí sí, pero también porque me hago mayor, estás menos dispuesto a aguantar ciertas cosas, pero en general la gente es maja, es agradable, los comentarios son cariñosos y no me causa mayor problema para nada. Cuando quiero algo de intimidad cruzo «a raia e xa está». Me voy a Portugal y al carallo.

 -¿De las canciones populares gallegas cuál cantas más?

-Pues a mis hijos les canto las nanas y les he dormido durante mucho tiempo, ahora no que ya están más mayores, con «Este neno ten soniño, ten moitas ganas de durmir. Ten un ollo pechado, o outro non o pode abrir». También me ha servido mucho para dormirlos lo de Adeus ríos, adeus fontes, adeus regatos pequenos. Algunas veces escuchamos Herdeiros da Crus por casa o Diplomáticos de Monte Alto.

 -Puedes poner a Herdeiros o a los Diplomáticos de banda sonora de «Salvados».

Alguna vez seguro que está justificado que los podamos meter. Ja, ja, ja.

Gonzo, sobre la vuelta de «Salvados»: «No tenía claro si quería dejar "El Intermedio"»

Julián Alía

El gallego debuta este domingo como presentador de la nueva etapa del programa. «Sabía que quería hacerlo, pero no tenía tan claro si quería dejar "El Intermedio"»

Salvados cerró su última temporada, con Jordi Évole a la cabeza, como el programa más visto de La Sexta: un 11,4% de cuota de pantalla y 2.155.000 espectadores de media. Y este domingo regresa al canal a las 21.30 horas aunque de la mano de Fernando González, Gonzo (Vigo, Pontevedra, 43 años), que debuta abordando el acoso sexual en el trabajo.

-¿Siente una carga de responsabilidad extra al llegar a un formato consagrado como «Salvados»?

-Soy un inconsciente. Intento evadirme de esa parte, porque no influye realmente en el desarrollo del trabajo. Cuando me pongo a grabar no pienso: «Hostia, tengo que mantener el nivel de un programa que ha ganado el Ondas», sino en que tengo que hacer una buena entrevista. Y eso da igual un poco dónde lo hagas; es adaptarse al formato. La responsabilidad existe, claro, y creo que nunca la he sentido como ahora, ni he estado tan comprometido. Soy consciente de lo que es presentarlo, después de todo lo que ha sido, que lo presentase Jordi. Pero es algo que no puedo controlar y sería ridículo preocuparme.

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