«Es un hobby totalmente sano, no hacemos ningún mal»

S. F

Miguel del Río es una buena pieza. Este joven aficionado a las figuras de Lego une la actividad de montaje con su afición a la saga de Star Wars, de la cual tiene una colección envidiable. Su romance con la marca danesa de bloques comenzó hace pocos años al ver un Halcón Milenario en una tienda de juguetes. Decidió probar por si las moscas, y ese fue el inicio de una colección que alcanza miles de euros, pero que Miguel admite que se habría gastado en otras cosas si los Lego no hubiesen entrado en su vida, así que no le carcome la conciencia. Además, tiene claro que en algún momento de apuro puede vender algún set que se ha revalorizado con el tiempo. Ahora mismo cuenta con 236 sets, una afición que comparte con la asociación Galibricks, un grupo de fans de Lego gallegos, que tiene su sede en la tienda Juega Bien en A Coruña. «Hay gente que va al fútbol o tunea coches. Nosotros montamos Lego, no hacemos mal a nadie», cuenta Miguel. Cree que en las asociaciones hay muy buen rollo y ha creado lazos afectivos con aficionados españoles, portugueses, italianos... Suelen acudir a convenciones para pasarse instrucciones, presumir de colecciones e investigar en busca de nuevas piezas.

Su afición al montaje ya le viene de pequeñajo, cuando a los 8 años se dedicaba a montar barcos de la marca española Tente con su hermano. Entre esa morriña juguetera y su fanatismo galáctico, la elección de ese Halcón Milenario fue un amor a primera vista. En el salón de Miguel se puede admirar su colección en diferentes vitrinas, ya que él prefiere montar todo lo que compra, aunque sí que va variando de vez en cuando.

Confiesa que quizás tiene que ir regulando su volumen de adquisición, porque se está quedando sin espacio, y bromea ante la reacción de su mujer: «Cuando la colección pase del salón me encontraré con el divorcio o con la necesidad de ir parando» cuenta entre risas. Si tuviera que quedarse con un set en particular, elegiría una pequeña grada con todos los personajes de la trilogía original de Star Wars [en la foto].

Miguel es optimista ante la evolución de este hobby: «Despierta capacidades motrices en los niños, a mí me relaja y ayuda a personas mayores. La gente se empieza a dar cuenta de que es un juguete en el que da igual la edad, solo importa disfrutar».

Un ejército de muñecos en el salón

C. B. TORRADO/ S. F.

No son cosas de críos. Playmobil, Warhammer, Funko Pop!, Monopoly, Lego... El coleccionismo pega fuerte en Galicia gracias a una generación de adultos que disfrutan como niños y que quieren acabar con los clichés. ¿Juegas?

Fue en el 2012 cuando estalló la burbuja de los Funko Pop: figuras cabezonas de ojos negros, basadas en numerosísimas franquicias y licencias que hacían los deleites de cualquier fan con ínfulas de interiorista. Son monas -aunque hay quien las odia- y al compartir una misma base estética, siempre se tiene el antojo de coger otra más, y otra...

A Fran Pernas le picó este gusanillo antes de que los Funko saltaran a la fama: «Me lío con cualquier colección. Un día llegué a la tienda y me comentaron que existían los cabezones. Por curiosidad cogí a Goku, de Bola de Dragón Z, y luego vino otro. Y luego este de Masters of the Universe. Ahí va, que hay de Star Wars. Y mira este, que es exclusivo...», confiesa Fran. Y así hasta llegar a la cifra de 1.300 Funko Pops, una de las colecciones más grandes de España. Además, Fran cuenta con unas 100 figuras repetidas en su colección, listas para ser intercambiadas por otras, ya que rechaza la especulación: «Yo nunca vendo nada, solo cambio figuras. Aprovecho y compro varios Funko exclusivos para poder negociar en un futuro por otros de su misma rareza», asegura. Y es que el valor de estas figuras no es baladí.

Seguir leyendo

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

«Es un hobby totalmente sano, no hacemos ningún mal»