Alejandro Amenábar: «Mi condición sexual no es algo de lo que tenga que avergonzarme»

Amenábar no se esconde. Poco dado a entrar en materia personal, su cautela no le impide alzar la voz. Así lo ha hecho con «Mientras dure la guerra», que estrenó ayer en cines: «Hacer esta película es meterme en un embolao». Y no es el primero


A lo hecho, pecho. Ese podría ser el lema vital de Alejandro Amenábar (Santiago de Chile, 1972). Poco dado a hablar de su vida personal, al oscarizado director no le tiembla el pulso a la hora de dejar las cosas claras. «Yo me he encontrado a veces en la situación de decir: ‘¿Abro la boca o no abro la boca?’. A veces lo hice con respecto a mi condición sexual, y en concreto en esta película también me he sentido conectado con alguien, en este caso con Unamuno. Si él fue capaz de hablar, ¿por qué voy a quedarme yo en silencio?’». Amenábar se refiere al cambio de posición del escritor y filósofo durante el transcurso de la guerra civil española, que rescata en su nueva película con la misma pasión con la que de niño contaba historias a sus compañeros en el patio mientras soñaba con ser director.

-Esta peli es especial, hace ya 14 años que no ruedas en España.

-Sí, desde Mar adentro no rodaba en español. Y sí, claro que es especial. No decidí voluntariamente hacer una historia en español, sino que la historia me llevó a hacerlo así.

-Por los pelos no repites en la carrera a los Óscar.

-Sí, fue preseleccionada por la academia española, pero en la preselección ganó la película de Almodóvar y nos hemos quedado fuera.

-¿Dónde guardas tu estatuilla?

-En mi despacho. La verdad es que no tiene mucha ciencia, ja, ja. Está allí en mi despacho, así la tengo delante de mí cuando estoy escribiendo.

-Karra y Unamuno no es una asociación nada evidente.

-No, sobre todo porque Karra no se parece ni por edad ni por físico ni por talante, pero es un grandísimo actor. Hicimos un poco el mismo razonamiento que cuando le ofrecimos a Javier Bardem hacer de Ramón Sampedro. Es un actor con muchísimo talento que iba a hacer muy natural todo lo que tuviera que ver con el personaje dirigiéndose al público. Yo quería que los espectadores sintieran que Unamuno les está hablando a ellos, y eso Karra lo puede hacer perfectamente.

-¿Por qué te obsesionó Unamuno?

-De alguna manera, descubrir que había sido protagonista de un episodio tan importante como fue el discurso del Paraninfo, que él era el padre de esa famosa frase que forma parte ya de nuestra cultura, Venceréis, pero no convenceréis, todo su giro dramático durante los tres primeros meses de la guerra civil, y constatar que no sabía nada de eso a pesar de haber estudiado la figura de Unamuno cuando estudiaba en el bachillerato. Entonces decidí rascar un poco y me di cuenta de que se podía hacer una película no solo sobre Unamuno, no solo sobre la guerra y sobre Franco, sino sobre todo una película sobre España, que es lo que creo que planea en toda esta historia.

-Esa cita, «Venceréis, pero no convenceréis», confirma que muchas veces las palabras pueden hacer más efecto que las armas.

-Él defendía la razón por encima de todo, y eso es algo que a mí siempre me interpela y me interesa, y sobre todo me gustaba también mostrar el acto de valor de un hombre que está en el final de su vida. Hacer lo que hizo de un modo casi tan inoportuno en mitad de aquel acto para mí fue una muestra de valor y quería reflejarlo en la película.

-Él se replantea sus principios al final de su vida.

-Sí, él cuestiona la República a pesar de haber sido padre de la República, desde muy pronto se desencanta con ella, y la película cuenta desde el inicio del golpe al que él apoyó en un primer momento hasta cómo se va creando un torbellino en su cabeza, y al final se da cuenta de que ni aquellos, ni estos.

-Santi Prego, Luis Zahera... ¿Con qué te quedas del carácter gallego?

-Galicia y el carácter gallego están presentes en la película a través del personaje de Franco. El Franco que muestra la película es un Franco que aparentemente era uno más, un Franco que no llamaba la atención demasiado, pero que en un determinado momento se convierte en el emperador de todo esto. Una de las explicaciones, cuando intentábamos entrar en la cabeza de Franco y decir cómo fue capaz en esos meses, entre otras cosas, de hacer creer que no buscaba el poder, dije: ‘Bueno, habrá que buscarlo en esa cosa enigmática que a veces tiene la idiosincrasia gallega’. El de Santi Prego, que es de Vigo, creo que va a ser el mejor Franco que se haya visto en pantalla, ha hecho un trabajo excepcional.

-¿Y cómo llegaste hasta él?

-A través de nuestras directoras de cásting. Lo sugirieron y llegó con muchísima seguridad a las pruebas, enseguida vimos que podía darle la dimensión justa al personaje, y sobre todo no lo prejuzgó, lo cual está muy bien.

-En el tráiler aparece una frase: «A veces el silencio es la peor mentira». ¿Cuándo echaste de menos que alguien alzase la voz por ti?

-Pues no sabría decirte… Yo precisamente me he encontrado a veces en la situación de decir: ‘¿Abro la boca o no

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