«Al principio mi familia pensó que era una locura»


Despertarse cada día con la sonrisa puesta. En la vida de Laura Weiss no hay un patrón. Tampoco una oficina en la que pasar ocho horas cinco días a la semana. Su trabajo está en Brasil, Vietnam, India, Alemania... Donde surja, donde encuentre una oportunidad que la haga feliz: «Mi trabajo no es únicamente mi título universitario. Creo que cada uno de nosotros tenemos capacidades y cualidades únicas mucho más allá de ‘nuestra profesión’. Así que es lo que intento hacer: ir explorando diferentes campos siguiendo siempre lo que me gusta», cuenta.

Nueve meses fuera

En mayo volvió a Galicia después de estar ocho meses en Brasil, y durante el verano vivió entre Estados Unidos, Francia y Alemania para dar clases de yoga y meditación. Sus viajes con la oficina a cuestas varían: a veces se pasa solo dos meses fuera, otros se queda en el nuevo destino nueve meses. Aunque el yoga es desde hace años una de sus vocaciones -«aprendí primero con vídeos en casa hasta que pude hacer mi primera formación en India»-, Laura es arquitecta: «Estudié en A Coruña y, después de vivir en Barcelona, me mudé a Suecia, a Karlskrona, para hacer un máster en Liderazgo Estratégico hacia la Sostenibilidad. Fue un año conviviendo con personas de 26 países diferentes, formados en diferentes carreras, en el que aprendí muchísimo sobre mí misma y sobre el impacto que el ser humano tiene en la tierra. Y tras ese año muchos aspectos de mi vida cambiaron de cómo vivo y cómo me relaciono con la naturaleza. Creo que ese fue el comienzo de todo lo que vino después».

Su siguiente capítulo fue un viaje a Brasil en el 2014 que lo cambió todo: «Pasé un mes trabajando en favelas a través del programa Guerreros Sin Armas y, sin duda, fue un antes y un después en mi vida. Seguí viajando por Brasil visitando comunidades sostenibles para aprender más sobre arquitectura sostenible y social, y llegué a un lugar del que me enamoré y toda mi vida se empezó a deconstruir. Conocí otras formas de ver la vida, de vivir, de entender que al menos mi verdad no era la que la sociedad en la que yo vivía me había enseñado: trabajar, dormir, comer, casarse, comprarse un coche, una casa y tener hijos». Apartó la arquitectura del 2014 al 2018 y se sumergió en el yoga y la meditación. Aquí se convirtió en la Willy Fog de los trabajos por el mundo. «Como tenía una espinita clavada de haber dejado la arquitectura y la duda de si me estaba perdiendo algo, en el 2018 volví a Berlín y trabajé con Trujillo Moya Architektur, un arquitecto valenciano con base en Alemania. Y aunque el trabajo con él era una maravilla, no me quedó ninguna duda de que el trabajo normal de oficina no era para mí».

Alegría de vivir

Desde entonces su destino es viajar, formarse y trabajar como profesora de yoga y diseñadora gráfica allá por donde la intuición la guíe. Y, sobre todo, levantarse todos los días con una sonrisa en la cara: «En el momento que no tengo motivación o me entra desgana es como una llamada de atención para redirigir mi energía y tiempo en lo que realmente quiero hacer. Especialmente este año estoy sintiendo esa alegría de vivir, de estar viva, y de que mi trabajo aun siendo trabajo no me drena o me deprime, sino que me da más alegría y vitalidad». Cuando vuelve a casa, Laura cuenta con el apoyo de su familia: «Al principio pensaban que era una locura pasajera, pero tengo una familia maravillosa que pronto se dio cuenta de que cada vez era más y más feliz, y eso al final es lo único que realmente importa». De eso se trata, ¿no?

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