El chiringuito ya es beach club

¿Quién dijo Marbella? Ni Tarifa ni Ibiza. Galifornia se pone pija, y para prueba sus zonas vip sobre la arena. El chiringuito ha evolucionado en locales de lujo y a tiro de selfi. YES, bienvenido al beach club


El chiringuito se nos pone cool. Di adiós a las sillas de plástico y a la cerveza caliente, porque la costa gallega ha abrazado la tendencia de los destinos más pijos. El beach club ha llegado a nuestras playas. Ni Ibiza, ni Tarifa, ni Marbella. Galifornia tiene sus propios locales de lujo a pie de arena y a tiro de selfi. Y para prueba, la de esta portada. En ella posan Bea y Mario apoyados en un barco que no está en el Caribe, sino en A Lanzada. Visto lo visto, esta punta del Altántico no tiene nada que envidiarle.

El Caribe en A Lanzada

«Lo que buscábamos era crear un pequeño Caribe en A Lanzada», dice Sebastián Rivas, el dueño de Arrocería A Lanzada & Sunset. Su idea para ambientar el local era que se pareciese a un resort, y desde luego lo ha conseguido (arriba). «Tenemos una zona sunset de arena con chill out y terrazas, un espacio vip con hamacas en las que puedes tomarte algo con vistas al mar y, por supuesto, también está nuestro photocall», dice Rivas refiriéndose al barquito con techo de paja en el que nadie puede resistirse a hacerse una foto. Por tener, tienen hasta zona infantil con área de ping pong y porterías de fútbol. El resto del «resort» es interior y de tres plantas. En la primera está la cafetería y dan los desayunos desde las 8.30 horas -entre 50 y 100 diarios, asegura el dueño-, en la segunda está su propia vivienda, y en la baja tienen la arrocería, con 36 fogones en funcionamiento y una capacidad de 340 personas que pueden pedirse un arroz para que se lo hagan al momento.

La música tiene también un papel importante en este chiringuito. Porque a pesar de lo cuidado de su estética, para él su local es ante todo eso, un chiringuito: «Me gusta definirlo así porque es lo que es, aunque le hayamos dado este toque y nos guste la ambientación caribeña». En este rincón de A Lanzada uno puede disfrutar de conciertos de música tradicional, de música en directo a la hora de comer y de actuaciones de grupos del pop-rock de los 90 cuando cae la tarde, sin olvidarse de la coctelería. Precisamente brindando nos encontramos a Lucía y a Bea, que dice que va al Sunset «para disfrutar y tomarme un cóctel relajadita, sobre todo con un daiquiri de fresa, que es el que más me gusta». Leticia Castro, que no sale en la foto pero suele brindar con ellas en el espacio, destaca por encima de todo las vistas: «La panorámica al océano y a la playa es algo que no te ofrecen la mayoría de los locales de la zona. El enclave es privilegiado. Y después, si la marea está alta puedes darte un baño, mientras que si está baja tienes acceso directo a la playa desde el local». Ella se ha tirado el día allí muchas veces: «Puedes quedarte a comer, tomarte un cóctel y ponerte el bañador para darte un chapuzón. Siempre hay fiesta asegurada y gente bailando», apunta. Desde luego, dan ganas de apuntarse.

Del beach club al river club

Y del beach club pasamos al river club en el interior de Galicia. Llegamos a Coles, Ourense. Allí descubrimos el Gaddafi, un clásico que abrió sus puertas en 1984 como bar-discoteca y que hoy sigue manteniendo el pulso. Manolo Seoane, su propietario, siempre ha achacado el éxito del local al enclave y a la tranquilidad. También a su terraza, que tiene césped y está pegada al río, dos características que hacen que se quede pequeña porque casi todos prefieren tomarse la caña fuera. A pocos kilómetros de la ciudad de As Burgas se encuentra este remanso de paz a orillas del Miño que multiplica su clientela en cuanto el sol se digna a aparecer. El embarcadero es otro de sus hits, con las mesas suspendidas prácticamente sobre el agua. Pero aquí la gente viene a algo más que a beber.

El que se acerca al Gaddafi puede practicar piragüismo, atreverse con una moto acuática, ir en kayak e incluso alquilar una parrilla para comer mientras siente la marea bajo los pies. El local también cuenta con toda una oferta de juegos entre los que se encuentran un futbolín, un billar, una diana o una mesa de ping pong que atraen, y mucho, a la gente joven. También a familias enteras que se acercan al bar para pasar el día al aire libre, sobre todo los fines de semana y los festivos. Aquí no hay arena ni mar, pero el campo y el río tienen el mismo tirón. Volvamos a la costa norte, que nos esperan en Valdoviño con unos mojitos.

De chill out en Valdoviño

Si El Tumbao de Tarifa se ha convertido en el sitio preferido de los amantes del kitesurf y de los cientos de turistas que veranean en la localidad gaditana para tomar algo después de una jornada playera, su homónimo en Valdoviño no tiene nada que envidiarle. Aunque aquí somos más de surf a secas, no hay quien nos gane en vistas. «Queríamos ofrecerlle ao público a posibilidade de tomar unha copa a pé de mar e montamos isto fai tres veráns», explica Antonio Castro Padín, propietario de un chiringuito en el que el buen ambiente está garantizado. «Este ano non houbo moitos días bos, pero aínda así veu moita xente», dice Antonio, que decidió abrir el local para «ofrecer algo chill out parecido aos chiringuitos de Ibiza». En El Tumbao, que abre de las 14.00 horas hasta las 2 de la mañana, no hay comidas, pero sí cócteles y diferentes opciones de gin tonics, además de helados.

«Temos tamén o restaurante A Saíña, onde xa ofrecemos todos os servizos, entón a idea deste é que a xente poida vir a tomar algo despois de cear», cuenta el hostelero, que añade: «Pola situación e as vistas que ten é un sitio ideal, sobre todo para vir coa parella, aínda que tamén coa compañía dos amigos ou familiares». Entre la clientela no faltan tampoco los turistas que aprovechan su visita a la zona para relajarse en los banquitos de madera del local.

«Vén moita xente de fóra que queda marabillada coas vistas», afirma Padín que tiene claro que una de las bebidas que más se pide es el mojito: «É o forte xunto cos gin tonics», dice. En cuanto a las horas de más afluencia de gente, el propietario de El Tumbao indica que es a partir de las 18 horas cuando el chiringuito se llena. «Dende media tarde ata as 21 horas, porque a xente marcha da praia e para a beber algo. Despois á noite tamén, de feito no restaurante dámoslles aos clientes unha tarxeta con desconto por se se queren achegar a tomar unha copa», indica. A nosotros no se nos ocurre mejor plan, pero por si acaso nos buscamos otro en Cabío.

Parrilla y copas en Cabío

El Cabío Beach Club, en A Pobra do Caramiñal, deleita a los vecinos de la zona y a los turistas que pasan por allí con su carta de comidas y bebidas al lado del mar. «Abrimos hace tres veranos y este es el primero como propietarios», dice Jesús Murillo Soler. En el establecimiento ofrecen comidas y cenas, pero también mojitos y gin tonics para disfrutar de una copa al anochecer a pie de playa. «Para comer sale mucho churrasco, pero tenemos croquetas variadas, fingers y nuggets de pollo, que lo piden mucho para los niños. Luego pimientos de padrón y otras tapas, pero ofrecemos también bocadillos y, por supuesto, café de pota y helados», comenta Murillo.

Además de saciar el apetito durante una jornada de playa, el local es ideal para tomar el vermú al mediodía. «De momento los de aquí son más de tomarlo en los bares del pueblo, pero sí que viene gente de fuera a tomarlo. Paran muchas personas de la zona de Santiago y en función del tiempo tenemos más o menos público», indica el propietario de un local de lo más cool que no se olvida de zona de los niños, para los que tiene zona de juegos. «Tenemos un parchís y una oca gigantes. En la finca hay una pista de pádel, y muchos vienen a jugar y luego toman algo». Por si fuera poco, el espacio cuenta con un área de sofás ideal para disfrutar de una copa. «Es mejor reservar, porque si hace muy buen día se llena pronto, especialmente los fines de semana», recomienda.

El Cabío Beach Club abre sobre las 11 y no cierra hasta cerca de la una de la mañana, «después de que la gente de las cenas, que se suele quedar a tomar una copa, se va», explica su dueño. Por si el local no contara con suficientes atractivos, en ocasiones actúan grupos en directo: «Algunos días contamos con actuaciones y con disyóqueis». Sin duda, es un lugar ideal para beberse y comerse el verano.

Una jaima en Cangas

Igual de apetecible es un establecimiento que se encuentra en otro de los Caribes gallegos, La Jaima de Rodeira. «Este es mi séptimo verano», dice la propietaria de este chiringuito de Cangas, Natalia Fernández. «El primer año era un kiosko y con palés construimos la estructura de fuera», dice Natalia, que confiesa que cada año da un paso más. «Empecé con una cosa súper pequeñita y cada verano decía: ‘Para el siguiente hago esto’. A partir del cuarto año decidí alquilar una caseta de madera para montar el local, y la acabé comprando. Ahora voy invirtiendo cada año para seguir mejorando poco a poco», confiesa. En su carta no hay espacio para la comida, ni falta que le hace. Porque La Jaima cuenta con unas vistas privilegiadas y ofrece el lujo de poder tomar una copa en plena playa. «Hacemos combinados de todos los tipos, refrescos, helados, cerveza y también cócteles».

Entre ellos hay uno que sigue siendo el preferido del público: «El mojito es el que más se pide», aclara Natalia. En un momento en el que esta bebida se ha reinventado y se ofrece de diferentes sabores, en La Jaima son fieles a la versión original. «Lo hacemos como siempre, porque ya hay otras cosas para el que lo prefiera, como caipirinha, caipiroska o piña colada», explica.

En cuanto a la gente que acude a este chiringuito, «hay un poco de todo», dice su propietaria. El local, que abre desde Semana Santa hasta el 30 de septiembre, consigue reunir a personas de todas las edades. «Depende de los meses y de las horas, pero viene de todo. Ahora en agosto, que hay mucho turista, se acercan muchas familias, pero también chicos de 30 años y mucha chavalada de 18 o 20», relata Natalia, que tiene muy claro cuál es la hora punta: «A partir de las 18.30 viene lo fuerte. Esas tres horas esto se llena siempre hasta la bandera». Por las mañanas tampoco falta clientela, ya que ofrecen desde cafés hasta vermús. ¿A quién no le apetece pasarse el día en la playa de Rodeira?

Camas balinesas en Samil

Uno de los pioneros en este concepto de localazo a pie de playa es el Marina Cíes Beach Club, todo un emblema en la playa de Samil. Allí uno puede quedarse dentro, pero lo mejor cuando el tiempo acompaña es disfrutar de su terraza con un buen cóctel o tumbarse en una de sus camas balinesas. Y así, espatarrado y a golpe de masaje, puedes hasta tomarte un gin tonic con vistas al mar. En su terraza premium tienen a una persona para ofrecer este servicio y masajear en manos y pies al cliente que así lo desee mientras saborea su copa tumbado. El Marina Cíes ocupa una superficie de 1.200 metros cuadrados en dos alturas que albergan un sinfín de fiestas y eventos como la que se celebraba el día en que se realizó la foto que ilustra esta página.

Fue su gerente, Odilo Rodríguez, quien supo ver antes que nadie que su apuesta le saldría bien en Vigo, y eso que hubo unos cuantos que le advertían de que en Galicia no se estilaban los locales tan exteriores. Se equivocaban. Su estética ibizenca ha sabido hacerse un hueco con un lujo que resulta asequible para muchos, e incluso en invierno sigue funcionando bien y recibiendo a gente para comer y tomarse algo en el interior disfrutando de las vistas con las Cíes al fondo, que son cortesía de la casa.

Las catas a ciegas y con maridaje son otro de los puntos fuertes de un beach club pionero en Galicia que también dispone de una cuidada selección de vinos y champagnes. En cuanto a su carta, ofrece una gastronomía basada en productos frescos de mercado, tanto en platos internacionales como en los tradicionales de la cocina gallega con postres caseros que dejan un buen sabor de boca. Podrás elegir entre tres tipos de cocina: tradicional, de autor y japonesa. Pero también disponen de un take away con el que disfrutarás de platos ligeros y fácilmente transportables para que puedas comer sin perderte ni un rayo de sol. Para hacer la experiencia aún más confortable, el local te permite alquilar camas y hamacas, y pone a tu disposición un servicio de párking con aparcacoches con el que no tendrás que sufrir el calvario que supone buscar aparcamiento un día de verano en Samil.

Y si tu plan es familiar, que sepas que también podrás ir con niños, porque el local cuenta con un servicio de cuidadores y un equipo de personas que se encargará de estar pendiente de ellos para aquellos padres que así lo soliciten. Dentro, incluso disponen de una zona recreativa con diferentes actividades deportivas, juegos y talleres para pequeños de entre 6 y 12 años. Menos infantil fue la fiesta en la que entramos para hacer la foto que ilustra esta página, que empezó por la tarde y acabó bien entrada la noche. Porque en el beach club la diversión no se despide con el sol.

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