¿Pueden ser amigos un hombre y una mujer?

Sexo, buen rollo... Y cero compromiso. En un momento en el que las líneas se desdibujan, o se trazan a antojo propio, ¿es posible ser amigos sin derecho a roce?


Ya han pasado 30 años desde que Harry conoció a Sally, pero su eterna discusión sigue presente hoy en día. La boda de mi mejor amigo, Con derecho a roce, Sin compromiso... Hollywood ha planteado este dilema en varias ocasiones. Mientras tanto, las reglas del juego han cambiado completamente. Un estudio de la Universidad de Stanford ha demostrado que en Estados Unidos, casi cuatro de cada diez parejas heterosexuales se han conocido a través de Internet. Para la gente joven, la vida tarda más que nunca en estabilizarse. Los cambios son repentinos y el futuro se va jugando partido a partido. ¿El resultado? El compromiso da alergia y cada generación es más cortoplacista que la anterior. Todo es bastante relativo, las líneas suelen ser discontinuas y bastante flexibles. Con este panorama, en YES revisamos la eterna cuestión: ¿Es posible la amistad entre un hombre y una mujer heterosexuales?

Harry opinaba que el sexo siempre está presente y que eso condena la amistad. Que ningún hombre heterosexual puede ser amigo de una mujer a la que encuentra atractiva, ya que siempre quiere acostarse con ella. Dependiendo de a quién se le pregunte, le dará o no la razón. Es un tema lleno de matices y supuestos, y cada uno responde a esta pregunta basándose en su propia experiencia y criterio. Llegar a un acuerdo es difícil porque los argumentos pueden moldearse según intereses. Pero ¿qué opinan los expertos sobre ello?

La sexóloga Aránzazu García afirma que este tipo de amistad (100 % verdadera) no es frecuente, pero que, sin duda, es posible. Explica que hay factores que facilitan que nazca y perdure. El hecho de que ambas o por lo menos una de las partes tenga pareja, quieras que no, ayuda. «Cuando no tienes pareja, siempre hay un impulso a buscarla. Hay una pulsión sexual que no está cubierta, y eso dificulta que nazca una amistad entre un hombre y una mujer. Sin embargo, cuando se tiene pareja y la relación va bien, la pulsión está cubierta y eso deja más espacio a buscar una amistad con el sexo opuesto».

Nayara Malnero, también sexóloga, añade que, por norma general, los hombres sexualizan más a las mujeres que a la inversa, pero que las mujeres los idealizan más. «En general, las mujeres interiorizan más la enseñanza de que lo importante es el interior, y de que el amor es algo que se construye fase a fase. Llegado el momento, eso podría facilitar que se enamoren de un buen amigo, aunque de primeras respeten más los límites». Nayara también afirma que es posible, y considera que una comunicación clara, tanto entre las dos personas como con uno mismo, es probablemente el factor más importante para que este tipo de amistades sean sanas para ambas partes.

El sexo, ¿bienvenido?

Entramos en terreno pantanoso y echamos un poco más de leña al fuego: ¿Qué hay de los amigos con derecho a roce? Hay quien dice que el sexo esporádico consolida la amistad. A Pedro Sánchez, presidente en funciones, le surgió la duda en el 2011, y acudió a Twitter en busca de respuestas. Ocho de cada diez personas en tiempo de sequía se lo han planteado (estimación basada en la observación exhaustiva de círculos sociales allegados). Por su parte, Aránzazu lo tiene claro: es un cliché que acaba cayendo por su propio peso. «En el momento en que dos amigos se acuestan ya hay un cambio, no hay marcha atrás. Aunque decidan no comprometerse, es algo que ya ha pasado. Es como cuando ya has visto el final de una película: puedes rebobinar, pero ya sabes cómo va a acabar». Nayara Malnero, sin embargo, deja espacio a la duda. Para ella, que dos amigos se acuesten y su amistad siga intacta, aunque no fácil, puede ser viable: «Es posible que dos amigos se acuesten y sigan siéndolo, pero solo si son muy maduros emocionalmente y hay una comunicación muy clara entre ellos. El problema es que no somos claros, tendemos a engañarnos a nosotros mismos y al otro». Mientras las dos personas tengan la autoestima alta, sean seguras de sí mismas y capaces de decir con asertividad lo que piensan, podrían funcionar como amigos con derechos. Al final, cada persona es un mundo, así que cada uno que se cuente la historia que mejor le venga, ¿no?».

Nos complementamos

Privilegios aparte, una amistad verdadera entre un hombre y una mujer es muy enriquecedora para ambos. Entre nosotros hay diferencias en la forma de analizar los problemas, de procesar las emociones... Cuando una mujer y un hombre son verdaderamente amigos, esta heterogeneidad hace que se complementen. «Las mujeres, cuando tienen un problema, dicen sentirse más apoyadas por sus madres, hermanas o amigas. Los hombres, sin embargo, confiesan encontrar más apoyo en mujeres», afirma Aránzazu. Explica que, muchas veces, las amistades entre hombres no son tan íntimas. Se divierten, hacen planes, pero no hablan tanto de sentimientos, un aspecto importante que es necesario exteriorizar.

Por su parte, los hombres suelen ofrecer una visión más práctica de la vida, útil a la hora de relativizar. Además, son amistades muy valiosas para entender cómo funciona el otro sexo, e incluso la forma en la que piensa, sin la implicación o la exposición que supone hacerlo desde dentro de una pareja. Es cierto que, como sociedad, hemos avanzado. Los conceptos estándar de masculinidad y feminidad se han difuminado. Hemos adoptado comportamientos los unos de los otros y se han descolgado muchas etiquetas. Sin embargo, aún falta camino por andar y las amistades íntimas, verdaderas, entre hombres y mujeres pueden actuar como impulso.

 

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