El Camino de Santiago en Vespa y de chuletón en chuletón

Se hacen llamar Vespistados y su penúltima aventura fue recorrer el Camino de Santiago en las motos


Dicen que no son un club. «Más bien somos una banda», me comenta Diego Pereiro. Pero una banda bien organizada. «Nos reunimos el primer martes de cada mes para tomar unas cervezas y, de paso, hablar de la ruta que vamos a hacer en las Vespas el primer domingo del mes, que es cuando salimos de excursión», explica. Los integrantes de esta banda radicada en el Val Miñor se hacen llamar Vespistados y su penúltima aventura fue recorrer el Camino de Santiago en las motos. «Nos lo tomamos con calma, porque la media fue de 300 kilómetros por jornada. Tardamos cinco días desde Saint Jean Pied de Port, pero fuimos parando para descansar y comer las especialidades de cada zona por la que pasamos. En Bilbao, chuletón; al día siguiente, otro chuletón; en Santander, anchoas; en Asturias, pote y chosco; y al llegar a Pedrafita, por ejemplo, un poco de caldo, porque coincidió que hacía mal tiempo. Nos gustan las motos, la gastronomía y el vino», resume Diego, promotor de la iniciativa. Mandaron las Vespas en un camión hasta Irún y ellos alquilaron coches para llegar al inicio de la ruta. «Fue una experiencia extraordinaria. Fuimos por la costa y por carreteras secundarias para disfrutar del paisaje. Somos amigos y nos llevamos muy bien. No hubo ningún mal rollo ni tuvimos problemas mecánicos», destaca. Siempre sentí envidia sana de los moteros. De los que cruzan España para asistir al gran premio de Jerez, de los Pingüinos, de los policías sobre ruedas que se concentran en algún punto del país, de los que quedan los domingos por la mañana en un bar para ver volar a Marc Márquez, de esos que te encuentras en las carreteras gallegas formando interminables filas un fin de semana sí y otro también, de los que son fans de las motos clásicas y sacan brillo a su Puch, de los amantes de las Harley, de los que son más de la Lambretta… Y me encanta escuchar cómo Diego habla de su Vespa: «Lleva conmigo desde el 87 y tiene más de cien mil kilómetros. Es mi niña», afirma. Los Vespistados no son los primeros que llegan a la meta del Obradoiro en Vespa, ni tampoco el grupo más numeroso, pero posiblemente sean los que hayan alcanzado el objetivo más felices y mejor alimentados.

Club Marítimo de Panxón

En la esquina donde arranca la acción de La playa de los ahogados de Domingo Villar emerge de las aguas el Club Marítimo de Panxón. La zona está ahora invadida por las algas, pero no pierde el encanto. Un enclave extraordinario que languideció durante años si exceptuamos algunas etapas y fiestas puntuales. Este verano las cosas cambiaron. Sigue habiendo una zona exclusiva para socios, pero las instalaciones están abiertas al público en general. El servicio es bueno, la comida aceptable y los precios contenidos. El resultado es que el otro día fui a cenar y la queja generalizada es que había demasiado ruido, entre la cantidad de niños que jugaban en la terraza y un grupo que tocaba clásicos. Mejor así que vacío. Cuentan con un gran expositor de conservas de la firma Arroyabe, que son de Bermeo, una de las localidades por donde pasaron los Vespistados con sus motos. Pues bien, los nuevos responsables del club náutico diseñaron una carta exclusiva en la que ofrecen ventresca, atún, o anchoas de esta marca para picar en cualquier momento del día. Las cosas sencillas son lo mejor, ya sea una ruta en moto o compartir una lata de anchoas con amigos.

Por PABLO PORTABALES PERIODISTA

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