La playa favorita de Amancio Ortega

El yate del empresario se entremezcla con los veleros y embarcaciones de recreo que surcan cada verano las aguas de este rincón privilegiado de las Rías Baixas


Podría elegir cualquiera. Desde un cayo en las Antillas a una isla privada en la Polinesia. Sin embargo, los gustos del fundador de Inditex son más domésticos. Aunque dispone de un megayate atracado en Saint Tropez para sus escapadas a la Costa Azul, el Drizzle, para Galicia adquirió otra embarcación el pasado año que es ya una habitual en aguas pontevedresas, el Valoria B. Cada fin de semana, si el tiempo acompaña, el yate, construido en el astillero holandés Feadship pone rumbo desde el puerto deportivo Juan Carlos I, donde está atracado, a los arenales de la ría de Aldán.

Mejor que Saint-Tropez

El trayecto es corto y, por qué no decirlo, paradisíaco en días de mar en calma. Desde Sanxenxo solo hay que girar hacia punta Cabicastro (en Portonovo) y apuntar en línea recta, sin salir de la ría. Aldán, esa porción del litoral que, para pesar de sus vecinos, es cada verano más popular, se ha convertido en un clásico de las vacaciones de la familia de Amancio Ortega. La ría, en realidad una ensenada o «mordisco que pega el Atlántico a la península de O Morrazo en la ría de Pontevedra», como la define el portal de Turismo Rías Baixas, tiene motivos de sobra para rivalizar con la Riviera francesa. Calas de arena muy fina y blanca a uno y otro lado, desde cabo Udra, en Bueu (por la cara norte), a punta Couso, en Cangas (por la sur). Una temperatura del mar benévola, si se compara con las del resto de las rías del sur, a causa de los afloramientos; vientos más suaves, al estar protegida del océano gracias al archipiélago de Ons, y unas aguas limpias, a salvo de factorías contaminantes. Solo hay un puerto pesquero relevante, el de la parroquia de Aldán, y es de tamaño pequeño.

Fito.La favorita: Arneles está al fondo de la ensenada de Aldán. No es la más espectacular de las calas de O Hío, en Cangas, pero sí una de las más familiares y tranquilas. Además, dispone de un fondeadero óptimo para un yate como el Valoria B
La favorita: Arneles está al fondo de la ensenada de Aldán. No es la más espectacular de las calas de O Hío, en Cangas, pero sí una de las más familiares y tranquilas. Además, dispone de un fondeadero óptimo para un yate como el Valoria B

«Es una ría muy limpia. Apenas hay industria aquí. Tiene unas aguas azules que siempre llaman la atención a quienes no las conocen», destaca Fito Dacosta, propietario de un antiguo barco auxiliar de batea que ahora se dedica al turismo marinero, O que faltaba, y de un pequeño hotel, Casa Xestadelo, ubicado en una antigua salazón que rehabilitó con su familia. «Estas aguas están reconocidas con la máxima categoría de calidad que reconoce el Instituto Tecnológico para el Control del Medio Marino (Intecmar)», destaca.

Aldán es un mordisco que pega el Atlántico a la península de O Morrazo, en la ría de Pontevedra

La mayoría de las playas de la ensenada pertenecen al ayuntamiento de Cangas. Una localidad que puede presumir de marcar un récord: posiblemente es el municipio gallego con más arenales (sin contar los de marisqueo, donde destacan otros destinos como O Grove). Tiene 39 en total. Algunos en la ría de Vigo, como Barra, Nerga o Melide y, más de la mitad, en Aldán.

Una veintena de calas

Dentro de la ensenada, las parroquias de Beluso (la única de Bueu), pero, sobre todo, las de Aldán (en la cara oriental) y O Hío (en la occidental) suman una veintena de calas. Las primeras son las mejores para pasar la tarde y las segundas para exprimir una mañana, ya que en O Hío se quedan antes sin sol, al que dan la espalda al atardecer.

Area de Bon, Menduíña, Areacova, Area Brava, San Xian o Castiñeiras son algunas de las más concurridas. Sin embargo, el fundador de Zara tiene una favorita, y no es ninguna de las más populares. Tampoco, de las más idílicas a ojos de un viajero. La elegida es Arneles, al fondo de la ría, en la parroquia de O Hío. Allí es donde se ve con frecuencia al Valoria B fondeando. Se trata de un arenal de menos de medio kilómetro de longitud, resguardado, de arena fina, aguas tranquilas, muy familiar y, ante todo, con el suficiente calado para el yate de 47 metros de eslora (16 menos que el imponente Drizzle, más complicado para atracar en los puertos gallegos). Cercano a las ruinas de la antigua conservera de Curbera, Arneles tiene un restaurante, Doade, en sus accesos.

Los vecinos, y los veraneantes, ya se han acostumbrado al Valoria B. Hay quienes se enorgullecen de compartir gustos con Ortega. La discreción es, también en vacaciones, la máxima del empresario que bautizó a su embarcación con el nombre del pueblo vallisoletano de su madre. Con ella navega también por otros puntos de la ría de Pontevedra, desde Sanxenxo a Beluso, en Bueu, donde fondea en punta Roiba y ha sido visto alguna que otra vez en todo un clásico de la gastronomía gallega, la marisquería A Centoleira. Lo que es muy raro es verlo, eso sí, por la arena. Lo habitual es que contemple la costa desde alta mar. No se dará el caso de verlo en la playa. Los hosteleros no niegan lo positivo que puede resultar este gancho: que uno de los barcos que eligen estas aguas pontevedresas para disfrutar del verano sea el del empresario de Arteixo.

Para los vecinos, que temen que este rincón acabe convaleciente del síndrome de Venecia, es decir, que pase de la discreción a la masificación turística ante el raudal de visitantes que colapsan las estrechas carreteras de esta esquina de la península de O Morrazo, es vital recordar que esta joya de las Rías Baixas necesita una estrategia ambiciosa para planificar su turismo. Es lo que tienen las cosas bellas. Son como un imán. Y a este no se ha resistido ni una de las fortunas más importantes del mundo una vez descubierto. Ni Saint-Tropez puede competir con Aldán.

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