Tanta operación bikini y tanta gaita...

ARRIBA LAS CURVAS ¿Por qué tienes que ponerte a dieta si estás contento con tu cuerpo? Reinvidica tus kilos de más, libérate de corsés estúpidos y vive como quieras. Ese es el lema de muchos que tienen una filosofía de verano envidiable.


Rafael Córdoba (arriba) no tiene complejos y hace de ello su leitmotiv. Es un disfrutón y hay dos cosas que son sagradas para él. El Pontevedra Club de Fútbol y disfrutar de todo lo bueno que la vida le pone por delante. Si encima lo acompaña con unas cervecitas y un churrasco, el resultado es redondo. Lo de las dietas y los complejos se los deja para otros. No van con él. «Lo que digo siempre es que vida solo hay una y tallas muchas» es lo primero que espeta sin pestañear para luego decir que desaconseja firmemente la operación bikini: «Que te cambies de talla y punto. Se acabó el problema».

Es fácil encontrar en verano a este genio y figura en la playa de Aguete, de Marín. Luciendo palmito, por supuesto: «Tengo bañadores de todos los colores, con estampados tropicales de guacamayos, o de patitos. Siempre llevo bañadores así», bromea este pontevedrés al que, por encima de todo, le gusta reírse de sí mismo. Se define como «un tío de hueso ancho». «Me nace la barriga en los pechos», asegura quien considera que puede desprenderse de ella «en cualquier momento»: «Lo que pasa es que siempre me está subiendo», afirma este guasón. Incluso se atreve a decir que fue profesor de Educación Física y de Matemáticas: «De matemáticas me saqué desde que descubrí que uno y uno nunca son dos. Y gimnasia siempre hice, pero el deporte no es bueno para la salud», asegura. Y eso que Rafa siempre fue un tío delgado: «Fui deportista de élite entre comillas, jugué al fútbol y era un lideira del tenis», pero todo eso ya lo ha abandonado por completo: «Cuando tienes 30 estás muy preocupado del cuerpo, con los 40 estás preocupado por la familia, pero ya a los 50 estás preocupado de todo o de nada», indica para inclinarse más por este último caso.

Porque Rafa es consciente de que los años no pasan en balde: «No se puede ir contra natura. Es decir, le sacas a las cervezas o un poco a los churrascos, pero no mucho porque, al final, hay que ir un poco con la edad», explica este maestro de la vida que solo justifica hacer un régimen estricto por temas de salud. Además, él es de los que es capaz de tener tabletas en el abdomen siempre que se lo proponga: «Sí, claro, me apoyo contra la rejilla de casa de mi suegra y me salen cuadraditos de cuatro centímetros en cuatro centímetros», concluye.

Aceptarse como uno es es una de las mejores lecciones que da a quien quiera oír porque Rafa nunca se ha puesto a dieta: «Mi suegra, por ejemplo, que ya tiene más de ochenta años, lleva toda la vida proponiéndose adelgazar. Siempre está diciendo: ‘El lunes empiezo’. Eso es un engañabobos. Y yo siempre le digo, si al final de todo, siempre nos vamos a quedar en los huesos. Para adelgazar ya vamos a tener el resto de nuestra no vida», apunta mientras aprovecha cualquier momento para invitar a una churrascada en su «apartamentito» que tiene muy cerca de Aguete, su lugar favorito durante todo el verano.

Cuando pone un pie en la playa, Rafa solo piensa en disfrutar. «Nada de postureo», pero todos los años se encuentra alguna voz crítica que se atreve a poner en tela de juicio su estado físico: «Siempre hay alguien que te dice que engordaste de un año para otro y tratas de disculparte, pero luego piensas: ‘Vámonos al chiringuito de la playa y a meternos unas cañas que es lo que nos llevamos para el otro barrio, no vaya a ser que mañana estemos muertos’», asegura este pontevedrés al que es fácil encontrar en Aguete en estos meses: «Preguntas por mí y ya sabe todo el mundo quién soy». Entre esas voces críticas, también están sus hijas. Pero al contrario de lo que puede pasar con el resto, él sabe que se lo dicen con todo el cariño del mundo: «‘Papá, mira cómo estás’. Y yo siempre les digo: ‘Hija mía, me voy a matricular en clases de baile en el gimnasio y ya está’. Pero ellas dicen que no, que a baile no, que me ponga a hacer máquinas. ‘Máquinas, olvídate’, hay que ir con los tiempos. Ahora ya no se llevan los metrosexuales. Lo que está de moda es la barriga sexual», sentencia este pontevedrés que solo quiere vivir y disfrutar.

«Mírome no espello e véxome perfecta»

Flora Millán (con el bañador negro) jamás ha vivido obsesionada por su cuerpo o los kilos de más. Las dietas no son para ella. Tiene claro que hay pocos placeres en la vida y que uno de ellos es comer. Así que nunca dice no a lo que le gusta o le apetece: «Teño moi claro que quero comer e beber de todo, mentres poida. Os quilos non me preocupan. En absoluto», asegura convencida esta vecina de Boiro, que siempre que puede aprovecha para darse un baño en la playa de Coroso sin complejos.

«Non me importa ninguén. Cando piso a area digo: ‘Aquí estou eu’. Tampouco é que ande a exhibirme pola praia pero vou bañarme e ando pola area coma todo o mundo», indica esta mujer que solo reconoce que se «desilusiona un pouco» cuando va a comprar ropa: «Porque o que me gusta non vale», dice. Aun así, ella lo tiene claro, si tuviera que seguir una dieta, sería un auténtico infierno para ella: «Si, si, si. Teño a tensión un pouquiño alta e a enfermeira díxome que tiña que camiñar moito e poñerme a dieta, pero eu pregunteille á doutora a ver se me podía dar unha pastilla e agora teño a tensión perfecta e como de todo igual», dice entre risas, aunque reconoce que sí se pondría a régimen por prescripción médica.

Poco o nada le importa a Flora lo que dicen de su cuerpo. Ella es feliz y se ve estupendamente porque al final eso es lo que verdaderamente importa: «Teño unha irmá que sempre me está a dicir que estou moi gorda e que adelgace, pero eu mírome no espello e véxome perfecta. Dígocho de verdade. Despois empezas a adelgazar e empézanche a caer os pelellos dos brazos. Ai iso non, non, non, non, non», comenta rotunda.

Flora se siente muy orgullosa de sus amigas. Esta tarde le acompaña Uxía (de bikini). Siempre que puede van a la playa, pero también les gusta salir a cenar y a tomar algo. Y nunca hay cargo de conciencia. Una filosofía compartida en este simpático grupo de Boiro: «É unha barbaridade que a xente estea obsesionada por estar delgada. Iso de reprimirte tanto, coma se foses unha modelo, a verdade que non o entendo. Porque a modelo vive diso, pero unha persoa normal non», explica esta mujer que reconoce que la gente le gusta que esté «entradiña en carnes»: «Esa xente tan tísica, a min horrorízame», confiesa.

«Lo importante es sentirse bien»

Con apenas 23 años, Sara Gil reivindica los cuerpos reales. No aquellos que se ven solo en las revistas. Ella y sus amigas son conscientes de que lo normal, lo natural y lo sano es ver cuerpos no perfectos en la playa. Así que cuando Sara pone un pie en la arena, no se preocupa lo más mínimo de cómo le sienta el bikini: «Lo único que pienso es qué bien me lo voy a pasar hoy con mis amigas. No tengo ningún problema», reconoce esta vecina de Burela, a la que le gusta aplicar el sentido común.

Ella no se siente perfecta ni pretende serlo, porque sabe que lo verdaderamente importante no es si tiene dos kilos más o dos kilos menos: «No tengo para nada un cuerpo normativo, pero estoy muy contenta con él porque creo que por encima de todo es un cuerpo sano. Y a pesar de no tener el cuerpo más delgado del mundo o la figura más estilizada, sí sé que mi alimentación es sana», dice.

Eso no le impide irse de cena o de comidas siempre que puede. Normalmente dos veces por semana coincidiendo con los días que sale de fiesta: «En verano, mínimo una o dos veces por semana nos juntamos para cenar en grupo. Vamos a un restaurante que nos guste y decidimos si compartimos raciones o si cada uno elige su plato. Algunas veces cae una hamburguesa, otras pulpo, raxo o lo que sea, unas croquetas... lo que coincida», asegura esta joven que reconoce que tanto ella como sus amigas están en la misma línea, la de no sentir ningún tipo de complejo: «Además nos ponemos en bikini y llevamos ropa corta sin problema. Lo más importante es sentirse bien con nosotros mismos. Sin amargarnos. No pasada por comer un poco diferente de vez en cuando», afirma.

Sara jamás ha hecho dieta, pero sí reconoce que en los últimos años ha cambiado su alimentación para mejor: «Intento eliminar lo que no sea saludable de mi día a día. Tomo más verduras, pero por salud», dice quien confiesa sentir «lástima» de que la sociedad obligue o nos imponga unas medidas, un peso, una estética... «No solo ya si estás gorda o delgada, sino que también se imponen muchas otras cosas como puede ser la depilación», concluye Sara.

Aquí comes de lujo a pie de playa

BEGOÑA R. SOTELINO/ YOLANDA GARCÍA/ MELISSA RODRÍGUEZ Y CARLOS CRESPO

NO SON CHIRINGUITOS, pero están situados tan estratégicamente que con solo dar un paso estás en la arena. Con la comodidad, eso sí, del restaurante de toda la vida y el sabor único de unos platos para chuparse los dedos antes o después del chapuzón

Comer al borde del mar, casi tocándolo con los dedos o sintiendo la salitre en la cara, es un privilegio que pueden ofrecer muy pocos locales de hostelería. Pero con las vistas no se come, y eso todo el mundo lo sabe. Quizás nos estamos adelantando un poco, porque para el 40 de mayo aún queda casi medio mes, pero como la meteorología anda loca, con picos de calor y frío que te llevan de las sandalias al abrigo, no es descabellado ir pensando en comidas bajo la sombrilla y cenas al aire libre con puesta de sol.

Seguir leyendo

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
6 votos
Comentarios

Tanta operación bikini y tanta gaita...