«Jamás me imaginé que me engancharía a Supervivientes»

Acaba de celebrar su primer aniversario en «Ya es Mediodía» con Ana Rosa en una pedazo de fiesta y dice que afronta los realities «sin ningún pudor intelectual». Pero como buena Ónega, la enfermedad de Sonsoles es la política: «Nos encanta arreglar el mundo en El Confesionario, nuestro WhatsApp de familia»


A un día del cumpleaños de su padre, Fernando Ónega, Sonsoles estaba deseando juntarse con él y con su hermana en la celebración «para analizar los pactos». El de la política es un virus que en su casa ha alcanzado también a sus hijos, que desde muy pequeños ya le preguntaban más por Rubalcaba que por Frozen. «Ahora tengo que decir que también me preguntan por Isabel Pantoja», señala entre risas esta periodista que escapa de su foto en los pasillos de Telecinco pero que está orgullosa de haber hecho carrera en la misma casa en la que entró hace once años «muy de puntillas, con zapatillas de deporte y sin hacer ruido».

-¡Felicidades! Un año ya de programa. ¿Parece que fue ayer?

-Quién nos lo iba a decir cuando empezamos, que podríamos llegar al año y seguir con una nueva temporada, que repite. Estamos muy contentos. Este año me ha pasado volando, no te haces una idea. Me da la sensación de que hace un mes que empezamos esta historia, supongo que esto es parte de la sabiduría de la naturaleza, que olvida las dificultades para poder seguir. Es como los partos, si no olvidásemos el dolor no volveríamos a tener más hijos. Ahora que estamos con los datos frescos te das cuenta de que ha sido un crecimiento muy lentito pero sostenido. El programa no despuntó ni produjo destellos en la pantalla el primer día, pero ha sido una pelea diaria, nunca mejor dicho. Del 7,6 que tuvimos de primera media en junio del 2018 al 12,9 que tuvimos ahora es una pasada.

-Me da la sensación de que tú también eres bastante hormiguita, de trabajar día a día.

-Pues quizás sí, nadie me lo había dicho así, verbalizado de esa manera, pero es verdad. Yo creo que la vida consiste también en ir poco a poco, haciéndote el camino pasito a pasito, si es que no hay otra. Esta es una carrera de fondo y aquí hemos venido todos a morirnos siendo periodistas, o sea que mejor ir despacio que no a toda pastilla y lesionarte por el camino.

-Esta entrevista es de Ya es Sábado a Ya es Mediodía, que lo sepas.

-¡Qué bueno! ¡Me encanta! Es que fíjate, hasta el nombre del programa al principio, todos pensábamos en alguno como muy informativo, quizás por la deformación de lo que hacemos y de las ofertas que había en otras cadenas. Y cuando la cadena propuso Ya es Mediodía produjo como, no sé cómo decirlo, una parte de sorpresa, pero a la vez en seguida lo hicimos nuestro porque es verdad que vamos a contarles el mediodía. El programa no supone ninguna innovación de la pantalla, pero sí que llegó en una franja del día que Telecinco había destinado al entretenimiento.

-Sí que supuso una gran innovación para ti, ¿no?

-Sí, ha sido un antes y un después en mi carrera profesional y te diría que también personal. Cambiar la calle por un plató, intentar hacer que ese espacio sea un lugar amable… A mí me ha enseñado a utilizar distintos registros a la hora de informar, a tratar temas que no había tratado nunca, como los sucesos, las historias de corte humano… Y a familiarizarme con el entretenimiento, que es algo que yo no había hecho jamás.

-¡Quién te iba a decir que ibas a estar enganchada a «Supervivientes»!

-¡Ja, ja, ja! Siempre he visto los programas de entretenimiento porque suponen un momento de descompresión después de todo el día, pero claro, ahora ya requiere un nivel de conocimiento de las tramas, de los personajes, de la evolución tanto en la casa de Gran Hermano como ahora en la isla. Pero vamos, que respondiendo a tu pregunta, no me lo imaginaba jamás. Y estoy encantada, eh, no me produce ningún pudor intelectual, sino todo lo contrario.

-Cuando te lo propusieron te quedaste paralizada. Te duró poco, ¿no?

-Bueno, es que tampoco tuve mucha opción de regodearme en la parálisis. Era una oferta a la que no se podía decir que no por mil motivos, pero el fundamental es que me apetecía. Yo no había pedido el cambio, porque la calle me gustaba y me sigue gustando, y la sigo añorando, pero desde el minuto cero detectas que es una superoportunidad.

-Espero que te recuperaras de esa pedazo de fiesta con Ana Rosa.

-¡Madre mía! La verdad es que tenían fama aquí en la cadena las fiestas de Unicornio [la productora]. Y claro, yo no las había probado, era el primer año, y es una cosa… la productora en este sentido hace esfuerzos por reunir equipos, y qué mejor manera que una fiesta, claro. Y luego Ana Rosa es una fuera de serie y una mujer con un carisma impresionante que en torno a ella aglutina a todos, es el buque insignia, y larga vida eh, que nos deja a nosotros un arrastre maravilloso.

-Tras tantos años de cronista parlamentaria, ¿qué piensas ahora cuando ves tu foto colgada en el pasillo de la fama de Telecinco?

-No la miro mucho, eh, ja, ja, intento evitar ese pasillo. A ver, tiene una parte de ilusión inmensa por haber hecho carrera en esta casa a la que llegué hace once años y en la que entré muy de puntillas, con zapatillas de deporte y sin hacer ruido. Me provoca mucha responsabilidad y la posibilidad de devolver la confianza que han depositado en mí.

-¿Qué tiene la políticas que os interesa tanto a los Ónega?

-Sí, yo creo que tenemos el gen del labrador, de estar todo el día labrando la tierra, y estar ahí siempre pim, pam, pim, pam. Y luego a la política supongo que mi padre ha llegado de forma circunstancial, y no sabría explicarte por qué a mí me gusta tanto, o a mi hermana Cristina, más allá de que hemos convivido con ella desde pequeñas. En casa se hablaba de política, las reuniones familiares eran de política…

-O sea, que no es tabú en la mesa.

-Nooo, ¡qué va! Si nos encanta reunirnos para arreglar el país. De hecho el sábado celebramos el cumpleaños de mi padre y estábamos deseando analizar todos los pactos… Somos muy pesados. Yo lo siento mucho por los maridos, que no tienen nada que ver con esto y quizás se aburran. Y luego tenemos un chat familiar, que se llama El Confesionario, donde estamos permanentemente comentando la actualidad política, o sea que es una enfermedad de la que no nos curaremos nunca.

-Ese virus también lo llevan dentro tus niños, que de pequeños te preguntaban por Rubalcaba y no por Frozen.

-No, no, no. Y siguen preguntando, eh. Hay momentos sagrados en casa como ver el informativo, o el matinal de Telecinco por la mañana, o la radio en el coche. Ellos conviven en ese mundo y al final hacen suyos los personajes, los políticos. Me hace mucha gracia, ahora tengo que decir que también me preguntan por Isabel Pantoja, eh, ja, ja, ja.

-Es que la política y los realities cada vez se parecen más.

-De hecho, algún día Iago, el mayor, dice: ‘Colate ha hecho esto’. Y yo: ‘Uuuy, de esto no me he enterado yo. ¿Cómo ha sido?’ ¡Ja, ja!

-Esta tierra sigue siendo tu válvula de escape. En Instagram publicaste: ‘Hoy me he levantado con ganas de Galicia’.

-Ay, sí. La tengo muy presente, y la verdad es que tenéis mucha suerte los que vivís en ese paraíso. Todavía tenemos la asignatura pendiente de recuperar la vieja casona familiar en Mosteiro y hacer allí un hogar que nos permita dejar el cepillo de dientes, eso nos falta todavía. Somos de hotel, por desgracia, y nos falta eso. Pero lo haremos en un futuro que espero que no tarde en llegar, recuperar ese espacio de reunión familiar que fue en mi infancia, y me gustaría que mis hijos tuviesen esa referencia.

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