«Los niños con alta capacidad tienen una tremenda sensibilidad»

Luis Rodríguez Cao, doctor en Psicología, es especialista en alta capacidad intelectual, un concepto sobre el que pesan todavía muchos estereotipos. Para romperlos, este experto trabaja dándole visibilidad a una cualidad
que considera debe ser siempre un motivo de orgullo


Siente alegría cada vez que descubre a un niño con alta capacidad. «Es maravilloso», comenta. Para Luis Rodríguez Cao (Meira, 1957), psicólogo y miembro del equipo de orientación de sobredotación intelectual de la Consellería de Educación, todavía queda mucho trabajo para visibilizar y normalizar esta cualidad.

-¿Cuándo se comenzó a usar el término alta capacidad?

-En torno al 2000 había un cierto debate sobre la terminología correcta para hablar de los niños talentosos, los precoces y los superdotados, y se acuñó la alta capacidad porque engloba los distintos perfiles.

-¿La gente entiende lo que significa?

-Hay una serie de mitos. Se asocia al niño pitagorín, que siempre tiene el dato concreto. También se cree que necesariamente ese niño tiene problemas psicológicos. Para combatir ese mal conocimiento se trabaja para que se visibilice. En Galicia destaca el trabajo de Carmen Pomar, conselleira de Educación, y Olga Díaz, directora de la Unidad de Superdotación de la USC.

-¿Esos niños son etiquetados?

-Sí, y hay que tener claro que a las personas no nos define solo la inteligencia. Nuestros rasgos de personalidad se forman también por nuestras vivencias. Por eso, cuando decimos que un niño de alta capacidad es de tal forma, estamos generalizando mal, hay que hablar de cada individuo.

-¿Hay rasgos comunes?

-Sí. Por un lado son niños que muestran una alta capacidad de empatía. Suelen desarrollar un sentido del humor irónico que puede llamar la atención o incluso ofender sin que sea su intención. También suelen ser personas con una tremenda sensibilidad. Llama la atención porque preguntan por temas como la muerte, algo que no resulta habitual entre los niños.

-Al recibir la noticia, ¿los padres se alegran o se preocupan?

-Suelen tener una reacción ambivalente. Por un lado sienten orgullo y por otro preocupación de que ese niño sea rechazado y de que ellos no sean capaces de ofrecerle lo que necesita. También desasosiego en la relación que pueda tener con sus hermanos.

-¿Buscan un manual de uso?

-Sí, y no existe. Las familias tienen que perder ese nivel de ansiedad. El único manual es que quieran a su hijo, que sean sus padres y que les exijan en la medida que deben exigirles. Ni más ni menos. No tienen que llevarlos siempre a museos ni a visitas. Un hijo a un padre le pide seguridad, económica y afectiva. El niño tiene que sentirse sobre todo querido.

-¿Qué no se debe hacer?

-Hay que evitar actitudes prepotentes, el ser listo no puede permitirte creerte más, igual que ser guapo no te permite humillar a otros menos guapos. Los padres no pueden endiosar a los niños porque ese es el mejor camino para conseguir que sean prepotentes, eso hará que tenga problemas para sociabilizar fuera de su familia. La sabiduría va unida a la humildad.

-Para un profesor, ¿es un chollo o un problema en su clase?

-Debe ser un orgullo y cada vez los profesores son más sensibles con esto.

-¿Qué deben hacer?

-Los profesores tienen que ser sensibles a los niños, a todos. A los que están por encima, por debajo y los que están en el nivel marcado, y observarlos. No de forma obsesiva, pero tienen que ver cómo evolucionan en el tiempo. Ese niño tiene un informe que dice que tiene alta capacidad, pero el informe no lo es todo. Tienen que prestarles atención cada día.

-¿Son los grandes olvidados del sistema educativo?

-No sé si los grandes olvidados, pero olvidados sí. En España, la primera legislación es del 96, por lo que el profesorado ha tenido cierto tiempo para sensibilizarse, pero es un problema social porque se valora mucho la igualdad. Se acepta muy fácil que a un niño se le detecte alguna discapacidad, pero al revés no. Después hay la idea de que no necesitan apoyo porque van sobrados y no se dan cuenta del sufrimiento que pueden sentir al ver que no se valoran sus características o al sentirse ignorados.

-¿Cómo se puede favorecer la integración?

-No pueden perder de vista que todos son niños. Si, por ejemplo, quieres dar el tema del sistema solar, al que está por encima no tienes que darle más información, sino plantearle cuestiones. No tiene por qué ser a él solo, puede ser en grupo. Porque la idea es que el niño se integre, para que no sufra, pero tiene que hacerlo de forma que el grupo acepte sus cualidades. El reto es que el niño sea aceptado siendo el propio niño, por eso ser profesor es una tarea difícil, a la par que estupenda. No vale cualquiera. Hay que valorarlos, porque socialmente están poco valorados.

-¿La igualdad es la causa de que estén prohibidos los centros de alto rendimiento?

-Es curioso porque están prohibidos en el ámbito intelectual, pero no en el deportivo. Me parece fatal que la palabra élite en España esté desprestigiada porque se asocia a la económica, pero pueden ser culturales, deportivas, etcétera. Todos queremos ver las películas de los mejores cineastas y los cuadros de los mejores pintores. Eso es élite. Lo que está claro es que si hay varios niños de alta capacidad es bueno que estén juntos, por lo menos en algunas actividades. No es crear élites, tú necesitas a alguien que te entienda del mismo modo que te relacionas con gente con gustos afines.

-¿Están exentos del fracaso?

-Claro que no. Hay niños con un talento académico, pero puede que no sean creativos y que en algún momento se le exijan aspectos de originalidad y se sorprendan viendo que su nivel es medio. También que por determinadas circunstancias bajen su nivel, como cualquiera. Es importante educarlos para reaccionar a los fracasos y que no se frustren.

-¿De ahí lo de inteligente, pero vago?

-Sí, sobre todo en determinadas edades. A veces las familias juegan un papel malo, piensan que si el niño fracasa es porque no quiere, porque como le dijeron que es muy inteligente creen que es porque no se esfuerza, pero a veces los temas se complican. La evolución no es lineal. Como todos, se enamoran y no están para estudiar, o por lo que sea no se concentran, por eso hay que tener siempre los ojos abiertos. Habla con tu hijo. Antes de reñirle, pregúntale. Pero que te responda la verdad depende de si ha tenido un clima de confianza en casa.

-¿Es fácil que sufran «bullying»?

-Sí, sobre todo en determinadas edades, porque es fácil que su lenguaje sea distinto y pueden ser objeto de burlas.

-¿Subirles de curso es lo fácil?

-Sí, lo que no quiere decir que no sea a veces adecuado. Es fácil porque simplemente cambiamos al niño de sitio y hacemos que se integre en otro grupo que supuestamente está a su nivel, pero como suele tener un aprendizaje más rápido, al cabo del tiempo volvemos a tener el mismo problema o afectivamente puede tener comportamientos más infantiles en un grupo con actitudes más adolescentes y sentirse desplazado. Por tanto, depende. Es una medida como otras y es un error descartarla por principio. Lo importante es que se integren sin ocultar sus cualidades.

-Siempre nos referimos a niños, pero esos niños crecen. ¿Y los adultos?

-Se habla poco de ellos. La alta capacidad no desaparece con la edad. Puede ser que no se potencie ese talento y la persona rinda por debajo de sus posibilidades. Jeanne Siaud-Facchin, autora francesa, organiza talleres para padres porque es frecuente que algunos digan: ‘A mi hijo le pasa lo que me pasaba a mí de pequeño y no quiero’.

-¿Se confundía con el Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad?

-Hoy en día se confunde menos. Lo que hay que evitar es resumir el comportamiento de una persona con un término médico. Estamos patologizando la educación y es un error. La alta capacidad intelectual no es un término comportamental, es intelectual y no es una patología. El no ser normal no quiere decir ser patológico. El niño tiene que ser visto como ese niño concreto.

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