Las vacas ligan por Tudder

REXURDIMENTO. Inspiran libros, moda, un grupo de música y marcan tendencia en los helados. En Galicia las vacas ya son más numerosas que los vecinos en más de 60 concellos. Lo último es que ligan por teléfono


Solo un gallego podía superar la mítica frase del pequeño Cole en El sexto sentido: «A veces veo muertos». Lo ha hecho Javier Guitián con su imbatible A veces veo grelos, lema bajo el cual escribe en este diario casi siempre sobre un mundo rural cada vez más poblado por fantasmas del pasado. Pero el rural también innova. Entre las últimas tendencias está la aplicación para teléfonos móviles puesta en marcha en Inglaterra con el nombre de Tudder, la fusión de Tinder [la app para ligar] y udder que en inglés es ‘ubre’. El objetivo es buscar a la pareja ideal, toro o vaca, y para ello, al igual que en la aplicación del ligoteo, hay que deslizar hacia la derecha para indicar que le gusta o hacia la izquierda para rechazar. Y si le gusta irá a www.sellmylivestock.co.uk donde están las fotos y la información sobre la forma de ser y el físico de cada ejemplar. Dicha web está administrada por la firma británica SellMyLivestock (SML) y es usada por un tercio de los agricultores ingleses.

«La aplicación busca unir a los animales de granja con sus almas gemelas, con perfiles de datos de animales de 42.000 granjas en todo el Reino Unido», dice la descripción en la Apple Store.

Cuando dos criadores de ganado aceptan emparejar a sus reses, dentro de esos planes tan en auge de confort y felicidad de estos animales, en el móvil suena el alegre mugido de una vaca: ¡Ha ligado! Ya solo queda cambiar de residencia e irse a vivir con la nueva pareja.

Vida secreta en la granja

Lo que puede pasar con estas nuevas parejas lo ha contado Rosamund Young en el libro La vida secreta de las vacas (Seix Barral). Esta mujer regenta la granja familiar Kite’s Nest, junto con su pareja Gareth y su hermano Richard, que está cerca de Worcestershire [en el centro de Inglaterra]. Lleva más de 40 años entre marelas a las que llama Dolly, Dolly II, Anne, Helen, Stephanie, Olivia o Jane Eyre [«huérfana al nacer»].

La granjera ofrece un listado de las 20 cosas que los humanos deberíamos saber sobre las vacas. La sexta es que «pueden comunicarse con las personas». Las cinco primeras son: «Se quieren... o al menos algunas lo hacen», cuidan a los hijos de sus amigas, son rencorosas, inventan juegos y se ofenden. Esas ofensas son en ocasiones cuestiones familiares muy entendibles para los humanos; así «Stephanie y su hija Olivia tenían una relación cercana y normal» en esta granja donde vacas, ovejas, cerdos y gallinas se mueven en libertad. Cuando Olivia tuvo su primer ternero, Orlando, su madre «le ayudó a elegir un buen lugar donde dar a luz, cerca de un arroyo de agua limpia», relata Young, en la traducción al español del libro que ha hecho Carles Andreu.

Pasados unos días, cuando la abuela-vaca intentó ayudar a cuidar al nieto-ternero, la madre no le dejaba ni siquiera lamerlo, así que «sorprendida y dolida, dio media vuelta, saltó la valla más próxima y se alejó por el campo contiguo para pastar con sus viejas amigas. Hasta donde yo sé, no volvieron a hablarse nunca más», asegura Young.

En el libro, del que ha vendido más de 100.000 ejemplares en su país, según la editorial, esta granjera evoca: «Algunos de mis primeros recuerdos son de historias que contaban mis padres y cuyos protagonistas eran vacas, cerdos, gallinas o aves silvestres».

El libro es un detalladísimo cuaderno de campo donde la autora expone la filosofía de su granja y elabora un tratado rebañológico del comportamiento de las vacas: «Cuando el rebaño se volvía a juntar, su reencuentro era pura alegría. De hecho, recuerdo que Anne y Helen se besaron después de pasar inesperadamente una semana la una sin la otra, cuando tenían unos tres meses».

Young relata que en su granja tiene vacas que juegan al escondite, disfrutan cuando las cepillan, prefieren ser atendidas por mujeres antes que por hombres y se dan lametazos para asearse, todo ello en un lenguaje de gestos, mugidos y miradas que invita a verlas de otra manera.

De Adelaida «De Vacas»

Esa mirada distinta ha estado siempre presente en Galicia, donde las vacas son especiales y en más de 60 concellos ya superan en número al vecindario. Quizá por ello hay personas que asumen sus nombres: «Como vacas, chamabámonos así entre nós, porque nos gustan e queremos ser coma elas. O seu ritmo pausado, a elegancia no ollar e a dignidade coa que pacen. É o símbolo da paz, xa o dicía Castelao». Esto le contaba a Ana Abelenda, en este diario, Faia Díaz. Ella es Pinta y junto con Marela (Inés Salvado) y Morena (Paula Romero) forman el rompedor grupo musical De Vacas, del que forma parte Guillerme Fernández: «Xa estaba, el é a vaca rubia», decía Faia. En marzo publicaron la nueva canción, Rexurdimente, en la que hablan de «Rexurdimente das vacas e revolta feminista, con Rosalía á cabeza».

También hay vacas con nombre de persona, como Adelaida. Era la abuela paterna de las hijas de Concha, una de las responsables de la explotación ecológica de Friol en la que los lobos mataron la semana pasada a esta vaca que estaba preñada. «Moitas das miñas vacas teñen nome e ata apelidos, porque son animais de compañía», explicaba Concha.

También hay personas a las que les gusta lucir estampados de vaca en cazadoras, vestidos o botas. Lo recogía la revista Elle el pasado mes de marzo contando que el estampado vaca o cow print es la última tendencia entre un nutrido grupo de modelos y artistas, entre ellas Victoria Beckham.

Además, en estos días de calor se pueden ver a familias enteras degustando el bico de xeado [ese revolucionario helado de leche de vaca] sentadas en las marelas de madera que identifican algunos de esos locales. Con todo ello parece claro que hay un rexurdimento de las vacas.

Las parejas con más futuro salen de Tinder

LORETO SILVOSO

TÚ PENSANDO que esto iba de andar de flor en flor y resulta que estás jugando con fuego. Las relaciones que salen de las aplicaciones para ligar son las más estables

Si eres tímido, no sales de copas y trabajas más que una guionista de Netflix, las apps para ligar son tu solución. «A mí me han funcionado», afirma Laura Martínez, que conoció a su pareja, padre de su hijo de dos años, a través de Tinder. Su caso es prototípico de las relaciones modernas. Ambos rondan los 40 años, se pasan horas y horas en la oficina y han entrado en una etapa en la que salir de noche no es una necesidad imperiosa. Más bien, lo que les da es bastante pereza. «Solo bajaba de vez en cuando con los compañeros de la oficina, pero tengo como máxima no mezclar mis relaciones personales con las del mundo laboral. Donde trabajo, no mezclo».

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