«Los hay que se meten en la autopista por la tortilla»


No es tan extraño que un gallego del sur enfile la autopista AP-9 para ir a comer tortilla a Betanzos. Pero sí es mucho más excepcional pagar el peaje con el único objetivo de detenerse a medio camino entre Santiago y A Coruña, en el kilómetro 40, para probar la cocina del restaurante Ameixeira, al que se puede acceder desde los dos sentidos del vial. El boca a boca y las buenas críticas de los comensales en las páginas de reputación han provocado que en los últimos tiempos hayan aparecido los primeros comensales que no tenían otro objetivo para adentrarse en la autopista del Atlántico que no fuera el culinario. «No es lo habitual, pero alguno sí se mete solo por probar la tortilla». Las primeras salen de cocina a las ocho de la mañana, y se van haciendo a demanda hasta media tarde. Es un bocado rápido y sabroso, sobre todo cuando se hace, como es el caso, con sartenes de hierro, un par de kilos de patatas y 18 huevos.

Es una de las señas de identidad de este negocio que abrieron en 1984 el padre y el tío de Santi Turiel, que junto a su prima Mariluz Veiras se ha encargado de mantener vivas las llamas de unos fogones donde se preparan a diario callos, pulpo, jarrete o codillo confitado, las estrellas de la carta. La cocina casera es una apuesta segura en Galicia cuando hay buen producto, pero para que algunos clientes paren hasta dos o tres veces por semana tiene que haber algo más. «Intentamos ser muy cercanos y tratar bien a la gente, que ya nos conoce porque van 35 años». La mayoría son comerciales, transportistas o visitadores médicos que hacen su parada habitual para descansar o despejarse. Su presencia es casi una dinámica habitual en este negocio que abre de 6 a 23 horas. Pero a veces entran varios autobuses a la vez y hay que engrasar una maquinaria en la que están implicados 17 empleados. En el menú del día, entre principales y postres, se puede elegir entre 25 opciones, «y como mucho tenemos una demora de diez minutos». Si se recurre a la carta también hay otros platos más elaborados, «las recetas de toda la vida de mi madre y de mi tía». Una familia ordense que tiene un pequeño secreto. Los clientes de la zona que conocen las pistas interiores son capaces de caminar y sentarse a la mesa sin pagar peaje.

Esta es la autopista de la mejor tortilla

TONI SILVA / CARLOS CRESPO / MARÍA GARRIDO

Ponte en ruta, porque a pie de autopista y de carretera hay locales que sirven este manjar y si el peaje es desviarte un poco siempre merece la pena. Apunta estas direcciones de la AP-9 a la A-6. Te convienen

Hay asfaltos que huelen a tortilla. Carreteras que tienen indicaciones invisibles, olfativas, donde conviene bajar la ventanilla y dejarse guiar por la nariz. Porque hay tortillas que dan vida al asfalto. En las vías de alta capacidad, donde los radares afloran porque los conductores siguen locos para que el tiempo le gane al espacio, se han levantado templos culinarios donde conviene que sea el tiempo el derrotado. Porque hay tortillas que nos dan la sensación de haber llegado a la meta.

Paramos en la A-6, en el kilómetro 558 (en el municipio de Coirós, A Coruña). A ambos lados de la vía de alta capacidad leemos el mismo reclamo, Cafestore. En un principio, la palabra queda muy lejos de sugerir alta cocina. Más bien bocadillos, sándwiches, platos combinados o menú del día… alimentos que se sirven a 120 por hora como la carretera que acabamos de dejar. Pero la vida nos suele recompensar cuando caminamos sin prisa, cuando nos sacudimos las preocupaciones y observamos lo que tenemos delante de nuestras narices (otra vez la nariz). Y entonces descubrimos que parar en Cafestore y no tomar su tortilla es como pasar por A Pedra de Vigo sin tocar las ostras, o atravesar la comarca del Ribeiro bebiendo exclusivamente agua.

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