«Me muero de ganas de conocer a mi nieto»


A nabel Karioxy Mota Fábregas (Maracay, Venezuela, 1977) es una abuela virtual que se deshace en deseos de estrujar entre sus brazos a su nieto. Solo lo conoce de hablar con él por teléfono y por videollamadas, dice, al tiempo que muestra toda una enciclopedia de imágenes de Alexandro, en mil y un escenarios posibles, o del niño con su madre. La vida de esta venezolana afincada en O Carballiño desde hace 17 años ha sido dura, aunque reconoce que el apoyo de los vecinos de la villa y el hecho de sentirse plenamente integrada (por vez primera en su historia votó el 28 de abril) hacen que se sienta «orgullosa de ser una gallega más». Se quedó embarazada en la adolescencia y, a partir de ahí, todo se fue enredando, pero tuvo aún dos hijos más.

Su hija mayor, Arnalys Yubraska, la hizo abuela con 36 años. Licenciada en Derecho, optó por marcharse de Venezuela y vive en Chile: «Trabaja de encargada en un pequeño hotel y le va muy bien, lo que me hace la madre y la abuela más feliz del mundo». Anabel reconoce que su objetivo en la vida es reunir el dinero necesario para ir a abrazar a su nieto: «Hasta ahora no he podido ir allá, lo conozco por videollamada pero de persona no lo conozco y es muy estresante porque quiero tocarlo y sentirlo. Ya el solo hecho de tenerlo es demasiado, porque trabajé para eso y ha valido la pena. Me muero de ganas de conocerlo».

La situación de Venezuela no tiene futuro, apunta Anabel Karioxy Mota Fábregas, y pone como ejemplo a su propia familia: «Una prima mía llegó el sábado, y ya hemos ido a extranjería a arreglar los papeles para quedarse porque su experiencia no ha sido buena: le secuestraron a la niña y le robaron el carro. Dejó a las niñas a cargo de la abuela. Mi mamá se va ahora para Chile y mis tías se han marchado, una para Colombia y otra para Perú. Ya no me queda nadie en Venezuela». Y mientras Anabel hace cuentas, y apura la espera para poder disfrutar de su nieto, reconoce sentirse a gusto en O Carballiño. «Siempre me han tratado bien y me he sentido integrada. He salido adelante, con altibajos, pero ha valido la pena», reconoce esta abuela cuyo único objetivo es ejercer como tal con su nieto Alexandro Rivas Mota.

«Yo fui abuela con 31 años»

YOLANDA GARCÍA / XOSÉ MANOEL RODRÍGUEZ / BEATRIZ ANTÓN

Abuelita dime tú... Son jóvenes y tienen nietos que, a simple vista, parecen sus hijos. Llenas de energía, aseguran que la realidad que les tocó vivir fue la de una maternidad tempranísima que, por esas cosas del destino, se multiplicó cuando sus hijos repitieron experiencia

Rebuscando en el baúl sin fondo de Internet resulta que me encuentro con caras famosas de abuelas y abuelos que lo fueron a una edad más bien temprana: Whoopi Goldberg, a los 34, y Pierce Brosnan, a los 44. Aunque realmente no me hizo falta ir a la red de redes para encontrar un caso conocido y mediático. Un día, rebuscando en los archivos de La Voz de Galicia precisamente, me llamó la atención el siguiente titular: «La abuela más joven de España». Además, estaba en Galicia. En Vigo, para ser más exactos. Fue 1995 el año de aquel reportaje en nuestro periódico. Y su protagonista, Ana María Aldir, por haber tenido su primer nieto a los 31 años. Entonces regentaba el bar Parada de la calle Pastora y esa fue la primera pista que me llevó a ella. Aunque actualmente lo tiene alquilado y el local cambió de nombre, por suerte conservó la línea de teléfono. Fue toda una alegría oír al otro lado del auricular: «Si, son Ana María». Se acordaba perfectamente de cuando su nombre saltó a la esfera pública. «Vou un pouquiño máis maior xa. Imaxínate, dende os 31 ata os 59 que fixen o 27 de abril... É así a vida», respondió.

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