El mejor fotógrafo de España es gallego

UN PARTO DE PREMIO. Alfonso Novo ganó la distinción nacional capturando el nacimiento de su hijo, el instante en el que Marco asoma la cabeza y se separa de su madre. Este lunes compite por la Copa del Mundo de Fotografía


El mejor fotógrafo de España es un gallego que ha revelado el origen del mundo en un paritorio del Hospital Teresa Herrera, de A Coruña. Alfonso Novo (Ribeira, 1971), premio al Mejor Fotógrafo en Reportaje de la Federación Española de Fotógrafos Profesionales, compite este lunes con otros nueve finalistas por la Copa del Mundo de Fotografía. El de Alfonso sí ha sido un buen trabajo de parto, aunque la que lo sufrió con todo el cuerpo fue Yose, su mujer. Él, que no suelta la cámara desde los 17 años, y hace reportajes de boda de Galicia a La India o China, ha documentado el momento exacto en el que vio la luz el más pequeño de sus hijos.

Marco, su benjamín, tiene ahora un año y cuatro meses, y fue en su primer cumpleaños, el día de Todos los Santos del 2018, cuando su padre supo que sería el representante de España en el Mundial de fotografía. Hoy no es Alfonso, sino el pequeño Marco el que lleva la cámara, me enfoca, dice ¡pa-ta-ta! y dispara el muñeco de su objetivo.

Alfonso vio nacer a Marco parapetado tras su cámara. Si es que alguna vez olvida cómo fue la llegada de su hijo, aquel festivo 1 de noviembre del 2017, su foto se encargará de recordárselo. Esa imagen que aspira al reconocimiento mundial permanece, de momento, en la intimidad familiar y el reducido ámbito del certamen que le dio el primer premio de España.

¿Cómo surgió la foto? «Yose y yo lo hablamos de forma natural, y a ella le pareció bien desde el principio. Es matrona, sabíamos que todo iba bien, y yo, gracias a esto y a la experiencia de ella, me sentía seguro, muy tranquilo», cuenta el fotógrafo de Emovere Studios que vive y trabaja en A Coruña, y viaja este fin de semana a Noruega en el palmarés internacional, en compañía de su hijo mayor, Manuel, que sigue sus pasos en la fotografía.

TODO EMPEZÓ A LAS 2.22

A medida que se acercaba la fecha del parto, Alfonso, que heredó la vocación de su padre y es un apasionado de documentar las cosas sencillas, cotidianas, alegres, divertidas, dramáticas, a veces solemnes y siempre «auténticas» de la vida, empezó a dejar la cámara en la mesilla de noche antes de irse a la cama. «Y llegó el momento en que Yose dijo: ‘Oye, está aquí, empieza’. Cogí la cámara, pulsé el teléfono para ver la hora, y esta fue la primera foto que hice del reportaje: la hora que era, las 2.22», recuerda con una seguridad fotográfica. «Desde que me levanté hasta que terminó el parto, busqué varias veces referencias que reflejasen el tiempo. Cuando llegamos al hospital, hice una foto de un reloj junto a una pared llena de imágenes de bebés, buscando el ángulo para que en la foto saliese a su vez la de mi hijo el mediano, Martín, que estaba allí pinchada con una chincheta entre todas las demás», explica Alfonso.

¿Pudiste mantenerte en pie, no te rompió que fuese un parto natural, que aquellos fuesen tu mujer y tu hijo? «Pude hacerlo, estaba centrado en el trabajo. Yo soy una persona despistada con las cosas del día a día, pero cuando me centro en algo, es como si no existiese nada más. Con mi primer hijo, Manuel, me desmayé en el parto. Con el segundo, Martín («Titín» le llama con lengua de trapo su hermanito Marco), lo pasé horrible, estaba muy tenso, porque el parto, aunque no hubo problemas grandes, no fue todo lo sencillo que debería. Con Martín hice fotos, pero no del momento justo del parto, pero con Marco estaba tan tranquilo y tan centrado que casi me olvidé del resto, hasta de sufrir por ella, por Yose», confiesa Alfonso. Entonces, ¿disfrutaste de tu parto profesional? «Sí, disfruté el parto y documenté todo el nacimiento de Marco de pe a pa», afirma. «Y no es disparo-disparo-disparo. Yo soy intuitivo, no programo casi nada, pero estás pensando en todo a la vez, en la composición, en la luz, en el ángulo, en el momento… Y todo sucede muy rápido, la gente se mueve, tienes que tener cuidado de no molestar. Es una situación sensible, delicada», explica quien revela que no supo que esa foto sería La Foto cuando la estaba haciendo. «En ese momento no eres muy consciente, estás muy dentro, casi no te das cuenta», dice.

EL ORGULLO DE SU PADRE

Lo mejor para él, más que el premio que le ha dado la Federación de Fotógrafos Profesionales, fueron unas palabras de su padre: «Él es un tío de pocas palabras, de muy pocas palabras, y cuando le di la noticia de que me habían dado el premio, cuando le llamé desde la cena en Valladolid en la que lo supe, me dijo que se sentía orgulloso de mí. Ese fue el mejor premio para mí», asegura. Y advierte que, a veces, lo más valioso está ahí al lado, lo tienes delante y es como si no lo vieses o necesitases darte un tiempo para verlo. «De hecho, yo presenté otra foto al concurso, una que hice en el Tíbet. Quedó también entre las finalistas, pero ganó la del nacimiento de mi hijo. Parece que tienes que irte lejos a buscar la mejor foto, la que cause más impacto, y después te das cuenta de que la mejor la tenías en casa», confiesa quien conserva un recuerdo imborrable de su madre, fallecida de forma repentina en el 2015, uno entre muchos de los que tiene foto. «Me pasé horas recorriendo carpetas en el ordenador y viendo imágenes de mi madre y no paré hasta que llegué a una, y dije: ‘Esta’. Me quedé mirándola un rato, y fue la única que metí en la carpeta ‘Mamá’. Y dije: ‘¿Por qué esta?’. Era una foto de lo más normal del mundo, en la que sale mi hijo Martín sentado en la encimera de la cocina y mi madre hablando con él y preparándole un bocata. No era una foto en la que mi madre estuviese guapa, era un momento real que reflejaba lo que ella hacía siempre. Esa situación fue la que despertó en mí hace años ese deseo: documentar. Lo bueno es que con el paso de los años, cuando veas esa foto, veas lo que fue realmente ese momento, lo que fue la persona», dice.

Como padre, Alfonso Novo ha parido la que es hoy su mejor foto, según el dictamen profesional. Una en la que nos muestra cómo se nace, ese acontecimiento común pero extraordinario, un big bang de carne y hueso, la foto que aspira a la Copa del Mundo revela cómo empieza la vida, el lugar del que venimos todos nosotros.

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