Si estás embarazada, mírate los pies

SI LA BARRIGA TE LO PERMITE, que sería lo suyo en el primer trimestre, fíjate en tus pies... porque si algo no marcha como debería puede que tengas la respuesta a tu dolor de espalda. Sí, porque no siempre es una cuestión de peso


Sé que es complicado, sobre todo a medida que pasan las semanas, pero esta recomendación de los podólogos es para el primer trimestre, cuando la perspectiva todavía es aceptable. Durante el embarazo las alertas saltan al más mínimo cambio: en la piel, en la boca... sin embargo, los pies pasan inadvertidos a pesar de que son los que aguantan el tipo. «Estas pacientes van a sufrir una serie de cambios, tanto físicos como hormonales, que pueden modificar la propia estructura del pie, la pisada... y el aumento de peso puede propiciar que tengan mayor posibilidad de incidencia de patología en los pies, y si este tipo de alteraciones modifican la marcha, pueden acabar afectando a la espalda», explica Borja Pérez, presidente del Colegio de Podólogos de Galicia. Así que, ojo, porque cada vez que molesta la espalda no es una cuestión de peso, sino que puede venir de un problema de apoyo. Y es que el aumento de volumen abdominal y de peso, sumado a otros factores fisiológicos típicos del embarazo como la liberación de sustancias tipo elastina que favorecen la apertura del canal de parto, originan un desplazamiento del centro de gravedad que desencadena un aumento progresivo de la curvatura lumbar. Y eso provoca un cambio importante en la marcha al sobrecargar la musculatura de los miembros inferiores. En concreto, los profesionales destacan que se reduce la velocidad y se incrementa la base de sustentación o la separación de los pies. De ahí la importancia de esta revisión durante los tres primeros meses de gestación para prevenir el hundimiento de la bóveda plantar, del arco del pie.

¿ES REVERSIBLE?

En principio la situación se revierte una vez que la mujer da a luz. Habitualmente en el posparto muchas mujeres normalizan el estado de sus pies, aunque si existen otros factores asociados -que se pueden detectar en una revisión inicial- pueden sufrir a posteriori alguna molestia a medio-largo plazo.

Entonces, ¿cómo sabemos si los cambios que se están produciendo necesitan de tratamiento o se resolverán por sí solos cuando el cuerpo recupere su estado anterior? «Si a una embarazada en el primer trimestre no se le detecta ningún problema, el arco está bien, pisa bien, a los tres meses de dar a luz se le repite la revisión para comprobar que todo sigue en orden y listo, pero puede ser que en esa primera revisión ya detectemos que pisa mal, y que ella todavía no hubiera reparado, y como va a tener otros factores asociados al embarazo, las molestias van a ser mayores», señala Pérez. En este caso, sería muy factible que le dolieran más los pies, que se le hinchen más las piernas, etcétera.

La línea roja la marca el índice de masa corporal, aunque la variación de esta no siempre es decisiva porque hay personas que encajan bien un cambio elevado, y otras que con menos ya detectan problemas, por ello insisten en las revisiones podológicas. «Hay situaciones que no podemos controlar, -explica el presidente de los podólogos gallegos- pero otras muchas que se pueden minimizar, y a veces con colocar unas plantillas a una embarazada, mejora muchísimo la situación, van a caminar mucho más, van a estar más activas y en mejores condiciones, y vamos a evitar que porque tenga dolor de pies no camine, y por esta circunstancia coja más peso, le duelan más las piernas o la espalda». Además de revisar los pies para valorar su estado, los expertos recomiendan usar un calzado adecuado, con una buena suela que amortigüe la pisada.

OTROS PROBLEMAS

Si estás embarazada, puede que no te hayas fijado en los pies, pero seguro que has sentido calambres en la parte de atrás de las piernas o muslos. Es normal, son consecuencia del cansancio y de las alteraciones circulatorias. Otro de los problemas frecuentes son los edemas, las inflamaciones de los pies y los tobillos. «El útero ejerce presión en los vasos sanguíneos de la cadera produciendo una disminución de la velocidad de la circulación de retorno, generalmente manifestándose en los últimos meses del embarazo», apunta el presidente.

Así que ya sabes, fíjate bien dónde (y cómo) pisas.

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