Jorge Mira: «Tardei 16 anos en saber que era daltónico»

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ANA GARCÍA

ELLOS SON DIFERENTES Jorge Mira avisa de que muchos lectores son daltónicos y no lo saben. Hablamos con un discapacitado que descubrió en silla de ruedas sus capacidades; un bailarín que triunfa en un mundo femenino y una mujer negra que vive rodeada de blancos. ¿Quién dijo barreras?

18 ene 2019 . Actualizado a las 05:05 h.

Ana Garcia

Ante él puedes ponerte colorado, que no se va a dar cuenta. Ya puedes tener unos ojazos verde agua, que no le van a deslumbrar. Tampoco se va a asustar por muy rojos que se le pongan los ojos ante los focos de la tele. Y aunque se apaña con la lavadora y la elección diaria de la ropa, confiesa que el orden de los colores no es lo suyo y que a veces pide ayuda en la tienda para asegurarse de que lo que se está comprando combina bien. El científico Jorge Mira supo que era daltónico a los 16. Al contrario de lo que pueda parecer, no es tan fácil darse cuenta. «Se es daltónico, probablemente non o saibas. É máis fácil non decatarse de que es daltónico que de que es miope», dice Mira, que descubrió su condición en el colegio: «Na materia de Filosofía había un capítulo de percepción, e o profesor mostrou unha lámina de daltonismo. Aí descubrín con absoluto estupor que era daltónico».

Hay quien, incluso, muere sin saberlo. «Eu tardei porque pensa que sempre vin así. Non é como se tes esa facultade e despois a perdes. Nós non sabemos o que nos perdemos», aclara Mira, que deja bien claro que el daltónico estándar ve colores, pero posiblemente más apagados: «Eu vexo as sete cores básicas do arco iris. O problema é cando empezas a mesturar e me falas de verde caqui ou verde pastel... Eu vexo como vexo, non lle podes explicar a un cego o que é a cor vermella». Para entender el daltonismo hay que entender el ojo humano, que ve en base a tres colores: verde, rojo y azul. Todos los tonos a partir de ahí, son mezclas. «Nós temos o verde e o vermello menos rico ca vós», indica el científico, que señala que hay casos peores: «É o caso extremo dos que non ven cores, e só ven a escala de grises. Chámase acromatopsia e só hai un caso de cada cen mil. O daltonismo normal, a deuteranopía, que é o problema do verde, e a pronatopia, que é o do vermello, engloban o 99 % dos casos». Luego, hay grados. Él diferencia los colores del semáforo, mientras que otros aciertan por descarte.

CUESTIÓN DE GÉNERO

Mira calcula que en Galicia puede haber unos cien mil hombres daltónicos y unas cinco o seis mil mujeres, «coma unha cidade como Santiago. Oito de cada cen lectores de YES van ser daltónicos, e moitos seguramente non o saiban». Y es que esta es una alteración casi de género. «Mulleres daltónicas hai moi poucas. Este proceso débese a un problema no cromosoma X. Elas son XX e eles, XY. O problema pasa porque hai un xene nunha das patas do X que está mal, e que vén de túa nai ou de teu pai. Pero ti, como es rapaza, tes outro cromosoma X que normalmente vai estar san e vai tapar o problema do que está mal. Se eu teño o problema no cromosoma X, o Y nunca vai poder arranxalo. Para que unha muller sexa daltónica, ten que ter a mala sorte de que lle caian os dous cromosomas malos», apunta el científico. «Gustaríame ter sido rapaza, porque, se o fose, vería a vida doutra cor», zanja. Mientras tanto, desde el departamento de Física Aplicada de Óptica y Optometría, planea estudiar la aplicación de unas gafas para ponerle, si cabe, aún más color a la vida.

XOAN CARLOS GIL

IVÁN POMBO, LESIONADO MEDULAR: «Todos tenemos alguna pequeña discapacidad»

Iván tenía 19 años cuando una simple zambullida le robó la movilidad. Estaba con sus amigos jugando al fútbol en el mismo sitio de siempre, en la playa fluvial de A Freixa (Ponteareas), y el balón se cayó al río. Él se tiró de cabeza para recuperarlo, pero se golpeó con un tronco que no debería estar allí. Días antes se había producido una riada que lo movió todo y sacudió su vida. «Entonces trabajaba en la construcción, en un trabajo físico. Además, había sacado el carné unos días antes del accidente y tenía apalabrado un coche», relata. Al principio, no fue consciente de lo que le había pasado. «En aquella época no sabía lo que era una lesión medular. Y en el hospital, pensaba que me iba a recuperar. Fue en el cuarto o quinto mes cuando los médicos me dijeron que no tenía recuperación», recuerda Iván, que tras una época difícil -«estuve dos años sin salir de casa»-, decidió salir adelante y derribar las barreras que se había puesto a sí mismo.

Hace unos años, solicitó la prestación de un asistente personal por la ley de dependencia, que le ayuda en tareas como las del hogar o el aseo personal, y le hace el acompañamiento laboral y de ocio. Pero los grandes avances en su vida también tienen nombre de mujer. Vicky, su pareja, precisamente una extrabajadora de Cogami, tiene mucho que ver en su nueva vida. «Nos conocimos allí y desde que estoy con ella, todo cambió», asegura Iván con timidez. Llevan un año viviendo juntos, por lo que abandonó la casa de su madre y lleva la vida de cualquier hombre de su edad.

FÚTBOL, VIAJES Y SALIDAS

«Soy futbolero, así que voy mucho a Balaídos. También salgo con los compañeros, viajo cuando puedo y me gusta conocer culturas nuevas», asegura. Y, por supuesto, no pierde la oportunidad de pasear a Moro, el labrador con el posa en la foto. También influyó, y mucho, que un buen día cruzase las puertas de Cogami. «Allí me animaron a reconducir mi vida a la discapacidad y a que retomase mis estudios. Me ayudaron a sacar la ESO, pero yo seguía sin ganas de hacer nada», indica. Con 29 años, una trabajadora le advirtió de que rozaba la treintena y que debía reaccionar. «Me puse a estudiar a distancia», indica Iván, que a sus 37 años está terminando el doble grado de Turismo y de Administración y Dirección de Empresas. «Vi que había que hacer algo. Dije: ‘Pasivo no puedo ser, tengo que ser activo como era antes’». Gracias a una beca, hizo prácticas en el centro de Mos el año pasado y este.

Tiene muy claro lo que quiere decirles a los que están sumidos en la oscuridad de la que él logró salir: «Todos tenemos alguna pequeña discapacidad. Unos tienen la física, pero las hay de otro tipo. Yo puedo ser un buen económico y tú no, por ejemplo. Y, al mismo tiempo, todos tenemos nuestras capacidades. No hay que venirse abajo y hay que potenciar lo que realmente puedas hacer». Esa es su lección.