¡Mi casa no es la tuya, papá!

APUESTO A QUE SI AHORA PUDIERAS CONSTRUIRTE UNA CASA DE CERO no pondrías ninguno de los objetos que aparecen en esta página, que por otra parte estás harto de ver en la de tus padres o abuelos. Hay detalles que (sin querer) se convierten en un auténtico DNI para los pisos.


1. Fuera bidé

Es de las primeras ideas que se le viene a uno a la cabeza cuando se pone a reformar un baño. Principalmente por una cuestión de espacio, pero también de utilidad. Este sanitario está pasado de moda, y realmente a estas alturas podemos prescindir de él, pero es cuestión de gustos y costumbres. 

2. La plata, al cajón

Hay un detalle muy relevante para averiguar quién vive en una casa. Si encima de los aparadores, estanterías o muebles hay objetos de plata, o bien bandejitas grabadas, marquitos de fotos y otros que todavía estás pensando para qué sirven, puedes estar seguro de que estamos ante un inquilino que ronda los 70 o más. Los que no han alcanzado el medio siglo, si es que han conseguido independizarse, prefieren otros artículos de decoración, que entre otras cosas, sean más fáciles de limpiar. 

3. Ley «antitabaco» casera

Nadie (hasta la fecha) ha prohibido fumar en casa, sin embargo, en los últimos años los ceniceros en los hogares se han reducido considerablemente. Si eres fumador seguro que tienes uno a mano en la mesa del salón, y que compartes sin problema, pero antes había tantos como cigarros puedes fumar en una tarde, aunque todo sea dicho, también los usaban de decoración. 

4. Cerrar la bombona

En este caso ya puedes tener 25 años que como en el edificio que vivas haya instalación de butano, no puedes hacer nada por modernizar la situación. Solo te queda poner carteles detrás de la puerta de la calle que te recuerden que hay que cerrarlo antes de salir, porque si no has crecido con él, más de una vez se te olvidará. 

5. Cero cortinas a la vista

Si vienen de serie y estás de alquiler, igual se quedan puestas por no meterse en el fregado de quitarlas y volverlas a montar, ahora bien, como la casa no las traiga o sea en propiedad ya te adelanto que no te vas a decantar por esta opción. Los pisos de ahora tienen las vistas muy despejadas, y si molesta la claridad se instalan un par de estores, que no hay que lavarlos (con tanta frecuencia). 

6. Gotelé

Es cuestión de gustos y de modas, el gotelé lo estuvo durante mucho tiempo y dejó mucha huella, si no mirad para las paredes de la casa de vuestros abuelos (o padres). Es raro ver una pared lisa, si tocas enseguida notas esas pequeñas rugosidades, que si bien con el blanco o beige pasan más desapercibidas, en cuanto se le pone un poco de color a la pared, cantan. Si tienes claro que no te gusta este efecto artístico, es mejor que lo digas al principio de la reforma. Cuesta mucho desprenderse de él, en todos los sentidos. 

7. Recuerdos a la vista

Fíjate como en casa de tus padres o tus abuelos cuanto recuerdo tienen de viajes, bodas, bautizos, comuniones, jubilaciones y demás obsequios están a la vista. Ahora gira la cabeza a tu casa: como mucho tienes las pulseras de acceso a los festivales o algún imán en la nevera, pero poco más. 

8. Apunta el móvil, que no tengo fijo

Cuesta entenderlo, sobre todo a una edad, pero SÍ se puede vivir sin fijo. No hay excusas, ni la de Internet. La gran mayoría de los paquetes promocionales de las teleoperadoras regalan cientos y cientos de minutos en llamadas desde el fijo, ¿por qué será? ¿Quizás porque va camino de convertirse en un objeto «vintage»?

9. ¡Qué coquetos eran antes!

Si ahora somos una generación cómoda, la anterior era muy coqueta. Parece que nos hemos vuelto más reservados, y últimamente nos va más el tema de los cajones para guardar y guardar, pero no siempre fue así. 

10. Salón y salita, ¿pa’qué?

En las casas que cuentan con dos habitaciones destinadas al ocio, esta fórmula no falla: el salón, con unos sofás grandísimos, muy bien puesto por si llega a venir el rey de visita, pero intacto; y la salita muy acogedora y muy cómoda pero para 2 personas, no para 6. Sentarse todos a la vez en el sofá es una escena digna de «Qué apostamos».

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