César Bona: «Todos los niños tienen cuatro valores que vienen de fábrica»

Aspiró al «Nobel» de la educación, pero rehúye el rótulo de «mejor profesor de España». César Bona abre el verano sin deberes, a la sombra de los árboles y con un cuento que enciende la magia de las pequeñas cosas. ¿Curiosidad? Primer valor

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Hay un mínimo envoltorio y una máxima socrática -«Un profesor no lo sabe todo»- en la manera de hablar de César Bona (Zaragoza, 1972). El que de niño devoraba Tintin y las aventuras de Los Cinco (le gustaban más que las judías, confiesa) abre el verano con un cuento, El asombroso mundo de Bernardo, tomando jengibre, un remedio casero para su garganta (y una prueba de que creció de la mano de los chicos de Enid Blyton).

 -¿Maestro ante un debut literario con «El asombroso mundo de Bernardo»?

-Hice también una adaptación del Quijote para niños, en la misma editorial, Beascoa. Siempre me ha gustado escribir cuentos. Vivo más el mundo de la infancia que el de los adultos, por raro que resulte. Leo más cuentos que novelas.

-Una profesora me decía hace poco que percibe que se está perdiendo el hábito del «cuento de buenas noches» que disfrutamos tantos egeberos.

-Será por el vértigo de vida que llevamos. Una espiral de estrés que pagan los niños también. Pero leerles cuentos a los niños y las niñas es una necesidad. Compartir un cuento, leerlo juntos o inventárselo, crea un momento mágico, y conforme crecemos las reglas nos encorsetan tanto... Hay que cuidar esa forma de mirar las cosas de los niños, la manera de apreciar las pequeñas cosas que tienen los niños y enseñan los cuentos, y que con el tiempo suele perderse, se va.

-Compartir un cuento con los hijos es terapéutico... para los padres.

-Sí. Y hacerlo por puro placer. Es muy especial... Pregúntale a un niño por qué. Compartir un momento así es decirle «En este momento no existe más que esto, nada más que tú y yo».

-Este cuento va dirigido a «todas esas personas que saben ver lo extraordinario en las pequeñas cosas». ¿Un valor inusual en el mundo adulto?

-Ver el mundo desde la «altura» de los adultos hace que nos perdamos cosas de valor. Y es triste... no disfrutar, por ejemplo, de pisar la hierba con los pies descalzos, o estar bajo la lluvia, ¡que parece que está prohibida! O tirar piedras al río... Eso para un niño, y más para un niño como yo, que creció en un pueblo de 1.200 habitantes, libre, es importante. Es un privilegio del que ojalá pudiesen disfrutar todos los niños.

-Creciste sin ser sobrevolado por «padres helicópteros», controladores.

-Sí... Yo no entiendo esa sobreprotección de los padres en cosas como «No, por la arena no» o «¡No pises la hierba!». Porque en esas sensaciones está, precisamente, la magia de la vida.

-Rodeados de asfalto, de alimentos procesados y con un Tetris de agenda, los adultos echamos de menos esas cosas, bajar a la arena, mojar los pies en el mar o jugar como niños.

-Nos falta tiempo. Y en esto niños y abuelos tiene una complicidad especial. Los abuelos disfrutan de estas cosas. Son los que, al tener más tiempo, dicen: «Voy a disfrutar del tiempo». En El asombroso mundo de Bernardo hay una conexión especial con el abuelo, también con un amigo y con el gato Calcetín, que recogen en la calle, y encierra un mensaje importante. Unos 200.000 animales son abandonados cada año en España.

-Nos empeñamos en que los niños aprendan a leer, a sumar, a dividir, y hay valores importantes que traen de serie y pasan inadvertidos.

-Todos los niños tienen cuatro valores: la curiosidad, la creatividad, la ilusión y la imaginación. ¡Vienen de fábrica!

-Tendemos a los extremos. O malamadre o hipermadre. O disciplina férrea o nueva educación. ¿Es posible alcanzar el equilibrio?

-Para mí no hay lucha entre escuela tradicional e innovación. Hay cosas que aunque pasen 50, 60, 70, 80 años siguen funcionando ahora. Aulas abiertas, ventanas mirando a la naturaleza...

-Pero el sistema educativo, en general, presiona fuerte y cada vez a más corta edad, acelerando etapas, ¿no?

-Seguimos en el estímulo de la competitividad cuando lo que funciona es la cooperación y el respeto, el respeto a uno mismo y a las diferencias. Es básico. Necesitamos hacer equipo. El fin de la educación debe ser educar para convivir, y falta gente valiente arriba dispuesta a cambiar las cosas. Podría hacerte una pregunta. Piensa en dos o tres cosas importantes en tu vida, y piensa si están a diario en las escuelas o no.

-Cada vez tenemos menos hijos, en Galicia la caída de la natalidad es histórica. Y si no se tienen es difícil ser sensible con las necesidades de los niños. Los niños-niños molestan enseguida.

-Hay que compaginar el respeto de los niños a los demás y mantener una niñez abierta. Es difícil, pero eso no solo se trabaja en casa. La escuela es un buen lugar para ayudar a las familias a educar a sus hijos. Se trata de hacer equipo.

-Viendo adónde hemos llegado, ¿deberíamos limitar el uso de tecnologías, móviles y tablets en niños y jóvenes?

-Vivimos en un mundo tecnológico, y los adultos no dejamos de usar el móvil y el ordenador. Pero me parece importante el uso responsable de la tecnología, que para mí es la proyección de tu cuerpo o tu sistema de valores. Es necesario trabajar el pensamiento crítico. Cualquier cosa que se publique puede hacerse viral y no ser cierta. Es necesario que ellos miren, sobre todo, a la naturaleza. Volver. Es tan tan importante que ellos vivan sobre todo experiencias... En el momento en que le damos a un chico o una chica el móvil o la tablet, perdemos una oportunidad de disfrutar la riqueza de un paseo por el campo.

-Tus deberes para el verano pasan por sumar momentos y experiencias.

-Son la alternativa a los deberes que propuso el profesor italiano Cesare Cata. Se trata de que cuando estés de vacaciones, puedas desconectar. Y a los niños cuanto más tiempo tienen más tareas les ponemos. Más que tareas, deben tener experiencias. Ir a pasear, a una biblioteca, hacer una tarta... Hay miles de cosas sencillas que podemos hacer. Las vacaciones son un momento para valorar lo que significa la conexión con la naturaleza. Es paradójico llegar a un lugar lleno de árboles, y decir: «Uf, aquí se desconecta», cuando en realidad lo que haces es conectar.

-Emocionarse es aprender, dicen los expertos. ¿Por qué es tan importante entrenar la inteligencia emocional?

-Se dice desde hace tiempo que el ser humano es un ser racional, pero toma decisiones de forma irracional, movido por el odio o el amor, o por la ira. Si no sabes gestionar la ira, el miedo, la frustración o la alegría será difícil que seas feliz, y que logres convivir con los demás. Somos seres irracionales y sociales. Las emociones se educan, y no son una moda. Quien diga que son una moda debería revisar de qué estamos hechos.

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