«Hacer información política es mucho más fácil que entretener»

Núria y Nando han cumplido cinco años al frente de «Cazamariposas», uno de los programas más frescos de la televisión, haciendo parodias del mundo del corazón, al que le han echado mucho humor. Su éxito, dicen, es que nunca han perdido de vista al espectador y lo más complicado ha sido confirmar que las ideas brillantes no siempre funcionan

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Núria Marín y Nando Escribano no sabrían presentar el uno sin el otro, por eso no se imaginan haciendo televisión por separado. Se conocieron detrás de las cámaras hace años y ahora que triunfan también delante aseguran que su tándem está muy bien engrasado gracias a que son amigos, se quieren y se equilibran.

-Cinco años de «Cazamariposas». ¿Alguna vez pensasteis en llegar hasta aquí?

Núria. Sí, sí, desde el primer momento [risas]. Yo cuando arrancó metí todos los huevos en el cesto de Cazamariposas y algunos se han roto por el camino, ja, ja, pero todavía quedan huevos.

Nando. Yo, en cambio, fui más de ‘otro año más’, ‘y otro’...

-¿Cuál de los dos tuvo más fe?

Nando. Nos compenetramos bastante. Hay etapas en las que yo soy más negativo, y otras en las que ella está más preocupada y soy yo el que digo ‘venga, no te rayes’.

Núria. Yo suelo ser más optimista que él, pero también más fantasiosa. Me flipo mucho, pero creo que los dos tuvimos confianza.

-Tenéis que estar muy compenetrados.

Núria. Sí, nos entendemos muy bien. Hay gente que tiene mucho ego, mucha vanidad en televisión, pero como nosotros veníamos de trabajar juntos detrás de las cámaras y lo seguimos haciendo, al final lo que pasa delante es casi a lo que menos tiempo le dedicas. Detrás hay tanto trabajo durante el día que las rencillas absurdas de ‘tú has hablado más’ no las tenemos.

Nando. Nos hemos llevado siempre muy bien. No creo que Núria pudiese estar con otra Núria ni yo con otro como yo. Estamos compensados.

-¿Una cosa que os guste mucho del otro?

Nando. Yo siempre digo que con Núria he aprendido un mogollón de tele, a resolver problemas y a tener la mente fría y a decir: ‘Esto es así y el problema es este’. Es muy segura, muy curranta y muy motivada.

Núria. Nando cuando decide algo lo hace con total convicción. Se lo cree mucho. Si dice ‘esto es buenísimo, vamos con esto’ voy supertranquila. Eso me permite relajarme un montón. Él sabe mucho de lo nuevo, siempre está a la última de las noticias más frikis, todas estas que salen de Estados Unidos. Eso que la gente espera de nosotros y que a otros programas no les cabe en la escaleta. Nando rastrea las redes como nadie. A mí me da mucha calma porque yo siempre voy muy acelerada, él me aporta calma y enfría la situación. Si no, yo viviría tan al límite que estaría muerta de un infarto.

-¿Llegáis a casa y os seguís chateando?

Nando. Sí, sí. Y quedamos; nos vamos de compras juntos, nosotros entramos a las cuatro a trabajar y a lo mejor llevamos ya desde primera hora del día juntos.

Núria. Y cuando a uno de los dos nos pasa algo en nuestra vida personal enseguida nos llamamos. Yo es a la primera persona que llamo. Somos amigos desde antes de Cazamariposas.

-¿Quién puede llegar a ministro o ministra antes?

Nando. ¡Núria!

Núria. ¡¡No!! A mí me encanta la política, ¿eh?, pero sí que no descarto dedicarme a la diplomacia internacional; ser embajadora de un país me encantaría [risas]. No hay nada que no resuelva un cupcake y el buen humor.

-Vosotros mezcláis humor y corazón, no debe ser fácil mantener ese punto.

Nando. Hacer humor no es nada fácil. Además estamos siempre con ‘esto ya lo hemos hecho’ o ‘no podemos tirar del mismo personaje otra vez’, ‘tenemos que innovar’... Yo como espectador cuando veo que repiten lo mismo en un programa ya no me hace gracia.

Núria. Y hacer humor desde la ironía y sin faltar es complicado. Intentamos ser justos y tener buen gusto a la hora de reírnos de los demás.

-Le habéis dado un aire muy fresco hasta hacer un «contraSálvame».

Nando. Y hemos acercado la información del corazón a la gente joven. Gente que no suele comprar revistas ni ver esos programas y que en cambio se engancha al nuestro porque le gusta cómo nos reímos del mundo del corazón.

-¿Qué le diríais a quienes siempre critican estos programas y los tildan de marujeo, cotilleo...?

Núria. Son unos snobs. Sobre todo la gente que se dedica al periodismo y ya de entrada nos trata de segunda división. Cansa que te miren como un apestado por hacer televisión y por hacer entretenimiento. Nosotros contrastamos las informaciones igual que un cronista político, a nosotros no nos llama ningún cargo público para decirnos: ‘Oye, esta información tratádmela bien’. Hay algunos periodistas que van de prestigiosos y sí que contestan a esas llamadas. Estoy cansada de ese esnobismo, me ofende que parezca que haya periodistas de primera y de segunda. Yo soy perfectamente capaz de hacer una crónica política, me harta, y reivindico la prensa del corazón como parte del mundo periodístico.

Nando. Desde la facultad te enseñan esta diferenciación. Y a mí me gustaría ver si ellos, esos periodistas, sabrían hacer nuestro trabajo, entretener en directo, que es mucho más complicado que hacer una crónica política por escrito. Yo no les digo lo que tienen que hacer, pero reconozco que me genera hasta cierto morbo cuando me encuentro con alguien que va de este palo.

-Si fuerais un famoso, ¿quién querríais ser?

Nando. Yo un cantante de éxito. Me gusta la música, cantar, y me gustaría viajar, ser el típico famoso que hace giras. Devoro los documentales que lanzan el making of de la gira... Me lo pasaría guay.

Núria. Yo sería una Amal. Que lo mismo puedo ir a un evento glamuroso que luego coger mi maletín de trabajo y ayudar a los más desfavorecidos como hace ella. Estar al lado de George Clooney y conseguir que la gente ya no diga ‘la que está casada con George Clooney’. Ella ya es Amal. Alguna famosa que esté haciendo algo por la mujer. Me gustan las famosas que usan su poder para cambiar el mundo.

-¿Cuál diríais que es vuestra esencia?

Núria. No perder jamás de vista al espectador, que den su opinión en el Twitter, estamos muy pendientes de la acción del público.

Nando. Y recibir sus indicaciones, a veces nos dicen: ‘A ver si le dais caña a fulanito’ o cuando hay un programa nuevo en Mediaset pensamos en cómo parodiarlo.

-No hay un plató al uso, os movéis un poco al estilo de los youtubers.

Núria. Sí, un poco es ese estilo. Es nuestra redacción, nuestro sofá, nuestra mesa, donde debatimos, donde acabamos de cerrar una entrevista o acabamos de llamar a tal persona. Nos sentimos cómodos y eso nos da cercanía.

-Lo vuestro ha sido también una carrera de fondo...

Núria. Sí, lo más importante ha sido la paciencia que han tenido desde la cadena, y nosotros, porque es verdad que nos hemos juntado unas cabezas que tenemos fobia a tirar la toalla. Cuando uno decae, siempre hay otro que te levanta.

-Con Mila ha habido mal rollo, ¿os habéis perdonado?

Núria. La queremos mucho y ella a nosotros. Se pica y luego se le pasa, pero nos hemos dado cuenta de que un día te odia y al día siguiente te abraza. Ella es intensa, pero es guay.

Nando. Creo que si le preguntaras hablaría bien de nosotros.

-¿Dentro de otros cinco años cómo os imagináis?

Núria. Haciendo Cazamariposas, pero a lo mejor sería guay tener una edición por la noche para poder decir burradas, hablar de sexo. O hacerlo en directo por toda España.

Nando. Sí, a mí me molaría un Cazamariposas Late Night.

-¿Os da yuyu este éxito?

Núria. Sí, da miedo relajarte y pegarte la hostia.

Nando. Bueno, pero también hemos aprendido a pegárnosla y levantarnos.

-¿Qué ha sido lo más complicado?

Nando. La dedicación, el hecho de que seamos no solo las caras sino las mentes hace que al final tu vida esté enfocada solo al trabajo. Compensa porque no todos los presentadores pueden decir eso; nosotros hacemos todo, los contenidos desde el principio, pero es sacrificado.

Núria. Para mí lo más difícil, y que creo que ya he aprendido a encajar, es que una idea brillante puede no funcionar. A veces vengo pensando que lo vamos a petar con una superidea y al día siguiente ves el mal dato. Tienes que aprender a cometer errores, a equivocarte y saber que no pasa nada. Otras veces aciertas, hemos aprendido a coger carril.

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