Una estrella china, de incógnito en Galicia

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Tres chinos desayunaban tranquilamente en el hotel Blue Coruña. De repente, se quedaron como paralizados. Con la tostada en la mano, la boca abierta y las miradas fijas en una espigada compatriota que ocupó otra mesa. En voz baja empezaron a comentar entre ellos. Es imposible descifrar lo que murmura un chino, pero imagino que sería algo así como: «Es ella, increíble coincidir aquí, a miles de kilómetros de Hong Kong. Le pedimos si nos podemos hacer una foto…». Se lo pidieron y Gigi Leung accedió a fotografiarse con los sorprendidos orientales. Por estos lares no creo que nadie la conozca, pero en su país es una estrella, una celebrity habitual en la prensa, incluida la del corazón. Es actriz, cantante, compositora y autora de varios discos. «Yo me estoy acostumbrando a que me reconozcan y a llegar a los sitios y estar rodeados de cámaras», me comenta Sergio, su vallisoletano marido y la conexión de esta mujer con España. Aprovecharon su viaje de negocios a Galicia para hacer turismo y, por ejemplo, se dieron una vuelta por la plaza de Lugo de A Coruña. A Gigi le encantó el ambiente, la variedad de productos tan distintos a los de su tierra, pero lo que más le gustó fue pasear por todos lados sin ser reconocida por nadie. «Aquí hay pocos chinos», me dice.

HOSTELEROS DE O BURGO

Pablo, el propietario de La Picotería, me quiso agasajar. Gambas de Huelva, anchoas, steak tartar, un salmón que ahúman en el propio local y no sé cuantas cosas más me dio a probar en su imponente restaurante de O Burgo, Culleredo, al ladito de A Coruña. Reformó un amplísimo bajo y lo dotó de reservados, cava donde algunos clientes conservan sus vinos favoritos, y una cocina con un sistema de extracción que si pasas por ella mientras Albano (socio y cocinero) prepara algo a la plancha no percibes ningún olor. Pablo me contó sus inicios en Casa Celia, otro templo de la comarca, y de su etapa en O Raxo de O Burgo. Me vino a la cabeza el Auto Deportivo, ya desaparecido. Y A Cepa, que lleva más de 35 años dando de comer a distintas generaciones. «Vienen clientes que conocemos desde pequeños y que ahora ya son padres», dice Javier, hijo de los fundadores. Y más allá está Casa Leonardo y A Fonte da Saúde, que llevan toda la vida. Más nuevos, por citar algunos, son A Casa do Cura, el restaurante que sirve las raciones más grandes, o el Divino, donde Leo, su propietario, susurra a las carnes. En definitiva, en esta zona conviven cantidad de buenos hosteleros. Una pena que Gigi Leung ya se haya marchado, que si no me iba con ella a picar algo de incógnito.

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