Carme Chaparro: «Criticar las actitudes de otras mujeres es una barbaridad»

Lleva más de veinte años presentando informativos, ha publicado dos novelas con el aplauso de muchos lectores que consiguieron que su primer libro fuese un éxito de ventas. Ahora colabora en el programa «De mayor quiero ser» para abrir otros referentes a las niñas. «Yo tengo en mi madre todo un ejemplo de lucha», confiesa

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Carme Chaparro (Salamanca, 1975) es una de las veteranas en los informativos, lleva más de 20 años delante de las cámaras y esas tablas, dice, le permiten no perder el control en el directo. Ella, sin embargo, asegura que, pese a la imagen de seguridad que proyecta, es una persona a la que le pueden las emociones -«un día estoy arriba y el otro abajo»-, tal vez por eso le interesa siempre el lado salvaje del ser humano como mostró en su primera novela, No soy un monstruo. Su faceta de escritora es precisamente lo que la ha llevado a participar en el programa De mayor quiero ser, enfocado a abrirles a las niñas todo un horizonte de intereses para un futuro.

-Estrenas «De mayor quiero ser». ¡Te acabas de meter en otro fregado!

-Sí, ¿sabes cuando no sabes decir no? Esa soy yo. Aunque algo he cambiado: antes decía que sí a todo, pero ahora he aprendido a decir no a muchas cosas. Sobre todo a cosas insustanciales, que me quitan tiempo de mi familia. Pero es que estoy en un momento en que me ofrecen cosas muy interesantes, como este programa. Y el retorno en cariño, orgullo y satisfacción es tan grande que era imposible decir que no.

-¿Tú le abres a las niñas otros referentes?

-Sí, los niños tienen referentes muy claros, ahora tenemos un Gobierno con más ministras que ministros, pero los niños ven en la tele que todos los científicos son hombres, todos los expertos son hombres y a las mujeres no se nos ve. Por eso queríamos poner una semillita, y vamos a ser un poco referentes, algo que para mí es una responsabilidad. Estuve con Marta, una niña de 9 años, que quiere ser escritora. Estuvimos viendo lo que le podía enseñar, fuimos a una biblioteca, a una librería, a la imprenta... Ha sido maravilloso para mí y creo que también para ella.

-¿Quiénes fueron tus referentes? ¿Tuviste alguno cerca en tu familia?

-No, fíjate, no un referente de ese tipo. Mi madre se vio obligada a dejar el colegio cuando se quedó huérfana, en un pequeño pueblo de Extremadura. Mi abuela se quedó viuda joven con 6 hijos y entonces la hermana mayor de mi madre, con 17 años, se fue sola a la Costa Brava a trabajar en un hotel, haciendo camas de turistas para conseguir dinero e ir trayéndose a todos sus hermanos y a su madre a Barcelona. Comprar un pequeño piso y darle un futuro a toda su familia, mi familia. Fíjate la lucha. Mi madre dejó el colegio, se puso a trabajar y cuando llegó a Barcelona, aquí se casó. Mi madre sí ha sido un ejemplo de lucha.

-¿Tú tuviste clara tu vocación?

-Sí, sí. Yo siempre fui muy imaginativa. Lo veo en mis hijas, son igual que yo. El otro día me decía mi hija mayor, que tiene 6 años: «Mamá, tengo tanta imaginación que no me cabe en la cabeza» [risas]. Ella tiene esa sensación de que imagina por encima de sus posibilidades, ja, ja. Yo las estaba bañando y me suelta eso, imagínate, es maravillosa.

-Pero tú no pensabas qué querías ser.

-Recuerdo que quería ser pediatra porque la consulta a donde iba estaba genial, en Valencia, donde vivimos cuatro años. Y en ese barrio, que empezaba a desarrollarse, veías en el pediatra dibujitos pintados en las paredes en la España de mediados de los setenta y eso era la bomba. Así que yo quería estar allí, aunque me pusieran inyecciones [risas] Luego leer, leer y leer. Me enganché a la lectura y mi vida cambió cuando descubrí lo que me daban los libros.

-Y ahora desde la otra faceta también de escritora. ¿Cómo haces para organizarte? ¿Para sacar tiempo?

-Me organizo mal, la verdad. El otro día mi hija, cuando llegó a casa mi segunda novela, La química del odio, me dijo: «Mamá, no escribas otro libro, quiero que juegues más conmigo». Eso lo llevo mal, ella no lo hace para que me sienta culpable, los niños no saben de eso. Ella lo dice porque lo siente, pero yo lo pienso y digo: «Es que yo me quito tiempo de mí, no de ellos». Nosotros no tenemos a nadie que nos ayude en casa con los niños, estamos o su padre o yo siempre. Yo la mayor parte de este libro lo he escrito levantándome muy pronto, en maquillaje esperando, o con ellas en el salón y el portátil encendido.

-Tienes claro que quieres estar con ellas, que quieres tiempo con tu familia.

-Sí, porque yo me he perdido mucho tiempo cuando hacía los informativos de fin de semana. Nunca comíamos en familia, mi marido trabajaba, el tiempo pasa muy rápido y no quiero perderme eso.

-Esa es la trampa. Estamos siempre en esas.

-Sí, yo tengo suerte porque mi pareja tira también mucho del carro. Pero, por ejemplo, él ahora se va mes y medio a Rusia con el Mundial, y sí voy a tener una época complicada. Pero él también me apoya cuando yo estoy en promoción y viajo más. Él es un padre maravilloso y devoto, hacemos malabares.

-Tú has sido muy crítica también con que las mujeres nos damos mucha caña: que si esta va de mujer de, que si esta posa medio desnuda, que si esta es una malamadre...

- Sí, sí. Es que yo lo hice una época: criticar o sancionar actitudes de otras mujeres y al final te das cuenta de que eso es una barbaridad. Tú puedes pensar que una persona lo hace bien, lo hace mal, que tú harías otra cosa, pero cada mujer es cada mujer. Y sus circunstancias son sus circunstancias. Lo que tenemos es que apoyarnos, ayudarnos, querernos y echarnos una mano entre todas, no criticarnos. Ese es el peor error de las mujeres, a ver si lo conseguimos.

-Tu primera novela fue un éxito, y la segunda también va por las más vendidas. Te interesa el «thriller» que parte de lo real.

-Sí, sí. En mi primera novela se me ocurrió un final y a partir de ahí desarrollé. Ahora quería continuar con los mismos personajes, porque dejé al lector con un final sobre un precipicio y quería mostrar cómo serían sus vidas después. Al final te das cuenta de que 20 años después de ejercer de periodista hay mucho thriller de poso en mi cabeza. Porque hemos contado muchas cosas terribles, que si las escribes de manera ficcionada incluso es muy difícil creerlas. La novela me permite ser todo lo visceral que no puedo en el informativo, que tengo que ser muy contenida. Yo en la novela puedo sacar la navaja y abrirme las tripas y eso me parece muy fascinante. Estoy en una nube.

?-¿Cómo llevas que digan eso de: «Otra de la tele que escribe libros»?

-Eso me preocupaba en la primera y ahora ya no me preocupa. Mis lectores saben lo que hay, algunos de esos lectores leen mucho y otros no, pero se gastan 19 euros en un libro, en el mío. La gente no se gasta el dinero alegremente, al final comprar un libro es una decisión que meditas. Yo estoy agradecida con que se hayan llevado mis novelas. Y la gente prejuiciosa que sin leer la novela la critica, pues allá ellos. Leedla y luego me criticáis. De momento, afortunadamente, no he recibido muchas pullas. Y en esta segunda novela no he oído nada, algo bueno será.

-Nos has dicho en esa primera novela que todos en una situación límite podemos ser un poco monstruos. ¿Tienes un lado muy salvaje?

- Sí, todos. El primero va de monstruos, y el segundo de odios, que al final también son monstruos. Yo creo que todos lo llevamos dentro, está en la naturaleza del ser humano, pero los años de evolución nos han llevado a que el cerebro controle nuestros instintos, nos socializamos y nos volvemos buenas personas. Aunque ante determinadas situaciones en que nos puede poner la vida no sabes cómo vas a reaccionar. Imagínate ahora, los padres de Laia, la niña asesinada hace unos días en Vilanova, teniendo delante al asesino de tu hija. Quién te garantiza que tú no mates a golpes a quien ha matado a tu sobrina o a tu hija... Son situaciones tremendamente emocionales en las que no sabes cómo vas a reaccionar. Si tienes una pirula con el coche y ya te pones a cien...

-¿Tú tienes esa parte tan emocional?

-Sí, sí. Mucho, mucho. A mí todo me afecta, de repente estoy arriba y estoy abajo, pero no soy emocional como para autodestruirme, para ponerme triste o para pegar un grito. La vida aún no me ha puesto en una situación como de uf, cuidado, contrólate.

-Pero en tu trabajo tienes un control absoluto.

-Sí. A veces empiezas el sumario y no hay ningún vídeo del informativo. Y dices, bueno, pues cuando acabe de leer los sumarios, no sé qué voy a hacer. Pero es así, miras de reojo la escaleta y ves off line, off line. Tiene un punto, y al final aprendes que no le puedes transmitir nerviosismo al espectador. Mientras lo digas con calma, puedes seguir hablando y así el espectador no va a percibir que pasa gran cosa, aprendes a controlarte.

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