Eminencia se casa con eminencia

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Héctor Gómez tiene 38 años y es de Monforte. Miriam Velay apenas pasa de los 30 y es natural de Fisterra. Pero los dos viven lejos de la terriña. Ambos son profesores e investigadores en la Purdue University de Indiana, considerada una referencia planetaria en el campo de la ingeniería. Es impresionante encontrarse a dos gallegos impartiendo magisterio en estas aulas legendarias. Bueno, en realidad hay un tercero, Adrián Moure, compostelano, que está tutelado por el primero. Héctor es una eminencia mundial en investigación de modelos matemáticos capaces de predecir el crecimiento de tumores, entre otras muchas cosas. Cabe recordar que hace unos años obtuvo una beca europea, una Starting Grant, que no está al alcance de casi nadie, y se lo rifaron todas las universidades. Miriam, por su parte, doctora en Ingeniería Civil, trabaja en proyectos de nuevos materiales y conoce todos los secretos del hormigón. Gallegos, inteligentes, exalumnos de la Universidade da Coruña... Unas eminencias que desde el pasado fin de semana también son marido y mujer. Celebraron el enlace en la Finca Montesqueiro. «Son impresionantes como profesionales y también como personas», me dice Guillermo, otro investigador que acudió a la boda. Héctor y Miriam, que estudiaron en la Escuela de Caminos, empiezan un camino juntos. Regresan de Estados Unidos a mediados del mes que viene. No quiero adelantarme a los acontecimientos pero, si la pareja decide tener un hijo, el bebé nacerá en primero de bachillerato.

RESTAURANTES CON NOMBRE

Por motivos negativos y también por alguno positivo estos días son protagonistas varios nombres de restaurantes muy conocidos. Empiezo con lo bueno. Rafa Varela, de A Mundiña de A Coruña, me cuenta que a partir del día 12 de este mes que acaba de empezar abrirá su nuevo restaurante tras meses y meses de reforma. Se trata de un local imponente que por un lado da a la calle Real y por otro a la Marina. La cocinera y esposa de Rafa, Silvia Facal, dispondrá de una cocina de última generación para dejar en su punto exacto pescados, mariscos y otras especialidades. Me cuentan que el local de la calle de la Estrella piensan mantenerlo abierto pero más orientado al picoteo. Tipo bodega. Y la parte negativa relacionada con restaurantes con nombre me lleva a San Xulián de Sales, en Vedra, y a Fisterra, la tierra de la novia de la que les hablaba al principio. Recuerdo haber disfrutado muchísimo en el restaurante de Roberto Crespo, que fue un adelantado a su tiempo. Un pionero de la nueva cocina gallega. Y también nos dejó Pepucho, hijo mayor de José Castiñeira y Carmen Duarte, los fundadores del conocido restaurante Tira do Cordel, los maestros de la lubina a la brasa. Se nos fueron ambos, en especial Pepucho, demasiado jóvenes. Ojalá que gracias al trabajo de investigadores como Héctor y Miriam podamos vivir todos más años y en mejores condiciones.

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