Javier Rey: «Soy de llorar, es una manera maravillosa de sacar la energía»

PREFIERE QUE LE LLAMEN JAVI Y NO JAVIER, pero para sus colegas cariñosamente es «rey». Y está en lo más alto. Acaba de conseguir la Biznaga de Oro al mejor actor en el Festival de Málaga por su papel en «Sin Fin», y aunque él no tiene la sensación de estar en racha, todo lo que toca lo convierte en oro. Todos los hombres caben en Javi Rey

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Es el actor de moda y, aunque él no tiene la sensación de estar en racha, lo cierto es que destaca en cualquiera de sus interpretaciones. Acaba de recibir la Biznaga de Oro en Málaga como mejor actor por su papel en la película Sin Fin, pero el gallego Javier Rey (Noia, 25 de febrero de 1980), o mejor Javi, como prefiere ser conocido, es tan versátil que en estos años lo hemos visto brillar como un galán, como un brillantísimo diseñador de la alta sociedad en la piel de Balenciaga, como Pedro de Catoira en El final del Camino o como un narcotraficante. Todos los hombres caben en este Javi enorme, que confiesa que ha llorado con la última versión de sí mismo en Sin fin: «No suele pasarme al verme en un estreno, pero con esta interpretación sí. Me emocioné mucho».

-Enhorabuena por tus éxitos. Está siendo un año redondo, ¿no?

-Es un año bonito, sobre todo porque tengo personajes bonitos, que me hacen esforzarme y trabajar. Y luego, al final, eso es más redondo porque la gente los ve y los aprecia; eso es la cuadratura perfecta para los que nos dedicamos a esto. La película Sin fin ha gustado también a la crítica, y cuando todo un equipo se esfuerza y tiene recompensa, es una satisfacción.

-He visto algo de «Sin fin» y es tremenda, muy emotiva: volver al pasado para recuperar el tiempo perdido de un solo día.

-Sí, es la película más de amor en estado puro, no solo en la que he participado, sino que he visto. Habla de segundas oportunidades y cuando hablamos del amor, hablamos también de un lugar feo, porque hablamos del desamor también, que forma parte del amor. A veces esas historias se cuentan desde un lado muy naíf, y nosotros nos enfangamos un poco; hemos conseguido que al espectador le resuenen muchas cosas de su propia vida. Cada uno va a llevar la peli a un lugar muy personal, y es precioso lo que está ocurriendo con ella.

-La gente lloró en Málaga.

-Sí, sí. No es que esa sea la finalidad, es algo muy personal que te lleva a lugares comunes: tal vez saldrás del cine con ganas de llamar a alguna persona, o a algún familiar. Dependiendo de dónde lo lleves salen cosas bonitas.

-¿Eres de llorar?

-Sí, en general, no solo en el cine. No tengo ningún problema en llorar. Soy de llorar, me parece una manera maravillosa que tiene el cuerpo humano para sacar energía. Es un mecanismo magnífico que a los hombres se nos ha castrado durante un montón de tiempo, porque éramos menos hombres. Creo que los de ahora no tenemos ningún problema en decir que nosotros también lloramos tanto en el curro, en mi caso, como en la vida personal.

-¿Alguna vez has llorado en una película tuya? ¿Contigo mismo?

-Sí, en Sin fin me emocioné mucho. En los estrenos suele pasar pocas veces, al menos en mi caso, cuando consigues desligarte cien por cien de un trabajo en el que has estado. Pero cuando lo que has rodado es maravilloso, pasa, y a mí me ha pasado.

-¿Tienes la sensación de estar en racha?

-No, y te lo digo de verdad. Sí que es cierto que entiendo que la gente lo piense. Llevo un tiempo trabajando en esto y ahora mismo estoy en proyectos que han salido prácticamente todos a la vez, y han salido muy bien. Eso es una bendición, pero muchas veces haces un trabajo y eso luego no se acaba viendo, de repente pasa desapercibido... En mi día a día no ha cambiado nada, sigo trabajando bastante de lunes a sábado, pero entiendo que los demás lo piensen.

-¿Tú darías algo por volver al pasado, por decir: «Dame un día de entonces»?

-Claro. Yo soy de los que viajaría atrás, haría apuestas deportivas y me forraría, robaría un banco, haría maldades [risas].

-Ja, ja. Te iba a preguntar si alguna vez habías bordeado la ley, pero ya veo que tienes ganas.

-Claro, soy muy fan del género de la ciencia ficción en general y fantaseo mucho con esa posibilidad de volver atrás. Una de las grandes reflexiones que hacíamos cuando estábamos preparando esta peli era qué haría uno de manera personal. Y yo lo tengo claro: viajaría atrás para cambiar millones de situaciones, para hacer maldades y cosas muy buenas.

 

-¿Y también por el amor: para volver a ese ‘primer día’?

­-Más que ese primer día, pues para comprobar si eso que recuerdo fue exactamente así. La mente nos juega muy malas pasadas, pero nadie, nadie, nadie o muy poca gente en el planeta Tierra diría: «No, no voy a viajar al pasado». Creo que la gente para sentirse satisfecho con la vida que tiene suele decir: «Yo no cambiaría nada de lo que me pasó», pero es mentira: cambiarías aquella vez que metiste la pata, cuando fuiste malo y luego te arrepentiste... La gente tiene miedo de cambiar grandes cosas, pero todos querríamos cambiar algunas pequeñas.

-¡O grandes!

-Claro, claro. Si fuiste víctima de algo, es lo bueno de Sin fin, que te hace pensar: yo soy lo que soy gracias a lo que he pasado. Las grandes cosas, sin embargo, sí que me daría miedo cambiarlas.

-¿Le pedirías perdón a alguien?

-A bote pronto no tengo cadáveres emocionales en mi vida, pero seguramente que si me paro a pensar bien, algo aparecería.

-Te preguntaba antes si alguna vez has bordeado la ley.

-Sí, sí. Me han puesto bastantes multas, sí. He dejado el coche a quien no debía, no he hecho narcotráfico evidentemente, nada grave, pero pequeñas maldades sí.

-Yo te iba a decir que ya eres JavierSito...

-[Risas] Sí, sí. Había una coña en el rodaje: el cocheSito, el mamáSito, el pantalónSito...

-Bueno, eres nuestro Javier, nuestro Javi...

-Javi, Javi... Por supuesto.

-Todos tus personajes tienen un punto de «sex-appeal»...

-No todos, no todos. Quizás en los últimos años, sí, pero en mi vida pre Velvet no había muchos galanes. Galán, galán como tal ha sido a partir de Mateo, en Velvet.

-Pero este JavierSito ha tenido su punto atractivo también.

-Intentamos trabajar ese personaje contando lo que todo el mundo decía de él, que tenía un gran carisma. Por eso puedo llegar a entender que el personaje resulte atractivo en ciertos momentos, sobre todo al principio, cuando hace las cosas más de canalleo. Él tenía, desde luego, sus habilidades. Pero sí te hace pensar que cualquier ser humano, dependiendo de cómo esté rodeado, puede acabar haciendo determinadas cosas. Eso me parece muy interesante como punto de partida para trabajar: un chico que lo máximo que hacía era pescar con dinamita, mira cómo acabó.

-¿Cuál es tu debilidad?

-Probablemente mi trabajo, tengo que reconocerlo. Me gusta mucho lo que hago, no siento que tengo que ir a trabajar, ni cuando estoy investigando sobre algo que voy a hacer me pesa. No siento «uf, tengo que ponerme a currar». Si me motivo un poco, se me pasan los días.

-¿Noia es ese lugar al que volver siempre?

-Siempre. Soy, fui y seré de Noia toda mi vida. Puedo vivir muchos años en Madrid, trabajar en otros lugares, pero más carácter de Noia que el mío hay pocos. Me refugiaría ahí, por supuesto.

-¿Sigues siendo tan del Dépor como para confiar en que volverá a Primera?

-Ojalá, no nos queda otra [risas]. Hay que resignarse, yo soy del Dépor, como te dije ahora lo de Noia, soy, fui y seré. Yo me acuerdo que cuando era pequeño llevábamos 18 años en Segunda, y en esta última etapa hemos bajado y subido, pero ahora no creo que estemos 18 años como entonces [risas].

-Has confesado tu debilidad, ¿pero hay algún talento oculto que desconozcamos de ti?

-No soy un tipo muy talentoso, más allá de mi trabajo. Es más, no sé qué sería de mi vida si no me hubiera dedicado a esto. Me gusta mucho el deporte, yo quería ser ciclista de mayor y estuve apuntado muchos años en un equipo ciclista de Noia, mi gran ilusión era eso. Creo que para eso tuve el suficiente talento entonces, pero luego el cuerpo entró en edad de desarrollo y ya dijo que no era apto para ese deporte. Pero si lo hubiera sido, ahora mismo estaríamos hablando de mi retirada como ciclista, ja, ja. Supongo que tengo cierto tipo de coordinación deportiva, pero nada más.

-En «Sin fin» se habla también de aceptar la realidad. ¿Tú te resignas?

-Noooo. Yo no me resigno nunca, no hay que resignarse. No tiene sentido, si algo o alguien quiere algo tiene que ir a por ello. Si sale, sale, y si no, pues intentar ser honesto con uno mismo para entender por qué no ha salido. Y si depende de uno que pueda salir, volver a intentarlo otra vez.

-Una curiosidad: ¿el bigote ya es definitivo?

-Ahora lo tengo porque estoy rodando para Velvet, pero en otros rodajes era de mentira. Ya me he acostumbrado, no pasa nada.

-Te hemos visto en presentaciones de moda y se te ve cómodo. ¿Te atrae?

-Sí, a raíz de Velvet descubrí que la moda tiene un componente artístico, la creación desde un folio en blanco... Y luego, que alguien pase por un escaparate y tenga la necesidad de comprar una prenda porque simboliza algo... O gente que tiene ropa como algo artístico... Sí, ahora veo la moda desde otro lugar y de vez en cuando me gusta colaborar; es un medio del que no me siento ajeno.

-Tu humor es muy gallego, eres de los que aprovecha siempre la retranca...

-Sí, yo soy muy gallego, soy muy retranqueiro, no soy de humor explosivo, de ‘te cuento chiste’, no, yo soy otra cosa. Para otros será más rancio, no lo sé, pero como gallego lo prefiero.

-Nos decía el otro día Elsa Punset que la felicidad a veces la confundimos con el placer. ¿Ves esa diferencia?

-La verdad es que no me la había planteado. Es verdad que no creo en la felicidad como un estado continuo, sino en momentos, porque la felicidad solo puede aparecer cuando uno puede comparar desde el lugar en que no ha sido feliz. Me parece que es necesario compararlos. ¿Qué me hace feliz? Pues como gallego y emigrante, estar con mi gente, a la que no puedo ver todos los días. Estar con mi gente de Noia, ver cómo van creciendo de una u otra forma; la familia, cosas pequeñas. No soy de grandes cosas materiales, me provoca felicidad el bienestar de la gente que me rodea. Mis pequeños placeres: cañas con amigos, ir al cine con tranquilidad, tener tiempo para sentarme a ver una serie.

-¿Cuál estás viendo?

-Peaky Blinders, pero todavía no la he visto toda, voy bastante lento, no tengo muchas horas.

-Nos dijiste en una ocasión que te gustaba la sensación de improvisar al máximo.

-Sííí. Me da angustia, prefiero vivir lo que tengo y saber, como mucho, qué es lo que va a ocurrir los próximos seis meses para organizarme y poco más. No me gusta esa sensación.

-Para nosotros eres el actor riquiño por excelencia.

-¡Gracias! Eso no me lo dicen mucho, porque desafortunadamente estoy mucho fuera. Me dicen «rey» [risas]. Pero me gusta «riquiño» porque é da terra.

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