«Yo estoy haciendo todo lo posible para que no me maten»

Es enérgica y jamás se le ha puesto nada por delante. Con cinco hijos y a punto de jubilarse como profesora le llegó su oportunidad: «Fuimos todos a una, mi marido era mi primer fan». Se inspiró en su abuela María para ser Herminia y a este papel le debe «vivir esta última década con alegría». «Ahora no puedo parar»


Es difícil llamarle María porque cada dos por tres sale esa Herminia enorme que ha conseguido convertirla en la abuela de toda España. Hace casi veinte años que la interpreta, y parece que en lugar de sumarle tiempo la ha rejuvenecido: «Herminia me ha dado mucha fuerza, seguridad en esta etapa que se supone la última de la vida, ha sido un reto, tengo buena naturaleza, me levanto a las 5.30 cuando ruedo y he recorrido España con el teatro. A los 65 empieza lo bueno», dice María, madre de cinco hijos, que se jubiló como profesora de Historia para ser actriz. En mayo cumple 83 años.

-Eres la abuela de todos los españoles. ¿Tú lo sientes así?

-Es un calificativo que me han dado y yo me siento muy querida, la verdad. Estoy encantada.

-La gente te llama Herminia, ¿no?

-Sí, incluso hay personas que en un determinado momento no caen en quién soy, pero me reconocen. Entonces me saludan como diciendo: ‘Debe de ser una señora que viene a mi tienda’ [risas]. Eso me hace mucha gracia, pero la mayoría me conocen y se dirigen a mí muy cariñosamente.

-Todos tenemos la sensación de que tu papel representa a cualquiera de nuestras abuelas. ¿Tú te has basado en alguien?

-A mí cuando me ofrecieron el papel hace 17 años dije: ‘Yo haría un papel como mi abuela paterna’. A mi abuela materna yo la conocí, pero era pequeña cuando ella murió. En cambio, mi abuela paterna, María, vivió muchos años, conoció a mis hijos, a sus bisnietos, y fue una institución. Era una mujer seria, prudente, que no contaba nunca cotilleos, muy recta pero no en el sentido más adusto de la palabra, sino que era intachable desde el punto de vista de su comportamiento moral, de su conducta. Al mismo tiempo tenía una extraordinaria comprensión, tenía diez hijos. A mí me parecía que era una abuela perfectamente representable. Y aunque yo no soy igual que ella, creo que el hecho de que las personas me consideren muy parecida a sus abuelas es porque parece que lo he pescao.

-Son los valores de una abuela universal.

-Sí, porque debo de haber conseguido el espíritu abuela.

-¿Y tú como abuela cómo eres?

-No tengo nada que ver. Soy una persona bastante seca de carácter, no soy cariñosa, no soy nada tierna, soy bastante seca, la verdad. Me cuesta mucho trabajo dar besos, tanto a mis hijos como a mis nietos. A lo mejor llego a una casa, saludo, y nada más. Y me lo echan en cara, pero bueno, en eso me parezco a mi abuela María. Le tengo mucho cariño a mis nietos, pero soy bastante distante. No tengo absolutamente nada que ver con el personaje.

-Herminia protege mucho a su hija Merche, pero tira por Antonio.

-Claro, porque esta mujer que ha vivido la guerra civil tiene ese espíritu de que él es el que manda, el que tiene la autoridad en la casa. Sabe que su yerno se equivoca muchas veces, pero se lo perdona todo porque piensa que, si el hombre está contento y feliz, la armonía familiar se consigue [risas].

-Qué difícil tuvo que ser ese tiempo para las mujeres. ¿Tú cómo lo viviste? Y sobre todo ahora que todas estamos reivindicando nuestros derechos.

-Yo he tenido la suerte de tener unos padres liberales, especialmente mi padre. Yo soy hija única y él consideró que yo era una mujer que tenía que ganarme la vida, que tenía que estudiar y que debería ser autosuficiente. A mí me llamaba mucho la atención, cuando yo estaba en la universidad, en los años cincuenta, que yo era la única que tenía llave de mi casa. Mis amigas no. Y yo llegaba a la hora que me daba la gana. Eso era muy especial. Pero yo a lo largo de la vida he hecho siempre lo que me ha dado la gana, en el buen sentido de la palabra. Yo tengo una sensación extraordinaria de libertad, me encontré con un marido tan fantástico en ese sentido que, hija mía, nunca tuve esa autoridad. Ni eso que parece que les da seguridad a los hombres de sentirse por encima. Aunque sus ideas eran muy patriarcales, porque su familia venía regida por lo masculino, yo si quería hacer cualquier cosa, la hacía. Es que a mí jamás se me ha puesto nada por delante.

 -Ni para ser actriz.

-Claro, yo cuando me jubilé le dije: ‘Bueno, Rafael, me voy a Madrid a ser actriz’. Y él me contestó: ‘Ah, muy bien, fantástico, lo vas a pasar divinamente’ [Risas]. Era mi primer fan, eso dicho por sus amigos: ‘Lo que disfruta con tus éxitos, ¡qué barbaridad!’. Ojalá pudiera decirte que tuve que reivindicarme como mujer, pero no, hago lo que me da la gana. Y mis hijas son como yo. Tengo dos hijas y tres varones. A alguno de mis hijos sí que habría que haberle leído la cartilla, pero claro, al final se la leyó su mujer que se divorció [risas]. Yo le dije a mi nuera: ‘¡Cómo te entiendo, hija mía!’ [Risas]. Hay personas que no sirven para la convivencia, es una cosa muy difícil. El entendimiento es una cosa por la que hay que luchar. Está muy bien que las mujeres estéis dispuestas a dar la batalla y hay a otras muchas que habría que reeducar.

 -Tú eres una mujer enérgica, no te para nadie: madre, profesora, actriz. Nada te para, María.

-Eso espero, tengo un amigo que siempre me dice: ‘No te pares, María, no te pares’. Y no me pararé.

 ?-Te sigues levantando supertemprano, a las 5.30... Luego haces teatro también.

-Los biorritmos míos están hechos a eso. Por mis circunstancias personales, mi familia numerosa, me traje a mis padres cuando fueron mayores a vivir con nosotros, pues yo siempre pedía las primeras horas de la mañana para la clase cuando se podía elegir. Y siempre me he levantado a las 6.30 para estar a las 8 en el aula. He estado 40 años así, mi cuerpo está hecho a la idea. Pero me acuesto muy temprano, yo necesito dormir 8 horas, pase lo que pase. A las diez estoy acostada. Para mí también, como buena andaluza, la siesta es sagrada. Aunque sea media horita. Yo en el rodaje, me bajo rápidamente, como, y luego me subo al camerino y me quedo fritaaa. [Risas]. Después estoy como nueva otra vez.

  

-A los 65 empieza la vida, ¿no? A esa edad empezaste como actriz.

-Sí, yo mientras tenga salud, sobre todo cabeza... Ahora ya me fallan las piernas, me cuesta andar rápido, la columna vertebral me duele. Ya tengo las lumbares que me ha caducado el código de barras [risas]. Pero, mientras tenga memoria y pueda tener luces (yo no dejo de leer, de aprender las secuencias...), ahí estoy, al pie del cañón.

-Cuando murió Chanquete fue tremendo. ¡No me quiero imaginar que le pase a Herminia!

-No lo sé. Yo estoy haciendo todo lo posible para que no me maten [risas]. No pido aumentos de sueldo ni nada de nada. Solo que me mantengan. La abuela se ha convertido en una institución, es un pilar en esa familia, cada vez hay más niños, hay que renovar, pero si la abuela sigue ahí al pie del cañón pues bendito sea. Espero que no me maten... Yo en lo que concierne a mí no me pienso suicidar. [Risas]

 -¿Tú cocinas en la serie? Te vemos haciendo croquetas, empanando, parece de verdad.

-Sí. La primera vez hace años me acuerdo que estaba haciendo mayonesa y les dije a los guionistas: ‘En esa época sí que había batidoras, pero en muchas familias la hacían de una manera más tradicional’. Así que les pedí un bol, eché el huevo, un chorrito de aceite y con un tenedor empecé a hacer la mayonesa. Se quedaron los técnicos con la boca abierta. Yo aprendí así, igual que el gazpacho, que lo hacíamos con el mortero... En la serie también empanamos los filetes, los freímos, hemos hecho ensaladilla. Nuestra cocina no es de mentira, tenemos agua en el fregadero... Eso le da mucha realidad. En una escena tenía unas judías verdes, las preparé y estaban tan buenas que cuando acabé le dije al de atrezzo: ‘Pónmelas en una bolsa que me las voy a cenar en mi casa’, y me las llevé.

-¿Cocinas bien?

-Sí, sí, siempre me ha gustado mucho. Mi abuela María también era muy buena cocinera, siempre me ha gustado mucho guisar. Me gusta ese verbo más que cocinar.

-Cuando te pusiste a trabajar de actriz, ¿todos te apoyaron?

-Sí, yo en ese momento, con cinco hijos, imagínate, pero me llamaron para hacer una película y enseguida el director del instituto me ayudó mucho, me movió para que me dieran un permiso sin sueldo, fue todo muy rápido, todo el mundo se volcó, todos me decían: ‘Ya nos apañaremos con los niños’, contratamos a una persona en casa, ¡hasta pedí una maleta prestada! Fuimos todos a una. No he tenido que ir contracorriente.

-A veces la vida viene así.

-Sí, pero era una sensación de ‘esta oportunidad no la puede perder mamá, ‘esta oportunidad no la puede perder mi mujer’, mi cuñada me ayudó también, que fue la que me prestó la maleta, ja, ja.

-A mí me da que todos te quieren un montón.

-De entrada soy difícil, verás, porque soy muy irónica, le doy la vuelta a las cosas y no todo el mundo entra. Yo soy de las que la gente va apreciando conforme pasa el tiempo. No es que sea antipática, al contrario, pero no soy cariñosa, soy distante y en principio creo que no produzco una empatía. A la larga sí que se me quiere, más a la larga que a la corta.

-Como tú has vivido tanto, creo que tienes que intervenir en el guion, en las expresiones que os ponen, en detalles...

-Claro, hay guionistas que ni siquiera habían nacido cuando arrancó la serie en 1968 o eran muy pequeños. Ahora estamos en 1987 y los que tienen 40 años pues en esa época tenían 10 años, hay un equipo muy bueno, pero, claro, que hay que corregir algunas expresiones, cosas. A veces se pasan por lo contrario: creen que éramos antediluvianos, ja, ja. Por ejemplo, algunos creían que no tenía medias de nylon y yo les digo: ‘Oye, que yo ya las llevaba en la universidad’, no distinguen. Como cuando les digo que me fui en avión de viaje de novios en el año 1961 y me preguntan: ‘¿Entonces viajabais en avión?’. Claro, soy la persona más vieja que trabaja en Cuéntame y voy corrigiendo. Imanol también recuerda cosas, ya está rondando los 60, y el otro día los dos nos pusimos a decir la misa en latín [risas]. Todos se nos quedaron mirando, ¡fuimos los únicos! Yo porque estuve 12 años en un colegio de monjas e Imanol porque fue monaguillo en Ermua [risas]. Estoy al loro para que cada situación esté adecuada en los capítulos.

-¿En qué década fuiste más feliz?

-En la universidad, en los cincuenta... Cuando me casé y me fui a Madrid esa etapa no me gustó, como madre y ama de casa desorientada de provincias lo pasé mal, fue dura. Luego lo pasé genial en Ronda, los dos dábamos clase allí, fue la época más bonita y más preciosa en un sitio tan maravilloso, fue a finales de los sesenta. Pero a cada etapa hay que sacarle el mayor partido.

 -Después de tanto tiempo con Ana Duato, Imanol, Ricardo... ¿cómo es esa relación?

-Con Ana soy su segunda madre, ella me dice: ‘Madre, vamos para abajo que ya nos han llamado’. Jamás me llama María, fíjate. Ricardo es mi nieto. El otro día cumplió 24 años, ¡y con nosotros cumplió los 8!; lo llamé para felicitarlo. Nos queremos muchísimo, si él estrena allí estoy yo, fui a verlo a Mérida... Somos una familia y de vez en cuando nos vamos a cenar juntos la familia. El otro día Ana fue a la pescadería a comprar y me trajo salmón, ya les dijo: ‘Este para mi madre’. Es muy buena, muy buena, muy buena.

-¿En qué te ha transformado «Cuéntame»?

-Me ha dado mucha seguridad como actriz. Porque yo no pensaba que sería capaz de afrontar ese reto, estar años haciendo una serie y no adocenarme. Intentar en cada capítulo una renovación, tener aguante, fuerza... Eso que a los viejos nos resulta tan difícil: el enfrentamiento de la última década, de los ochenta a los noventa, que es en la que yo estoy. Ahora tengo unas ganas de trabajar y una alegría que cuando me muera me moriré, pero no lo pienso. Si no fuera por este trabajo yo estaría pensando: ‘¿Adónde voy?, ¿cómo me las apaño?, tendría miedo... Yo ahora me hago todos los años un buen viaje al extranjero, he estado en San Petersburgo, en Italia, en Francia. ¡Quién me iba a decir a mí, con los cinco hijos, el instituto, intentando llegar a fin de mes, que yo iba a cruzar el Atlántico tantas veces!

-«Cuéntame» también te ha dado una juventud maravillosa. ¡Estás en formol!

-Ja, ja. Los años que, además de hacer Cuéntame, estuve con Juan Echanove en el teatro recorriendo España, estuvimos ahí en Galicia, yo pensaba que no iba a ser capaz de hacer 300 representaciones por pueblos, ciudades... Pues lo hice, lo hice. Tengo buena naturaleza, mis amigas me preguntan: ‘¿A ti no te duele nada, hija mía?’ Y yo les digo: ‘Sí, sí, sí, a mí todos los días me duele algo, pero ya estoy acostumbrada [risas]’. Es acostumbrarse.

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