Una siesta de una hora ronda los 9 euros

Cuántas veces has soñado con una cama en un rato muerto en el trabajo o en la sala de espera de un aeropuerto. Los sueños se cumplen. La cama ya está aquí, ahora solo falta que tu jefe te la ponga en la oficina. ¿Te imaginas?

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Las mejores ideas vienen sin pensarlas. Y si no lo creen, síganme. Un buen día del 2016 Adriano, su mujer y sus tres hijos viajaban de Barcelona a Bielorrusia, de donde es natural su pareja. Imagínense la escena, los críos, el carrito, las bolsas de mano... las condiciones idóneas para que se dejaran en la puerta de embarque la mochila con los pasaportes de todos. Para subir al avión no hubo problema, conocían a la persona de la compañía aérea que se encargaba del embarque, pero al pisar tierra, la historia no fue tan sencilla. Su mujer y sus hijos, como tienen doble nacionalidad, pudieron entrar sin problema al país. Adriano, en cambio, quedó en tierra de nadie. «Estuve dos días en una zona de deportados, hasta que un amigo, vía Kiev, me trajo los pasaportes, y por cortesía me metieron en una especie de caja de zapatos de madera. De ahí me vino la idea de hacer unas cabinas cómodas, inteligentes, automáticas, y que tuvieran un sistema que pudieras pagar por minutos pensando en aeropuertos», explica este barcelonés que ha dejado su profesión para volcarse en este nuevo proyecto.

Descubrió que había una gran demanda de este sistema de descanso en empresas y oficinas, pero que todavía nadie había presentado una solución. Y pensó: ¿por qué no? Esto fue en junio del 2016, y se pasó el año siguiente buscando quien se las fabricara. Recorrió más de 20 empresas hasta que dio con una. Hubo entendimiento, tanto que en breve se convertirán en socios. Finalmente habrá tres, Adriano con el 80 % y otros dos con el 10 %, que se encargarán de la parte industrial y tecnológica. En septiembre la cabina estaba definida, y en octubre empezaba a ser realidad, aunque no estuvo lista hasta cuatro días antes del Mobile World Congress, donde se presentó.

La acogida fue una auténtica avalancha. Todo el mundo quería entrar. Y en YES no vamos a ser menos. Está pensada para permanecer en su interior entre 20 minutos y 4 horas, pero no hay máximo. Al hacer el check out pagas por lo que has estado y listo. En principio 15 céntimos por minuto, aunque cuanto más tiempo estés más económico será.

Vemos que no tiene servicio por una cuestión de olores, pero que no cunda el pánico, porque está pensada para aeropuertos u oficinas. Vamos con el checking. Parece fácil. Solo nos pide un email y un teléfono, que será el código que nos servirá para volver a entrar. Con acercar el DNI o el pasaporte al escáner es suficiente, los datos se rellenan solos. Inmediatamente la luz exterior se pone roja (ocupado) y la puerta se abre. Y entonces... la sábana se cambia sola, las persianas se bajan y la tele te da la bienvenida.

En un mes instalarán las primeras cabinas en Spaces, un cooworking de Barcelona en el que trabajan más de 450 personas y está en negociaciones con Google para llevarlas a su campus; con Ferrovial para colocarlas en sus cinco aeropuertos, entre ellos Heathrow o Stansted en Londres; con Vueling para implantarlas en El Prat.. Pinta muy bien. ¿Tendrá algo que ver que en España no perdonamos la siesta? «Sí que somos de siesta, pero yo esto no lo planteo para que sea un sitio donde echar la siesta. Esto va a ser un beneficio para las empresas. Si un trabajador a la una de la tarde te dice que se va a casa porque le duele la cabeza, al 99 % no vuelve a trabajar. El coste diario de ese empleado puede ser 50-60 euros, y ya está perdiendo 40. Pero si se estira 30 minutos y se toma un ibuprofeno probablemente esté apto para trabajar», explica Adriano. Reducir la ausencia laboral -comenta-, es una de las ventajas, pero otra podría ser llevar una vida saludable, y compaginar mejor el trabajo con el estilo de vida. «Por ejemplo, tienes media hora libre que te ha sobrado de la comida, pues puedes pedir un masaje a través de una app, porque igual no tienes libre al salir». Oye, pues...

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