Las mejores frases tienen abuela

LA REAL ACADEMIA de la vida les debe un sillón. Va por los abuelos que le dan a la lengua a su manera para entendernos mejor. Por los que comen «mondarinas», usan «pantalón piquillo», tienen mesas de «fornica» o van al gym a hacer «Nairobi» y mantenerse en forma en todo el mundo mundial. La abuelengua sabe que alimenta, no es «pataca minuta».

.

En lo de darle a la lengua con gracia, la edad es un grado. Cumplimos años y somos más como somos, más yo lo digo y a mi «pis», más libres para derrapar con gusto al hablar. Aparquemos los coches y las cochas, los conos y las conas políticas, para celebrar el patrimonio universal de la lengua abueril. Tan buena que le crecen los nietos. Los que crecimos comiendo «mondarinas», bistés, «espadetes» y, de merienda, «pitufís»; los que nos mondamos con el «Francamente querida, me importa un bledo» de «Cargable» en Lo que el viento se llevó («el bolsillo me dolió y el culo se cansó», decían en los cines de aquí) sabemos que el tuit que ha generado el «gran diccionario de la abuela» no es «pataca minuta». El genio de la lámpara salió a lo grande por un post de la periodista Noemí López Trujillo: «Mi abuela llama Nairobi al aeróbic y el mundo me parece algo mejor». ¡Anda, y a mí! Puestos a hacer ejercicio, que cuente de aquí a Kenia, que bien merece una mayúscula mundial ir al gym a correr contra la edad. Ese Nairobi aliado en la lucha por el tono muscular fue el palo que rompió la piñata infinita de las joyas del lenguaje de los sénior.

Como nieta que soy de Horentina y Esther (que fueron Dorinda y Estérea por dictamen popular) me niego a comulgar con esos pluscuamperfectos que pronuncian «Maraia Carí». Prefiero la música familiar de mi compañera Mónica, a la que su abuela, dice, llamó Armónica «ata que morreu».

«Hai que ir morrendo» era una de las máximas vitales de mi abuela materna. Y esto me lleva directa a las «aguas terminales» que toman los abuelos que se salen de lo termal. Ríete tú de ese spa, promete descanso eterno.

Tras la abuela del Nairobi, en Twitter ganó afición el equipo que sostiene la pirámide poblacional. «Yo cuando me duele el cuello, digo como mi abuela: ‘Tengo mal las verticales’», «Mi abuela llamaba ‘cotidianos’ a los ecuatorianos», «La madre de una amiga en vez de pulsar el INTRO pulsa el ‘Sintrom’». ¿Y va o no va? De la mano de nietos orgullosos, cobraron protagonismo en estos Óscar de la red social un abuelo que compra en el «Díaz», y otro que prefiere, en cambio, ir al «Kung fu» (si no admites marciales como sinónimo de artes, llámale Carrefour). «Chámalle burro ao cabalo» era muy cosa de mi abuela, que siempre me vio flaca «como o bacallau polo rabo». Pero el fraseo con sorna es otra cuestión.

Para sexappeal (¿sexapil?) el Leroy Merlin al que un abuelo decidió rebautizar como Marilyn Monroe. A mí, lo voy notando, me entran como más ganas de meterme en un jardín.

No hay color en el look de Junqueras desde que una abuela le llama Llongueras y es más de cómic Puigdemont desde que otra le llama Filemón. Que venga la T.I.A. a echarnos un cable. «Huseín de Ubrique» y «Sadam Jesusín» son ya de la familia en este diccionario que incluye mesas de «fornica» (del mismo material que la de El cartero siempre llama dos veces), Fernandol (le quitamos el freno al Frenadol) y pantalones piquillo (¿pican ou non?). En un diccionario de marca no falta la diseñadora «Gata Ruiz de la Pradera». ¡Chiquito, va por ti, pecador! Lo digo por si «ascaso» nos oyes... como diría mi abuela. «No es por si ‘ascaso’, abuela», le dije. «Por si las moscas», corrigió volando, qué creativa. Y el mundo se hizo más aeróbico, mira tú que ganó tono muscular.

Votación
43 votos
Comentarios

Las mejores frases tienen abuela